domingo, 5 de julio de 2015

No les importa reducir la Obesidad Infantil - Verónica Schoj

VERÓNICA SCHOJ
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“No les importa reducir la obesidad infantil”


La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo 21. El problema es mundial y está afectando progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. La prevalencia ha aumentado a un ritmo alarmante. Se calcula que en 2010 ya había 42 millones de niños con sobrepeso en todo el mundo, de los que cerca de 35 millones viven en países en desarrollo. Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. El sobrepeso, la obesidad y las enfermedades conexas son en gran medida prevenibles. Por consiguiente hay que dar una gran prioridad a la prevención de la obesidad infantil. La directora de la Fundación Interamericana del Corazón, Verónica Schoj, dialogó con Urgente24 Radio (Concepto FM) sobre el alto consumo de azúcar agregada y de bebidas azucaradas en Argentina. Además ella advirtió que esto genera un aumento de la obesidad.
Los padres no suelen darse cuenta de que sus hijos están subiendo de peso, estudios han mostrado, que suelen sobreestimar la actividad física de sus hijos. Y cuando los padres creen que sus hijos son activos es más fácil que consideren que el peso de sus hijos es normal. Algunos padres podrían evitar reconocer el sobrepeso de sus hijos por miedo a desencadenar un trastorno alimenticio. En un estudio publicado en el diario Child Obesity, padres estadounidenses fueron cuestionados respecto al peso que consideraban que sus hijos de entre 2 y 5 años tenían (sobrepeso, peso bajo o peso correcto). Los investigadores descubrieron que cerca del 95% de los padres percibían a sus hijos con sobre pesocomo dentro del parámetro correcto y en el caso de los niños con obesidad, cuya condición resultaría más obvia. Varias investigaciones han mostrados que padres y doctores no deberían de evitar que un niño o joven con sobrepeso siga un plan nutricional más estricto por miedo a que desarrolle un trastorno alimenticio. La realidad es que es imposible tratar un problema si no se reconoce su existencia, y pretender que los menores son más delgados de lo que son en realidad puede tener consecuencias en la salud.


CIUDAD DE BUENOSAIRES (JuntosBien). Ya es posible detectar si una persona contiene un gen que le provocaría una enfermedad si se expusiera a ciertas condiciones que la detonen. Por ese motivo, la médica Blanca Estela del Río Navarro, del Hospital Infantil de México Federico Gómez, colaboró en una investigación en la que identificó una serie de genes en niños y adultos mexicanos que al estar en un “ambiente inadecuado” detona en obesidad.
“Ya identificamos los genes pero se necesitan condiciones específicas para que se expresen. Por eso al identificar a personas con estas alteraciones puede prevenirse un ambiente obesogénico (sedentarismo y consumo de alimentos con altos contenidos de azúcares, grasas y sal) a fin de evitar que entre en acción y detone la enfermedad. A futuro el propósito es identificar estos SNP´s o poliformismos, realizar medicina preventiva y buscar medidas a fin de evitar que se expresen”, explicó Del Río Navarro.
Las conclusiones de la investigadora fueron que los niños que presentan obesidad, un mayor índice de masa corporal y circunferencia de cintura se asocian con la presencia de estos polimorfismos y enfatizó en que a futuro esta información puede servir como blanco terapéutico.
Pero, además de la novedad genética, hay cuestiones socioculturales y educativas elementales, y el Estado tiene responsabilidades concretas al respecto. En el caso de la Argentina, la ausencia de una estrategia y acciones consecuentes no sólo resulta oneroso en términos de gasto en salud pública sino provoca frustración en individuos y hogares damnificados.
“La gran contradicción es que, a pesar de ser un país que produce alimentos, están consumiendo en un 70% alimentos ultraprocesados, nutricionalmente pobres y que generan obesidad, una epidemia que está creciendo de manera preocupante en niños y adultos. Argentina lidera el ranking de consumo de azúcar agregada”, explicó la directora de la Fundación Interamericana del Corazón, Verónica Schoj, a Urgente24 Radio, sobre el alto consumo en la Argentina de azúcar agregada. 
Luego ella advirtió: “Hay que aumentar la actividad física en los colegios también, restringir el marketing de los alimentos no saludables, implementar medidas fiscales y mejorar los rótulos. Lo menos saludable debe ser más caro para reducir el consumo. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) aprobó un plan para reducir la obesidad infantil. Argentina no implementó ni una política de ese plan”.
Algunos datos a tener en cuenta:
El crecimiento mundial de la obesidad infantil es producto de múltiples factores, entre los que se destacan:
 El aumento del consumo de alimentos industrializados de bajo costo, ricos en grasa, azúcares y sal, pero pobres en fibra y otros nutrientes.
 Los elevados precios de las frutas, los vegetales frescos y otros alimentos de alta calidad nutricional, que los vuelven inaccesibles para los grupos de menores ingresos.
• Las estrategias de las corporaciones para aumentar la disponibilidad y acceso a los alimentos procesados y sus acciones de marketing para promover el consumo de alimentos no saludables y bebidas azucaradas entre los niños y las niñas.
 La disminución de la actividad física debida a los estilos de vida cada vez más sedentarios y a las características de la vida urbana, entre otras causas.
El diálogo:
Edgar Mainhard: -Verónica Schoj, hablemos de salud, ¿qué nos pasa con los alimentos, que no sabemos comer en un pueblo que presume de tener alimentos en excedente pero se olvidó de lo saludable? ¿Qué es lo que en la Fundación Interamericana del Corazón están viendo y aconsejando?
Verónica Schoj: -La gran contradicción es que a pesar de ser un país que produce alimentos, están consumiendo en un 70% alimentos ultraprocesados, nutricionalmente pobres y que generan obesidad, una epidemia que está creciendo de manera preocupante en niños y adultos. Argentina lidera el ranking de consumo de azúcar agregada.
EM: -Si hay algo que no necesita el cuerpo es azúcar, lo fabrica...
VS: -Los argentinos consumimos alrededor de 35 cucharitas de azúcar agregada, cuando lo recomendable es 10. Y estamos a la cabeza también del consumo de bebidas azucaradas, un alimento innecesario porque hay que hidratarse a base de agua. Los chicos consumen 2 y más veces por día bebidas azucaradas en los colegios y eso promueve la obesidad. Y hay un marketing que nos bombardea.
EM: -El marketing existe en todas partes del mundo. ¿Por qué nosotros somos más fáciles de ser perforados por el marketing?
VS: -No se trata de ser vulnerable al marketing, es un fenómeno mundial. El 40% de azúcar agregada es de bebidas azucaradas. Además del marketing, es el precio el que promueve el consumo porque se abarataron. México era el país que más gaseosas tomaba, ahora Argentina lo pasó. Esto muestra la ausencia de políticas para reducir la obesidad.
EM: -Las gaseosas intoxican a los chicos desde temprano...
VS: -La encuesta mundial de Salud Escolar Argentina, muestra que más de la mitad de los chicos prefieren bebidas con azúcar.
EM: -¿Por qué castigamos a los cigarrillos con mayor impuesto y no castigamos a las bebidas cola aplicando un impuesto adicional que también es perjudicial para la salud?
VS: -México fue el primer país de Latinoamérica que aumentó el impuesto a las bebidas, con el propósito de bajar el consumo, la obesidad y la diabetes. El impuesto redujo el consumo. Chile y Perú tienen leyes integrales, donde existen rotulados más adecuados también porque la gente no los entiende. Ecuador avanzó con un rótulo de envases de productos de semáforo. Luz verde si es bueno nutricionalmente, amarillo si está más o menos y rojo si es alto en sodio, azúcar o grasa. Eso es más claro para informar. Hay que aumentar la actividad física en los colegios también, restringir el marketing de los alimentos no saludables, implementar medidas fiscales y mejorar los rótulos. Lo menos saludable debe ser más caro para reducir el consumo. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) aprobó un plan para reducir la obesidad infantil. Argentina no implementó ni una política de ese plan.
No olvidar
Laura Lozano Cochard escribió, para el Instituto Nacional de Salud Pública / Centro de Investigación en Evaluación y Encuestas mexicano:"El sobrepeso ocurre como consecuencia de un desbalance energético del organismo: consumimos más energía a través de lo que comemos y bebemos, que la energía que utilizamos en las actividades cotidianas. EL tema es ciertamente mucho más complejo, ya que entran en juego aspectos genéticos relacionados con la eficiencia en el uso de la energía, eventos de la alimentación durante el crecimiento y desarrollo, aspectos culturales que hacen algunos alimentos más deseables que otros. Es decir, el balance de energía es multifactorial y complejo. Sin embargo, algo que se ha documentado es el incremento en la energía obtenida a través de la alimentación que no se ha visto acompañada de un incremento en la actividad física. Esto es, si bien por causas diversas, lo que es un hecho es que la epidemia de sobre-peso y obesidad que se observa a nivel global."
Algunos datos de la Fundación Interamericana del Corazón capítulo Argentina indican que, a partir de un estudio sistemático realizado en 2014, la prevalencia estimada de sobrepeso y obesidad en niños de América Latina es:
> en edad pre-escolar (menores de 5 años) es de 7,1%;
> en escolares (5 a 11 años) es del 18,9% al 36,9%: y
> en adolescentes (12 a 19 años) es del 16,6% al 35,8%.
Del 20% al 25% del total de la población de niños y adolescentes de América Latina tiene sobrepeso y obesidad. Es decir, 1 de cada 4 niños y adolescentes de América Latina.
Hasta hace algunos años el sobrepeso y la obesidad eran percibidos como un problema de los países desarrollados. En la actualidad este escenario ha cambiado radicalmente y la epidemia se ha extendido a una velocidad alarmante a los países de bajos y medianos ingresos, particularmente en las grandes ciudades.
Hoy existen en el mundo alrededor de 42 millones de niños y niñas con sobrepeso, de los cuales más del 80% viven en países en desarrollo.
Entre las estrategias para hacer frente a estos retos de salud desde una perspectiva amplia, la discusión sobre incentivos para modificación de comportamientos ha generado políticas fiscales que a través de gravar el consumo de productos no saludables, busca contribuir a la salud de la población. Esta medida se ha adoptado en diversos países como Francia, USA (en 35 Estados), Australia, Francia, Hungría, Finlandia, Samoa y Dinamarca, entre otros, mismos que han adoptado medidas similares entre las que se destacan impuestos especiales además de IVA (5.5% en Francia), así como impuestos fijos para la producción y la importación de estos productos.
La Alianza por la Salud Alimentaria, una agrupación de asociaciones civiles, organizaciones sociales y profesionistas preocupados por la epidemia de sobrepeso y obesidad en México manifiesta que “no existe ningún otro producto en el mercado que por su alto consumo y alta concentración calórica esté asociado con la obesidad y la diabetes, como el refresco.” México es el N°1 a nivel mundial en consumo de refrescos.
Además del consumo excesivo de azúcar, que está directamente asociado con la diabetes tanto en adultos como en niños, no se trata tan sólo del número de calorías que se ingieren, sino de los nutrientes que nos aportan dichas calorías. Por otra parte, el ácido contenido en cierto tipo de bebidas azucaradas promueve la erosión del esmalte de los dientes, en tanto que el ácido fosfórico de los refrescos de cola perjudica a los huesos.
Según datos de 2010 de la Base de Datos Global sobre Crecimiento Infantil y Malnutrición de la OMS, Argentina presenta el mayor porcentaje de obesidad infantil en niños y niñas menores de 5 años en la región de América Latina con un 7,3% de prevalencia.
Además, según la Encuesta Mundial de Salud Escolar realizada en Argentina en 2012 a adolescentes de 13 a 15 años, en los últimos 5 años, aumentó el sobrepeso del 24,5% al 28,6% y la obesidad pasó del 4,4% al 5,9%.
Otros datos de relevancia indican que:
> Sólo el 17,6% de los encuestados consume 5 porciones diarias de frutas y verduras.

> La mitad de los estudiantes consume 2 o más bebidas azucaradas por día.

> Sólo en 1 de cada 4 escuelas se ofrecen frutas y verduras en los kioscos y 8 de cada 10 escuelas ofrecen bebidas azucaradas.
En este contexto, para luchar contra la epidemia de obesidad infantil y sus enfermedades asociadas, la responsabilidad individual no es suficiente. El papel de los gobiernos es fundamental, y por ello deberían:
> Asumir un compromiso político sostenido en el diseño y adopción de políticas para reducir la obesidad infantil.
> Implementar políticas para garantizar a toda la población el acceso a alimentos saludables y disminuir el consumo de alimentos no saludables
> Implementar políticas para que todos los sectores sociales puedan tener acceso a la actividad física periódica
> Involucrar a múltiples actores (organismos internacionales y nacionales, la sociedad civil y las empresas privadas) pero en un marco que evite caer en conflictos de interés que atenten contra el desarrollo de las políticas públicas eficaces.
En un contexto de salud pública,  es necesario eliminar el ambiente “obesigénico”, obesidad-infantil-comida-chatarra-junk-food-mexico promoviendo la actividad física y el ejercicio, educar a la población sobre nutrición y salud, además de brindar agua potable a todas las comunidades, además de mantener disponibles bebederos de agua potable en las escuelas, también como medidas que mitiguen el consumo de agua embotellada.
Dentro de las acciones regulatorias necesarias también se encuentra la eliminación de la publicidad de alimentos azucarados destinados a la población infantil, que suele ser de productos con baja o nula calidad nutricional por tener alto contenido de grasa, sal y azúcar; ya que como ya se ha demostrado, la publicidad de alimentos y bebidas es uno de los factores que promueven cambios en los patrones de alimentación que fomentan la obesidad al promover productos de bajo o nulo valor nutricional.

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