viernes, 9 de septiembre de 2016

Historias Humanas: Entrevista a Gonzalo Guzmán, el ex corralero que hoy desnuda la “tortura” en el rodeo.// Trascendiendo al Reptil.

El de la portada de la revista Tell Magazine es Gonzalo Guzmán Recart, heredero natural de una de las tradiciones familiares más arraigadas en el mundo de los huasos: el rodeo. Un corralero que llegó a ser señalado en algún momento como uno de los jinetes con más proyección en Chile.
Sin embargo, en 2013 Gonzalo tomó probablemente la decisión más importante de su vida, al dejar de lado esa práctica con un giro radical que lo llevó a convertirse en una voz autorizada en contra del llamado “deporte nacional”, en medio de los duros cuestionamientos que pesan hoy en nuestro país sobre esa “tradición”.
Acá su verdad respecto a lo que ocurre en las medialunas, contada desde la experiencia de haber estado dentro de esos lugares en donde -asegura- se “tortura” a los animales.
¿A qué edad tuviste tu primer acercamiento con el rodeo?
Desde que tengo conciencia. El rodeo para mí fue incentivado desde que nací. Mis primeros recuerdos son arriba del caballo, mis primeras fotos; mi vida fue arriba del caballo. Luego de eso lo hacía nada más en el campo. Y a los doce años fue que mi papá me dejó por primera vez salir a un rodeo oficial y ahí ya comencé a competir.
¿Qué recuerdos tienes de lo que sentías cuando hacías rodeo? ¿Qué te producía?
No me producía nada, lo hacía porque había que hacerlo.
Pero, por ejemplo, cuando ganabas, ¿te deba alguna satisfacción eso?
Pues claro, debe ser como algo nuevo, vergonzoso, porque uno no entiende mucho a esa edad qué está sucediendo y uno más que nada está tratando de seguir los pasos de los papás, de los adultos, lo que hacen ellos. Es como si te dieran dinero a esa edad: tú no sabes qué valor tiene. Si tienes dinero para ti es lo mismo un billete de 10 mil que uno de 5 mil. Para mí, claro, salir primero era un honor porque todo el mundo te felicitaba, pero el competir todos lo hacían porque éramos muy niños. Yo tuve la fortuna de ganar joven. A los 12 años completé para los ‘clasificatorios’, fui el jinete más joven en llegar, entonces para mí todo era muy fácil, no requería gran esfuerzo, entonces tampoco sentía mayor recompensa por hacerlo, simplemente lo hacía.
¿Qué logros obtuviste?
A los 12 años fui a los ‘clasificatorios’ -que es la instancia previa al campeonato nacional en Rancagua- quedando a dos puntos de llegar al campeonato nacional. Fui vicecampeón nacional escolar, fui campeón de la Zona Sur; en los ‘clasificatorios’ fui tercer campeón. También en dos clasificatorios fui escogido como el jinete con más proyección en el rodeo. Corrí con Alberto, Pato (amigos), con mi papá y mi hermano cuatro veces el campeonato nacional. Hoy Alberto es el presidente de la asociación de Santiago oriente. Y a nivel universitario fui finalista de Chile y fui el primer hombre que corrió con una mujer en la final del campeonato nacional de rodeo universitario; también fui el primer hombre que compitió con una mujer para los ‘clasificatorios’, cuando las mujeres volvieron a correr, lo hice con mi mamá en dos oportunidades. En esa ocasión completamos con mi mamá y al año siguiente lo volvimos a hacer y eso no había sucedido y fue muy importante, estuvimos a punto de llegar a la final.
Gonzalo Guzmán años atrás, como jinete

Viaje sin retorno

¿Cuándo y por qué comienzan tus cuestionamientos al rodeo?
Cuando salgo a viajar por Sudamérica y llego a una comunidad ecológica, una eco-aldea, en 2013, en Santa Marta, Colombia. Allí se practicaba Yoga y vegetarianismo.
¿Y por qué decides hacer ese viaje?
Lo hago porque estoy cansado ya de lo mismo. Como que digo: ‘bueno, ¿para qué estoy haciendo todo esto?’ Me planteo eso y me pongo una meta en la vida: ser feliz. Entonces pensé: ‘si sigo haciendo lo mismo que estoy haciendo no voy a encontrar un resultado diferente, tengo que salir de mi medio para buscar la felicidad’. Y ahí fue que me fui a viajar y llegué a esta comunidad en donde se practica Yoga, meditación y el vegetarianismo. Empecé a trabajar en la agricultura orgánica.
¿Y cómo viviste ese momento en que decides irte?
Yo estaba clasificado con dos colleras para los ‘clasificatorios’. Ese año me gané todos los rodeos de la temporada. Salí como a 20 rodeos y me gané 17. Entonces, me estaba yendo muy bien. Pero decidí desarmarme de todo, entregué todo lo que tenía y quedé en cero. Yo salí por un mes y al mes dije ‘bueno, voy a estar un tiempo más’. A los dos meses ya le dije a mi familia que iba a seguir viajando. Me preguntaron que cuándo volvía y yo les dije ‘no sé, no tengo retorno. Ya estoy cansado de hacer las cosas mal, ahora quiero hacerlas bien y quiero cambiar mi forma de vida, quiero tomar valores positivos para ser un aporte en esta sociedad’.
¿Qué piensa tu familia de todo esto?
Ellos creen que yo tengo mi manera de pensar y ellos tienen la suya, y que ambas partes son respetadas y que, por sobre eso, por sobre tener la razón o no, está el amor. Entonces, como que cada uno es libre de pensar como quiere, sin hacerle daño a los demás.
¿Y tú tenías algún contacto anterior con ese mundo mundo nuevo que descubriste?
No, nada, nunca supe qué era. Y me empecé a sentir muy bien por medio de la alimentación vegetariana, el cariño de las personas en la comunidad, el trabajo, con la naturaleza, y eso me fue inspirando y empecé a comprender nuevas cosas que antes mi círculo jamás me las tocaba. Yo, por ejemplo, les mostraba (a los de la comunidad) videos de rodeo y la gente se asustaba, me decían: ‘¡¿pero, qué les pasa?!’ Yo les decía: ´¡¿qué les pasa a ustedes, si esto es bacán?!’ ‘No, estúpido, me decían, le estay pegando al animal’. Yo respondía que no les pasaba nada, sacaba los mismos argumentos que vemos hoy de los huasos: que el animal no se maltrata, no se muere, que no le pasa nada, que es natural en él.
Pero la gente no lo aceptaba, así es que tuve que guardar el teléfono, los recuerdos y pedirles que me explicaran por qué eso no se debe hacer. Y me empezaron a contar acerca de muchas cosas, como, por ejemplo, que nosotros en algún momento también tenemos que pagar en carne propia todos los resultados de lo que hagamos. Entonces, si yo estaba maltratando a un animal, en algún momento yo también iba a tener que sufrir ese maltrato. Y ahí dije: ‘si yo vengo a buscar la felicidad, entonces estoy escribiendo con la mano y borrándome con el codo’, porque si yo quiero ser feliz no puedo serlo si ese animal no lo es. Y al principio no lo quería aceptar. Fue después de cinco semanas que ya era vegetariano, que mi conciencia ya había cambiado, que empecé a percibir otro nivel de información que antes no manejaba.

La “tortura”

¿Para ti el rodeo es una forma de tortura?
Sí, es una forma en la cual se incrementa el sufrimiento de los animales, que luego van al matadero.
¿Cómo son esas formas de tortura, de maltrato al animal, en el rodeo?
Bueno, la tortura comienza cuando el animal sale del campo, con golpes eléctricos, o de picana, con palos, para montarlos al camión. Luego de eso es apretado, uno tras otro, hasta que cumplen la carga; ahí ellos van prácticamente sin poder moverse y de pie, sin agua y sin comida, durante varias horas. Luego de eso el animal es bajado del camión y llevado a unas mangas, donde tiene que ser apartado por su peso y tipo. Ahí es nuevamente golpeado con palos y golpes eléctricos. En la manga es apretado otra vez, uno tras otro, sin poder moverse ni voltear, esperando salir a la medialuna. También en el camión muchas veces los animales se caen y son pisados por otros, durante horas, y algunos incluso no son capaces de pararse y mueren. Y en el rodeo, después de toda esta penuria que viene desde el campo, los echan a correr y él sale encandilado de un hueco oscuro y se encuentra de frente con una puerta con su hocico, cara, mandíbula, cachos, brazos, piernas, pisoteado, dentro del apiñadero, expuesto a una ansiedad terrible porque él va en fuga, no va corriendo porque lo entrenaron para algo, sino que va dándose a la fuga de los dos caballos; pero no tiene para dónde arrancar, solo ve murallas y murallas, una puerta, y ahí golpea, se estrella, y luego ya le abren esa puerta y sale arrancando por su vida y los jinetes van atrás dominándolo, porque los caballos están entrenados durante años, preparados físicamente; entonces el animal a esa altura ya va cansado, deshidratado, sin comida, golpeado, machucado, violentado, agotado, tratando con sus últimas fuerzas de salvarse, hasta que lo llevan a la zona de la ‘atajada’.

¿Qué ocurre ahí?
Ahí el caballo que tiene la opción de ir a ‘atajarlo’ lo golpea con fuerza desmedida, en una zona determinada. Y ahí hay puntaje: si es de atrás, de las ancas, son cuatro puntos; del estómago o costillas, tres; y de la paleta, dos. O puede ser en la cabeza, que no se computa. Entonces él recibe un sacazo en una quincha que está hecha de madera con una cobertura de 10 centímetros de paja y que es muy dura, y hasta cierta altura, porque después vienen tablas. El propósito de eso es darlo vuelta, y él se azota contra las tablas. Entonces, pierde el conocimiento, el oxígeno, es un apretón muy duro que se les da, con el pecho del caballo y él cae al suelo, sin ganas de volver a levantarse.
Y cuando cae al suelo, ¿se utiliza la picana eléctrica?
Claro. La picana eléctrica, por lo que sé, está autorizada por el SAG (Servicio Agrícola y Ganadero), pero se utiliza ahí para darle un ‘estímulo’ doloroso para que el animal se pare y quiera correr otra vez, porque él no quiere pararse. Entonces cuando tú vez que lo tiran de la cola es para acomodarle sus piernas, para que se pueda quedar en su posición natural para pararse. Es como si te desmayaras y te sentaran otra vez para que cuando recuperes la conciencia, te pares. También les dan cachetazos o le tapan la nariz para quitarle la respiración. La picana eléctrica la usan debajo de la manta.
Se oculta, finalmente…
Claro, para que no lo vean. Igual, la televisión cuando están filmando el rodeo, en esa instancia, filman al público, no muestran lo que están haciendo allá abajo porque ellos saben que es violento. Y ahí el novillo se para y le hacen la misma escena que te describí durante tres veces.
¿También hay un maltrato hacia los caballos?
Claro, sí. El caballo, por ejemplo, recibe espuelazos en sus costillas innumerables veces, no hay un límite de espuelas, le pueden ir pegando desde que recibió al novillo hasta que entregue. Obviamente, si el caballo sangra, se va a llamar la atención al jinete por un delegado; pero si no sangra, no le dicen nada. Quedan muy resentidos, se les hacen bolsitas de agua o traumas en sus costillas. En su boca también es golpeteado por el freno. Ahora también está reglamentado qué freno se puede utilizar, pero todo el reglamento que ellos dicen aplicar -que en sí ha normado bastante en favor del animal- tú no más lo ves aplicado en el campeonato nacional y en ‘clasificatorios’, o rodeos de primera categoría, en donde hayan muchas colleras involucradas. Los rodeos provinciales, más pequeños, no cuentan con un buen sistema de fiscalización.
Foto: Animal Libre
¿Y cuando los animales quedan en malas condiciones, reciben atención médica?
En el rodeo oficial hay puesto un veterinario para la atención del caballo. Por ejemplo, en el campeonato nacional y ‘clasificatorios’. En todos los demás rodeos no hay asistencia médica para los caballos. Y en el 100% de los rodeos no hay asistencia médica para los novillos.

“El rodeo es un círculo de mucho poder, político, económico, empresarial”

¿Por qué crees tú que hay un sector que, aún cuando ya se ha denunciado todo esto, sigue argumentando que no hay maltrato animal?
Porque es una tradición que viene del 1600, hace casi 400 años. Es como lo que pasa con los nuevos profesionales. Cuando un ingeniero civil llega a trabajar con un maestro y este le dice ‘es que esto siempre se ha hecho así’ y el ingeniero le dice ‘no, pero es que yo hice un cálculo estructural y esto es así’, el maestro responde nuevamente ‘no, es que esto siempre se ha hecho así’. Entonces querer cambiar un concepto que está tan arraigado porque viene de una cultura, de una tradición, es difícil y genera poca popularidad. Pero de todas maneras, cuando se quiso liberar la esclavitud, las personas que levantaron la voz no fueron bien vistos en su círculo. Lo mismo pasa con el rodeo. Esto es un deporte de élite, capitalista: un huaso para salir a un rodeo de la más baja categoría necesita 500 mil pesos. Entonces no cualquiera lo puede practicar. Es un círculo de mucho poder, político, económico, empresarial. Entonces tú cuando te vas a meter con una persona de dinero sabes lo que pasa: si no tienes dinero tienes muchas probabilidades de perder o ver pasados tus derechos, valores, por alto, porque reina el dinero. Los medios de comunicación y muchos otros tipos de cosas son liderados por huasos.
¿Qué te ha parecido el debate que se ha generado este año en particular en torno al rodeo? ¿Crees que se puede llegar a terminar con él?
Pienso que lo que ha sucedido es muy favorable para el derecho de los animales. Porque los animales en sí son dignos de ser queridos, cuidados por nosotros. A lo mejor en sus capacidades son más débiles que nosotros, pero por lo mismo es nuestro deber protegerlos y el mejor de los derechos que ellos tienen es a estar libres. Entonces todo lo que está sucediendo está apuntando hacia el propósito de la vida, que es la libertad y sobre todo en seres que no pueden hablar ni expresarse. Entonces que se le esté dando importancia a los derechos de los animales me parece el camino hacia la paz, porque en la medida en que seamos capaces de reconocer los derechos de los animales, respetarlos y cuidarlos, también vamos a ser capaces de hacerlo con el ser humano, con el hombre, con los demás. Entonces, si hacemos la paz con los animales, también la vamos a hacer con los seres humanos.
Por Daniel Labbé Yáñez
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