martes, 20 de septiembre de 2016

Australia: La Generación Robada.

Australia: Política racial separa a miles de familias.


Publicado el 30 dic. 2014
En Australia alarman las cifras de menores aborígenes separados de sus padres, que según el primer juez indígena del país, recuerdan los momentos más oscuros de su historia. Hasta se habla de una segunda Generación Robada

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La generación robada


A principios de los años ´90 se conoció el drama de la denominada Generación Robada de Australia. La integran mestizos de aborigen y blanco arrancados de sus madres aborígenes hasta fines de los años ´60, en cumplimiento de leyes de la Commonwealth. El gobierno conservador instaurado en 1996 desconoce los derechos a una reparación de los aborígenes organizados, que habían logrado grandes avances a partir de 1972.

El 26-5-1998, un centenar de aborígenes se reunió frente al Parlamento de Darwin, capital administrativa del Territorio del Norte. Era el Día del Perdón, que Australia celebra en memoria de la "Generación Robada". Durante más de un siglo, y hasta fines de los años ´60, por orden del gobierno, niños mestizos de aborigen y blanco fueron arrancados a sus madres y ubicados en orfanatos y misiones o entregados en guardia a familias, donde se supondría que harían de ellos "buenos niños australianos". Para entonces, la consigna era Keep Australia white ("Australia para los blancos") y después del genocidio llevado a cabo por los primeros colonos y de la semi-esclavitud practicada en las reservas, sólo quedaba la asimilación compulsiva, desde la cuna, para acabar con estos "menos que humanos".
La Conferencia del Commonwealth sobre la situación de los indígenas en 1937 había sido explícita: "El futuro de los mestizos aborígenes radica exclusivamente en su definitiva absorción…". Posición reiterada en 1951: "El objetivo es la asimilación. Hasta que todos los aborígenes vivan como cualquier australiano blanco". Policías y "protectores" quedaron autorizados a efectuar incursiones en las comunidades y a llevarse a todos los niños de piel clara.
Los chiefs protectors (jefes protectores) nombrados por cada Estado se convierten en los tutores oficiales de los niños mestizos hasta que cumplen dieciocho años. Algunos de sus informes son elocuentes: "Yo no vacilo un segundo en separar a un niño mestizo de su madre. Pasadas las primeras angustias, ellas se olvidan muy rápidamente de su prole" (Inspector James Idell. 1905)1. "Protegemos a los niños de la perniciosa influencia de los campamentos aborígenes, donde reina la inmoralidad y donde se propagan las enfermedades contagiosas" (Chief Protector Cook, 1911)2
Frente al Parlamento, en Darwin, se organiza una procesión. Todos acuden solemnemente para firmar el registro donde figuran los nombres de todos los niños secuestrados. Guardan un minuto de silencio en honor a los muertos de la Generación Robada. Luego, la espera. Todas las miradas están clavadas en la imponente entrada del Parlamento. Pero ningún blanco la atraviesa: diputados o ministros, todos han abandonado el lugar… A la tristeza sucede la furia. "Me duelen las tripas", estalla Marjorie, una bella mujer de mirada candente, mestiza de afgano y aborigen, arrancada a su familia y a su comunidad de Philip Creek, en pleno monte, con otros quince niños de entre uno y cinco años… Era en el año 1952, y ella tenía tres años.

Dos civilizaciones antagónicas

Hubo que esperar a principios de los años ´90 para que se revelara el drama de la Generación Robada. El gobierno laborista de Paul Keating lanzó entonces una gran investigación cuyo titulo no dejaba lugar a equívocos: Bringing them home ("Traerlos de vuelta a casa"). Se inició en 1994 con la Going Home Conference, que reunió en Darwin a 600 aborígenes arrancados a sus familias. En abril de 1997 se hizo público el Informe Nacional: reconoce que de 1885 a 1967, del 30 al 50% de los niños aborígenes -entre 70.000 y 100.000 niños- fueron arrancados a sus madres y ubicados en diferentes instituciones.
Los testimonios son abrumadores y conmueven al país. El requerimiento principal de los aborígenes es el pedido oficial de un perdón que rehabilite la historia de su pueblo, que reconozca su identidad y que restaure su dignidad. Pero en 1996 Paul Keating, demasiado avanzado respecto de su país, cede su lugar a John Howard y a un gabinete muy conservador, que se apoya en los sectores rurales, en los tradicionalistas de todo pelaje, en una clase media rutinaria. Desde entonces ya ni se habla de perdón, ni de designar un tribunal especial encargado de las reparaciones. En cuanto a las sumas ya otorgadas, dos tercios de ellas vuelven a los bolsillos de burócratas y abogados blancos que llevan a cabo juicios interminables e infructuosos. La Corte Federal desestimó, el 11 de agosto pasado, la demanda de dos víctimas de la Generación Robada. El juez no consideró apropiado tomar en cuenta los sesenta testimonios y los tres mil documentos, ni siquiera el inmenso trauma padecido por ambos demandantes: "su secuestro no infringía las leyes imperantes en esa época", alegó.
Pese a las reiteradas críticas de la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU referidas a su política aborigen, John Howard se atrevió a declarar en abril de 2000, a través de su Ministro de Asuntos Aborígenes -: "Los niños aborígenes separados de sus padres por la fuerza, algunos con sólido fundamento, no son más del 10%. No representan entonces a una generación, sino a algunas decenas de familias, que deben ser tratadas caso por caso". Esta vez la negación fue demasiado grosera y el 27 de mayo, el día siguiente al Sorry Day, se organizó una gran marcha en el puente de Sydney. En dos horas, una muchedumbre de 200.000 personas, negros y blancos que caminaban tomados de la mano, invadió el mítico Harbour Bridge. Nadie imaginaba una movilización semejante y el estupor fue generalizado, pero a pesar de las exigencias de líderes y atletas aborígenes, que amenazaron con utilizar los Juegos Olímpicos para hacer valer sus derechos frente al mundo entero, el gobierno permaneció inmutable.
La historia reciente de la colonización pesa todavía con fuerza en las relaciones entre comunidades. Jalonada primero de matanzas y luego de reagrupamientos en reservas con fines oficiales de integración, pero de hecho con objetivos oficiosos de genocidio a fuego lento, las heridas están en carne viva. Sin embargo, con la llegada en 1972 del laborista Gough Whitlam, había surgido una esperanza. En respuesta al requerimiento de los aborígenes, inauguró su mandato con la entrega simbólica de un puñado de tierra roja a uno de los líderes aborígenes. En un discurso lapidario ("todos los australianos nos vemos rebajados cuando negamos a los aborígenes su justo lugar en esta nación") oficializó la restitución de las tierras y devolvió a los autóctonos del Territorio del Norte hasta dos tercios de sus tierras. Se organizaron localmente los Land Councils, consejos aborígenes de bienes raíces, que se ocupan de las reivindicaciones territoriales de las comunidades, defienden sus derechos y negocian con las compañías mineras los derechos de explotación y las regalías.
En la década de los "80, los sucesivos gobiernos reconocerían a los aborígenes su derecho "a conservar su identidad racial y su modo de vida tradicional, o a adoptar un modo de vida total o parcialmente europeo". Pero el auténtico replanteo de los fundamentos de la nación australiana habría de emanar de la Suprema Corte de Justicia, que en junio de 1992 dictó un fallo rotundo, el "Acta Mabo", que restituye a Eddie Mabo, un isleño del Estrecho de Torres, el territorio de sus ancestros. Fue la primera vez que se reconoció el Native title, el derecho de propiedad tribal. Para ganar su juicio, Mabo debió probar que las tierras que reclamaba siempre habían sido habitadas por sus ancestros.
Este fallo, ratificado por una ley federal, anuló dos siglos de jurisprudencia británica y de creencias firmemente enraizadas en el inconsciente australiano. En efecto, hasta 1992, la doctrina oficial de Australia fue la de "Terra Nullius", tierra de nadie.
Pero a pesar de los avances de los últimos veinte años, las cifras son abrumadoras. La esperanza de vida de un aborigen es veinte años inferior a la de un blanco, la mortandad infantil cuatro veces superior, la tasa de desempleo tres veces más elevada, el ingreso promedio 50% inferior, el índice de encarcelamiento y de suicidio cinco veces mayor… Para no hablar del lento suicidio de todo un pueblo a través del alcohol y de su juventud mediante el petrol sniffing (inhalación de vapores de nafta).
"Se trata de dos culturas, dos civilizaciones, demasiado diferentes, con valores prácticamente antagónicos, que apenas tuvieron dos siglos para descubrirse mutuamente. Algunas tribus aborígenes se encontraron ante su primer hombre blanco hace apenas cincuenta años. En un instante, pasaron de la prehistoria y del estado de cazador-recolector, al siglo XX, con sus Toyotas y sus supermercados. Resulta tan violento como un estallido nuclear", explica Koula Roussos, una greco-australiana abogada de los aborígenes. "Yo misma, como abogada, tengo muchas dificultades para hacerles entender en qué consiste nuestra ley, porque aunque la mayoría ya no vive acorde a la ley tribal del "Tiempo de los sueños"3, todavía están impregnados por sus valores y por una noción diferente de la justicia".
"¿En qué se basa nuestra identidad?" se plantea Wayne Barker, cineasta y músico de Broome, Australia Occidental. "Un aborigen de hoy es heredero de una civilización de cuarenta mil años y puede hacerla evolucionar junto con él. Pero mientras tengamos que pasar por las leyes de los blancos y justificarnos ante ellos, esto no va a funcionar. ¿Cómo se pueden evaluar los mitos creadores, los relatos y los ritos espirituales, la sagrada pertenencia a una tierra y nuestra condición de aborígenes, a fuerza de análisis de sangre, de firmas, de leyes sobre la propiedad, y de estacas con alambres de púas que dividen y separan?"
  1. Extracto del informe del gobierno australiano Bringing Them Home, Canberra, 1997.
  2. Ibid.
  3. Para los aborígenes, la Tierra muestra las huellasde los héroes del "Tiempo de los sueños" (Dreamtime), que la esculpieron caminando y engendraron a todas las criaturas vivientes. Esoshéroes actúan todavía hoy sobre las fuerzas del universo (la fertilidad de la naturaleza, la fecundidad de las mujeres, la lluvia, los vientos) y guían a los hombres mientras duermen.
Autor/esMichèle Decoust
Publicado enEdición Cono Sur
Número de ediciónNúmero 16 - Octubre 2000
Páginas:28, 29
TraducciónDominique Guthmann
TemasColonialismoGenocidioMinoríasDerechos Humanos
PaísesAustralia

2 comentarios:

  1. Hay una pelicula Rabbit Proof fence, que trata del tema, me gustó mucho .

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