Un gran saludo a todos. Querida Mariela y Base de localizacion del FI, tengo unas preguntas.
A. franja horaria. Al final pones tres franjas, que se entiende que es para todo el mundo. Sin embargo para el primer caso, lectores que no han asistido pones una franja extensa. Con cual nos quedamos?
B. LA adaptacion de la IN se puede hacer también cuando proporcionamos una IN a alguien que no siga este conocimiento?
C.Se puede hacer una IN especifica para gente que no conocemos que : han dado positivo con el coronavirus (mi ahijado), y para familiares, amigos, conocidos que trabajan en sanidad.
Mi reconociemiento a vuestra gran labor con nosotros, Love, M°José
Estimada Salsa1, Leyendo las indicaciones sugeridas para hacer esta meditación, entendí a lo que te estabas refiriendo, y hubo un error en la transcripción, que ya está corregido. Gracias
Tienes que guiarte por este Cronograma de Horarios, para hacer la Meditación Colectiva IX, en sus respectivas franjas horarias para cada país.
Desde las 6.00hs hasta las 11hs (mañana) Desde las 16hs hasta las 18:30hs (tarde) Desde las 21:00hs hasta las 24:00hs (Noche)
Precisamente la adaptación de la IN Meditación Colectiva IX, está hecha para que ustedes puedan brindárselas a personas, que no saben de la existencia de este conocimiento, por lo tanto, esta adaptación se las puedes brindar a las personas que conoces.
Me preguntas si puedes hacer una IN para combatir el coronavirus, para que quienes lo han contraído puedan ayudarse a sí mismos, por supuestos que puedes diseñar una IN para tu ahijado. Y hacer una específica para los familiares y amigos que trabajan en sanidad, así ellos mismos se protegen.
Un fuerte abrazo, marielalero.
Soffy
sábado 16 mayo 2020 3:25 am
Querida Mariela, tengo una pregunta respecto a esta frase de la meditación colectiva IX: » Aprendo a planificar mi Kútza-Kái de interacción social»
Esa parte como se hace?
Cuales son los criterios, conceptos o puntos a tener en cuenta en esa planificiacion de Interacción Social, usando la herramienta Kutza-Kai?
Con el tema del Aislamiento Social,en que nos quiere sumergir el sistema como planificamos ese Kutza-Kai?
Gracias! Un Grande y Fuerte Abrazo de Luz para tod@s 🙂
Estimada Soffy, Los puntos a tener en cuenta al momento de planificar la interacción social a través de la herramienta Kutza-Kai, se refiere a como seria tu desenvolvimiento personal como medio físico vibratorio, para empatizar socialmente con las personas, ser para ellas una persona agradable que puedan confiar en ti y dialogar sin sentirse que son discriminadas o juzgadas por su forma de pensar y de ser.
Si quieres una precisión más detalla, te agradecería que leas en la sección de preguntas y respuestas del Post Buenas Preguntas, la compilación de párrafos que extrajo de varios Post, la lectora Marta.
El año 2020 trajo consigo un alud de expresiones hasta entonces desconocidas en el primer plano de nuestro léxico:
distanciamiento social
pruebas de PCR
desinformación
plataformas de ARNm
confinamientos
superpropagadores, etcétera.
En medio de la avalancha de nuevos términos y normas culturales, perdimos de vista una pregunta sencilla:
¿quién estaba al mando...?
En Estados Unidos hubo debates sobre la influencia de Fauci y la tensión entre las iniciativas estatales y federales.
Los medios de comunicación de derecha e izquierda distrajeron a la ciudadanía con titulares sensacionalistas.
En medio de los frenéticos ciclos de noticias, nadie parecía saber quién era responsable de la movilización masiva de recursos gubernamentales.
En su núcleo, la respuesta al Covid en EE.UU. fue,
una operación militar que puso al descubierto enmarañadas redes de estructuras de operaciones militares y sanitarias, en apariencia distintas:
el Consejo de Seguridad Nacional desencadenó la respuesta de pánico
el Departamento de Seguridad Nacional supervisó los confinamientos
los servicios de inteligencia, liderados por la CIA, censuraron la disidencia
el Departamento de Defensa impulsó la campaña de vacunación...
Los planes de contingencia incluían la ley marcial, no la nacionalización de los hospitales.
El primer funcionario de la Casa Blanca que abogó por derribar la sociedad estadounidense no fue Anthony Fauci, sino el asesor adjunto de seguridad nacional, Matthew Pottinger.
En conjunto, el aparato militar derrocó al gobierno civil.
Fue un golpe de Estado incruento...
El papel de la CIA desde el principio
En enero de 2025, el periodista Seymour Hersh reveló que un espía de la CIA trabajó en el Instituto de Virología de Wuhan en 2019 y 2020.
Según Hersh,
"el agente, muy valorado dentro de la CIA, fue reclutado mientras cursaba estudios de posgrado en Estados Unidos".
En 2019, el espía advirtió que,
"China estaba realizando un trabajo tanto ofensivo como defensivo" con patógenos, y que se había producido un accidente de laboratorio que provocó la infección de un investigador.
Mientras el Dr. Fauci lideraba el movimiento para publicar en marzo de 2020 el artículo sobre el supuesto origen zoonótico, también utilizaba el poder de los servicios clandestinos de Estados Unidos para silenciar a posibles críticos.
Fauci comenzó a realizar reuniones secretas en la sede de la CIA,
"sin registro de entrada" para "influir en la investigación sobre los orígenes del Covid-19", según un denunciante (aunque Fauci ha negado esas afirmaciones).
"Él sabía lo que estaba pasando... Se estaba cubriendo las espaldas y estaba tratando de hacerlo con los servicios de inteligencia", declaró el denunciante ente el Congreso.
"Vino muchas veces y el Centro de Misión de Armas y Contra la Proliferación lo trató como una estrella de rock".
Durante mucho tiempo Fauci había ido tendiendo puentes entre el mundo de la salud pública y el espionaje estadounidense.
Después de los ataques del 2001 (11 de septiembre y ántrax), Estados Unidos se preocupó por la bioseguridad para protegerse contra las armas biológicas, las pandemias y los ataques químicos.
En Fort Detrick, Maryland, que el historiador Stephen Kinzer describe como,
"base principal del Ejército para la investigación biológica", el mundo del espionaje desarrolló "el centro neurálgico del imperio oculto de control mental y químico de la CIA".
El FBI determinó más tarde que los ataques con ántrax de 2001 fueron obra de un solitario y descontento científico de Fort Detrick llamado Bruce Ivins (aunque las fuerzas del orden no lo acusaron hasta después de que se suicidara en 2008).
Esa teoría ha sido objeto de un intenso escrutinio por parte de figuras de todo el panorama político, entre ellas,
Todos coincidieron en que el ántrax provenía de dentro de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos.
Francis Boyle, profesor de derecho en la Universidad de Illinois que redactó la Ley Antiterrorista de Armas Biológicas de 1989 firmada por el presidente George H. W. Bush, argumentó que una investigación completa de la evidencia de los ataques con ántrax de 2001 habría,
"llevado directamente a un programa de guerra biológica del gobierno de Estados Unidos, secreto pero patrocinado oficialmente, que era ilegal y criminal",
...citando específicamente la posible participación del Pentágono, la CIA y entidades público-privadas.
Sin embargo, en vez de reformar, el Congreso optó por ampliar la maquinaria de armas biológicas.
Tras el "11 de Septiembre" y la Patriot Act, Fauci recibió un aumento salarial del 68 por ciento (convirtiéndose en el empleado federal mejor pagado) para,
"compensarlo adecuadamente por el nivel de responsabilidad... especialmente en lo relacionado con su trabajo en actividades de investigación de biodefensa".
En 2002 puso en marcha una expansión multimillonaria de Fort Detrick.
Mientras tanto, Fauci y el gobierno de EE.UU. siguieron canalizando dinero a grupos extranjeros que realizaban investigaciones de ganancia de función, como el Instituto de Virología de Wuhan, donde ahora se sabe que la comunidad de inteligencia implantó espías.
Antes de 2020, el concepto de un programa clandestino y supranacional de armas biológicas habría parecido descabellado incluso para las mentes conspirativas.
Pero la aparición del Covid amenazó con desenmascarar los programas ilícitos dirigidos por los jefes del espionaje y del aparato de salud pública.
En un intento desesperado por evitar tener que rendir cuentas, la comunidad de inteligencia se sumó a encubrir la fuga de laboratorio.
La CIA ofreció sobornos a científicos para silenciar los hallazgos que refutaban la tesis del origen zoonótico liderada por Fauci, Farrar, Andersen y Holmes, según un denunciante.
El Comité de Supervisión de la Cámara explicó:
"Según el denunciante, al final de la investigación, seis de los siete miembros del Equipo consideraban que la inteligencia y la ciencia eran suficientes para realizar una evaluación de baja confianza de que el Covid-19 se originó en un laboratorio de Wuhan, China".
Sin embargo, el denunciante informó que posteriormente los,
"seis miembros recibieron un importante incentivo monetario para que cambiaran su posición".
Mientras tanto, científicos del Departamento de Defensa recopilaron pruebas significativas que sugerían una fuga de laboratorio.
Al igual que otros, analizaron el sitio de la "hendidura de furina" y las pruebas procedentes del Instituto de Virología de Wuhan.
Pero cuando fueron a entregar sus hallazgos a la Casa Blanca, la directora de Inteligencia Nacional del presidente Biden, Avril Haines, los prohibió presentar sus pruebas o participar en un debate sobre el origen del virus.
En enero de 2025, tras la segunda investidura del presidente Trump, John Ratcliffe, el recién nombrado director de la CIA, anunció que la agencia creía que una fuga de laboratorio era la fuente más probable del Covid.
"Creo que nuestra inteligencia, nuestra ciencia y nuestro sentido común realmente establecen que el origen del Covid fue una fuga en el Instituto de Virología de Wuhan", declaro Ratcliffe a Breitwart News.
CISA, una agencia dentro del Departamento de Seguridad Nacional, fue responsable de dividir la fuerza laboral durante los confinamientos en las etiquetas de "esencial" y "no esencial", y luego implementó un programa conocido como switchboarding, en que los funcionarios de CISA dictaban a las plataformas de Big Tech qué contenido se permitía o se prohibía.
Su desprecio por la libertad de expresión fue incuestionable.
La directora de CISA, Jen Easterly, testificó en Misuri contra Biden,
"Creo que es muy, muy peligroso que la gente pueda escoger sus propios hechos".
Sin dar tregua, el Departamento de Seguridad Nacional declaró en abril de 2022 que establecería una "Junta de Gobernanza de la Desinformación", encabezada por la activista demócrata Nina Jankowicz.
Según Político, el 'Ministerio de la Verdad' de Biden se encargaría de,
"contrarrestar la 'desinformación'."
El Ministerio de la Verdad solo se clausuró cuando los absurdos de su censora jefe, Jankowicz, causaron suficiente rechazo por parte del público.
Además, la influencia de la comunidad de inteligencia se extendió a los niveles más altos de la Casa Blanca. A partir de enero de 2020, hubo una usurpación insidiosa de la cadena de mando y el gobierno civil quedó en manos de una banda de cargos militares.
Ese golpe alcanzó al Consejo de Seguridad Nacional a través de un funcionario poco conocido llamado Matthew Pottinger.
Matthew Pottinger y el Consejo de Seguridad Nacional
Matthew Pottinger comenzó su carrera como periodista del Wall Street Journal antes de alistarse en la Infantería de Marina en 2005.
Trabajó en una serie de misiones en Asia y más tarde explicó que,
"vivir en China te muestra lo que un país no democrático puede hacer a sus ciudadanos".
En 2017, se unió a la Administración de Trump como asesor adjunto de seguridad nacional y fue descrito por Político como,
"la principal baza del Consejo de Seguridad Nacional en Asia".
En 2020, como asesor adjunto de seguridad nacional, contribuyó a instaurar una junta militar que mostró a los estadounidenses lo que un país no democrático puede hacer a sus ciudadanos.
El 14 de enero, Pottinger rompió el protocolo al convocar unilateralmente la primera reunión interinstitucional sobre el coronavirus.
El 27 de enero volvió a convocar funcionarios a la Sala de Situación de la Casa Blanca para abordar el coronavirus. Mientras otros pedían respuestas mesuradas, Pottinger abogaba por la prohibición de viajar y los confinamientos.
En Nightmare Scenario, la periodista del Washington Post Yasmeen Abutaleb escribe:
Aunque pocas personas en la sala lo sabían, Pottinger había convocado la reunión. Los chinos no estaban proporcionando al gobierno de EE.UU. mucha información sobre el virus y, de todos modos, Pottinger no confiaba en lo que estaban decalarando.
Había pasado dos semanas revisando las redes sociales chinas y había encontrado informes dramáticos sobre la nueva enfermedad infecciosa, que sugerían que era mucho peor de lo que el gobierno chino había revelado.
También había visto informes de que el virus podría haber escapado de un laboratorio en Wuhan.
Había demasiadas preguntas sin respuesta. Les dijo a todos en la sala que debían considerar la promulgación inmediata de una prohibición de viajar: prohibir todos los viajes desde China, cerrarla...
[Pottinger] dijo que sería necesario tomar medidas drásticas.
Al día siguiente, Pottinger pidió a su esposa que enviara un mensaje de texto a su amiga Deborah Birx para que se reuniera con él en el Ala Oeste.
"Matt fue directo al grano", escribió Birx en sus memorias.
"Me ofreció el puesto de portavoz de la Casa Blanca para el virus".
Tres días después, Pottinger sugirió el confinamiento de la población estadounidense.
Expresó su preocupación por la propagación asintomática después de leer fuentes de las redes sociales chinas.
Desde el principio sospechó que el virus era el resultado de una fuga de laboratorio, aunque sus colegas de la comunidad de inteligencia denigraban públicamente esa tesis como "conspirativa".
Cuando los expertos en salud respondieron que no había antecedentes de propagación de coronavirus a través de portadores asintomáticos, Pottinger aumentó sus llamados a la adopción de medidas drásticas.
Sin ninguna base científica, Pottinger abogó por enmascarar a todo el mundo, diciendo que la medida no tenía "contrapartidas".
Según Abutaleb, Pottinger preguntó:
"¿Cuál era la contrapartida de que la gente se cubra el rostro mientras espera más datos e investigaciones sobre la eficacia de las mascarillas?"
En "The Talented Mr. Pottinger", el abogado Michael Senger explica el enorme control que Pottinger ejerció sobre la respuesta inicial al coronavirus, especialmente con respecto,
al uso de mascarillas, la prohibición de viajar, los confinamientos y la histeria en torno a la "propagación asintomática" del virus...
Mientras los medios de comunicación y los funcionarios del gobierno reprendían a los críticos y pedían "confiar en los expertos", el principal defensor de los confinamientos en la Casa Blanca era un alarmista militar que no entendía nada de epidemiología y no respetaba la cadena de mando.
Fue quizás el difusor de desinformación más influyente desde el inicio de la pandemia.
Senger describe la influencia de Pottinger en la respuesta estadounidense al Covid como un "papel excepcionalmente desproporcionado":
Puede que Pottinger simplemente haya confiado demasiado en sus fuentes, pensando que eran gente común de China que intentaba ayudar a sus amigos estadounidenses.
Pero,
¿Por qué presionó tanto a favor de políticas radicales chinas como la obligación de usar mascarillas, que estaban muy lejos de su campo de especialización?
¿Por qué incumplió el protocolo tan a menudo?
¿Por qué buscó y nombró a Deborah Birx?
Además de su influencia en la Casa Blanca, Pottinger y otros actores similares sembraron el pánico sobre el nuevo coronavirus a través de los medios de comunicación.
El 7 de marzo de 2020, Tucker Carlson se dirigió a Mar-a-Lago para advertir a Trump sobre los desastrosos efectos del Covid, información que recibió de una,
"persona apolítica con acceso a mucha información de inteligencia".
Diez días después, Carlson explicó su viaje a Palm Beach a Vanity Fair:
Bueno, en enero fue cuando empezamos a hablar de esto en el programa...
Y un par de días después, me encontré hablando con alguien que trabaja en el gobierno de Estados Unidos, una persona apolítica con acceso a mucha información de inteligencia.
Dijo que los chinos están mintiendo sobre el alcance de esto. No dejarán entrar a los inspectores sanitarios internacionales.
Están bloqueando a la OMS y esto podría infectar a millones de personas, a un alto porcentaje de ellas.
Y se trataba de una persona muy bien informada, muy informada, y, de nuevo, una persona apolítica sin motivos para mentir al respecto en ninguna dirección.
Así que eso realmente me llamó la atención.
Durante su viaje a Mar-a-Lago, Carlson advirtió al presidente Trump que podría perder las elecciones por el Covid y que fuentes con conexiones en China insistían en que el virus era mucho más devastador de lo que se había informado anteriormente.
La fuente de Carlson coincide con una descripción exacta de Pottinger.
Era un miembro apolítico de la administración Trump, con apoyo de ambos partidos y acceso a los más altos niveles de inteligencia.
Tenía una amplia experiencia en China y era inflexible en cuanto a que el coronavirus devastaría la sociedad.
"No debemos subestimar la importancia de este giro y el probable papel de Pottinger a la hora de conducir a Tucker hacia la alarma y el pánico.
Sin este giro, tal vez Trump no se hubiera rendido y la base se habría unido en torno a él".
Y justo antes de que esa alarma llegara a la población, la comunidad de inteligencia y sus enlaces se posicionaron para triunfar en medio del caos que se avecinaba.
En febrero de 2020, el senador Richard Burr (republicano por Carolina del Norte) presidía el Comité de Inteligencia del Senado, uno de los puestos de mayor poder y más buscados en Washington.
Su posición le dio acceso a información que seguía estando clasificada para casi todos sus colegas del Senado.
El 13 de febrero de 2020, cuando Burr recibió información sobre el coronavirus (un mes antes de que comenzaran los confinamientos), realizó una llamada telefónica de 50 segundos a su cuñado, Gerald Fauth.
En cuestión de minutos, Fauth telefoneó a su corredor de bolsa para que comenzara a liquidar su cartera.
Mientras tanto, el senador Burr declaró públicamente que el país estaba "mejor preparado que nunca para enfrentar las amenazas emergentes a la salud pública".
Sin embargo, a puerta cerrada, Burr se preparó para el desastre económico y nacional.
Tras recibir informes no públicos sobre la aparición del virus y la respuesta que se planeaba en el país, el senador Burr vendió 1,6 millones de dólares en acciones de su cartera de jubilación.
Por aquel entonces, la senadora Kelly Loeffler (republicana por Georgia) y su esposo vendieron acciones por valor de 20 millones de dólares tras asistir a una sesión informativa confidencial sobre el coronavirus.
Al mismo tiempo, compraron acciones que resultaron muy rentables en los meses siguientes, por ejemplo en el sector sanitario.
El 20 de febrero de 2020 comenzó la recesión económica mundial.
El 9 de marzo, el índice Dow Jones sufrió lo que era el cuarto peor día de su historia, con el mercado perdiendo casi el 10% de su valor.
Ese desplome fue superado una semana después, el 16 de marzo, cuando el Dow sufrió el tercer peor día de su historia y el Promedio Industrial Dow Jones cayó un 12.9%.
En abril, por primera vez en la historia de Estados Unidos, el precio del petróleo crudo se volvió negativo (es decir, que los productores tenían que pagar a los compradores para que se llevaran los barriles).
Y así comenzó un ciclo ilícito de actividades a instancias de la comunidad de inteligencia.
Quienes tenían acceso a los resortes del poder buscaban obtener beneficios o avanzar en sus carreras, y mientras su incentivo era generar alarma y servilismo en la ciudadanía.
Ahora está claro que una camarilla, liderada por el Consejo de Seguridad Nacional,
violó la cadena de mando, engañó a los medios de comunicación, sembró el pánico en la población estadounidense y elaboró planes de respuesta antes de que ningún cargo electo pasara por los debidos canales de actuación.
Ello provocó la mayor violación de las libertades civiles en la historia de Estados Unidos y puede atribuirse a los niveles militares más altos de la nación.
Esa junta se apropió de la respuesta al Covid y del gobierno estadounidense sin que nadie pareciera darse cuenta.
Los militares asumen la respuesta al Covid
Semanas antes de la primera orden de encierro domiciliario, los militares promulgaron órdenes de standby,
"para prepararse ante la posibilidad de alguna forma de ley marcial", según informóNewsweek.
En febrero de 2020, tres planes de contingencia propusieron que los militares administraran las operaciones de gobierno, saltándose la Constitución.
Se colocarían comandantes militares en todo Estados Unidos y el general Terrence J. O'Shaughnessy lideraría el país como "comandante combatiente".
El dictador O'Shaughnessy nunca llegó al poder, pero la comunidad militar se hizo cargo de la respuesta al Covid tras los bastidores.
A partir de marzo de 2020, el Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés) y el Departamento de Seguridad Nacional reemplazaron al Departamento de Salud y Servicios Humanos como actores principales en los esfuerzos contra el Covid.
Sus funciones no eran ceremoniales:
las agencias militares estaban inseparablemente ligadas a los principales burócratas de la salud pública.
Pottinger y el NSC fueron los responsables de nombrar a Deborah Birx para el equipo de respuesta al Covid.
"Hemos traído a Debi Birx a la Casa Blanca", explicó el asesor de seguridad nacional de Trump el 11 de marzo de 2020.
Sin previo aviso, los principales cargos militares del país llevaron a cabo la supresión más generalizada de libertades civiles en la historia de Estados Unidos.
Documentos gubernamentales del 13 de marzo de 2020 muestran que el Consejo de Seguridad Nacional había tomado el control de la política nacional frente al Covid.
Cinco días después, el presidente Trump invocó la Ley Stafford, que convertía a la FEMA, rama del Departamento de Seguridad Nacional, en la "Agencia Federal Líder" en la respuesta a la pandemia, sustituyendo al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS por sus siglas en inglés).
A partir de entonces, el HHS (incluidos los CDC, el NIAID y el NIH) no tuvo un papel oficial de liderazgo en la respuesta al Covid.
La semana en que los militares sustituyeron al aparato sanitario como líderes de la respuesta al Covid coincidió con el inicio de los confinamientos el 16 de marzo.
El gobierno representativo había dejado de existir en Estados Unidos.
Los estadounidenses nunca habían oído hablar de Robert O'Brien o Matthew Pottinger, pero ellos fueron los responsables de implantar la mayor movilización de recursos gubernamentales de la historia mundial.
En retrospectiva, fue una operación militar clara y deliberada.
Mientras tanto, en enero de 2020 Estados Unidos había completado la construcción del primer campo de cuarentena federal en más de un siglo, que New York Times describió como,
"justo a tiempo para recibir a 15 pasajeros estadounidenses del crucero Diamond Princess infestado de coronavirus".
El Pentágono anunció posteriormente que ampliaría dicha instalación, ubicada en Omaha (Nebraska), en coordinación con una serie de otras entidades federales, incluido el Departamento de Seguridad Nacional.
En julio de 2020, los CDC publicaron planes para campos de cuarentena a escala nacional, en que el Gobierno de EE.UU., dirigido por los militares, aislaría por la fuerza a los pacientes, les prohibiría el contacto social y les despojaría de todo acceso físico al mundo exterior excepto para la entrega de alimentos y suministros de limpieza.
"La aplicación de este enfoque implicará una planificación cuidadosa, recursos adicionales, un cumplimiento estricto y una fuerte coordinación multisectorial", explicaron los CDC.
El plan se sustentaba en la fuerza del ejército estadounidense, encargado de llevar a cabo la respuesta al Covid.
Así, el gobierno existente utilizó a los militares para reestructurar silenciosamente la sociedad, aboliendo su constitución y sus libertades más antiguas. Los resultados fueron tiránicos, absurdos y devastadores.
Poco después, los militares encabezaron la siguiente etapa del golpe de Estado del Covid.
El Departamento de Defensa y las Vacunas
En 1958, el Departamento de Defensa de Estados Unidos creó la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés) para promover la investigación y el desarrollo de tecnología de nivel militar, tras el lanzamiento del Sputnik por parte de la Unión Soviética el año anterior.
En las décadas siguientes, la DARPA concibió las tecnologías que sentaron las bases para,
"atractivo de DARPA de aplicar la magia de la ciencia y la tecnología a la guerra" ha hecho que las guerras resulten "más tentadoras" y ha "enredado a Estados Unidos en una 'guerra eterna'."
Tras los ataques del 11 de Septiembre de 2001 y los inmediatamente posteriores ataques con ántrax, el Departamento de Defensa comenzó a invertir decenas de miles de millones de dólares en vacunas e iniciativas médicas.
Según The Lancet:
El financiamiento total de EE.UU. para biodefensa aumentó drásticamente de ~700,000,000$ en 2001 a ~4,000,000,000$ gastados en 2002.
El pico de financiamiento en 2005 fue de casi 8,000,000,000$ y continuó con un gasto promedio estable de alrededor de 5,000,000,000$.
En 2003, el Dr. Anthony Fauci articuló su visión de la biodefensa:
"...el objetivo en los próximos 20 años es pasar del patógeno al fármaco (bug to drug) en 24 horas. Eso permitiría afrontar el desafío de los bioagentes modificados genéticamente".
La respuesta del 11 de septiembre también allanó el camino para la "autorización de uso de emergencia", una designación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) que permite que se utilicen productos médicos no aprobados durante una emergencia de salud pública.
Como explica Bill of Health, blog de la Facultad de Derecho de Harvard,
"En última instancia, fue la guerra contra el terrorismo la que daría lugar a la autorización de uso de emergencia".
En los veinte años siguientes, Estados Unidos invirtió más de cien mil millones de dólares en la industria de biodefensa, incluidos los programas denominados "ADEPT" y "Pandemic Preparedness Platform", que aportaron el capital para el desarrollo inicial de la tecnología del ARNm.
En 2013, la DARPA aportó la inversión inicial de Moderna.
En septiembre de 2019, el presidente Trump firmó un Orden Ejecutiva sobre,
"Modernización de las vacunas contra la gripe", que instruía a las agencias gubernamentales, incluido el Departamento de Defensa, a desarrollar un "plan nacional de cinco años para promover el uso de tecnologías de fabricación de vacunas más ágiles y escalables".
Seis meses después, la respuesta a la pandemia pasó a ser el centro de atención y el Pentágono se preparó para convertir en arma su infraestructura de biodefensa.
Posteriormente en 2020, el gobierno de Estados Unidos firmó un acuerdo de fabricación de vacunas con Pfizer y BioNTech.
En julio, el acuerdo incluía un mínimo de 100 millones de dosis de una "vacuna para prevenir el Covid-19" y un pago de al menos 1.950 millones de dólares.
El acuerdo también permitía la adquisición futura de cientos de millones de dosis adicionales.
La periodista de investigación Debbie Lermanescribe:
"Es un enorme montón dinero para un montón de artículos, especialmente porque las vacunas todavía no habían sido probadas, aprobadas ni fabricadas a gran escala y, como decía el acuerdo, eran puramente 'aspiracionales'."
En los meses siguientes, la "Operación Warp Speed" no hizo más que aumentar el papel de los militares en una iniciativa que aparentemente provenía del sector privado.
En noviembre de 2020, el New York Times describió cómo,
"el papel de los militares ha sido menos público y más omnipresente" en la vacuna contra el Covid de lo que los estadounidenses creían.
El artículo relata cómo el Departamento de Defensa adquirió instalaciones, materias primas, permisos y suministros médicos para los fabricantes de vacunas y organizó la gestión de la cadena de suministro, las iniciativas de distribución y,
"todos los detalles logísticos que se puedan imaginar".
Los planificadores del Pentágono consideraron todas los posibles contratiempos del proyecto, pero el gobierno ocultó deliberadamente al público la participación de los militares.
"Las preocupaciones sobre las teorías conspirativas en torno a las vacunas son una razón aún mayor para mantener a los militares fuera de la vista", decía el New York Times.
El Director Ejecutivo de la Operación Warp Speed, el general de cuatro estrellas Gustave F. Perna, tuvo que lidiar con funcionarios de salud pública descontentos que se quejaban de que,
"el papel de los militares en la Operación Warp Speed era demasiado importante", según el New York Times.
Pero la influencia del Departamento de Defensa no se limitó a la adquisición o la logística:
fue central para la aprobación y la difusión de las vacunas...
El Bill of Health de la Facultad de Derecho de Harvard explica que, en lo que respecta a las autorizaciones de uso de emergencia,
"el Congreso se centró específicamente en la amenaza del bioterrorismo, no en la preparación para una pandemia de origen natural".
Debbie Lerman escribe:
"Lo más peculiar de la autorización de uso de emergencia es que, como se pretendía que se promulgara solo en situaciones de guerra y emergencias relacionadas con armas de destrucción masiva, no existen requisitos legales para su emisión, más allá de la determinación de la FDA de que dicha autorización es apropiada.
No hay estándares legales para la realización de ensayos clínicos.
No hay leyes que regulen los procesos de fabricación.
Solo 'creencias razonables' basadas en cualquier evidencia que esté disponible para la FDA en el momento en que toma su decisión".
De este modo, el Departamento de Defensa utilizó la infraestructura de los poderes de emergencia de guerra derivados de la Patriot Act para evadir los protocolos tradicionales de pruebas y seguridad.
Una vez que el Secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, invocó la PREP Act, el Departamento de Defensa y la FDA pudieron comenzar a distribuir las vacunas bajo la autorización de uso de emergencia.
Esto tuvo efectos posteriores críticos.
Cabe destacar que la FDA no exigió ningún dato de seguridad y eficacia de los ensayos clínicos para promulgar la autorización de uso de emergencia, y los ensayos clínicos relacionados con el proceso de autorización de uso de emergencia no estaban obligados a cumplir con ninguna norma regulatoria.
Sumado a la inmunidad casi total otorgada a los fabricantes de vacunas, todos los incentivos apremiaron a sacar al mercado una vacuna defectuosa.
En junio de 2021, el Sistema de Notificación de Efectos Adversos a las Vacunas de los Estados Unidos (VAERS, por sus siglas en inglés) daba cuenta de 4,812 muertes por la vacuna contra el Covid, así como 21,440 hospitalizaciones.
En enero de 2023, VAERS superó el millón de eventos adversos notificados por la vacuna contra el Covid, así como las 21,000 muertes (cuatro veces más defunciones que todas las registradas por VAERS en todos los demás informes sobre vacunas juntos desde 1990).
El 30% de esas muertes se produjeron en las 48 horas posteriores a la vacunación.
En los años siguientes, las agencias reguladoras y los estudios reconocieron tardíamente los daños causados por las vacunas, incluyendo,
Los ciudadanos estadounidenses lo notaron desde el principio: tenían una sensación de que la ley normal ya no estaba vigente.
En muchos países, toda la sociedad estaba viviendo algo parecido a la ley marcial. Había solo órdenes, no legislación. Las órdenes se presentaban a menudo como recomendaciones, pero se aplicaban como mandatos.
Las líneas de autoridad estaban revueltas, reinaba la confusión en todas partes y el miedo sustituía al juicio racional.
Nunca estuvo claro quién estaba al mando, y eso se hizo más evidente cuando el propio presidente Trump empezó a publicar en sus redes sociales sus deseos de volver a la normalidad.
¿No estaba él al mando?
En muchos sentidos, no:
los militares dirigían el espectáculo tras bambalinas, utilizando a las agencias de salud pública como tapadera.
De todas las dimensiones de la respuesta al Covid, esta es la que sigue estando menos explicada, menos explorada y menos entendida.
Ello se debe a que una gran cantidad de documentación, que abarca desde los confinamientos hasta las contramedidas llamadas vacunas, todavía permanece oculta bajo el manto de la clasificación.
Cómo el covid cambió nuestro inconsciente en el actual “paisaje de ansiedad” según Franco “Bifo” Berardi
En su último libro, “El tercer inconsciente”, el filósofo y escritor italiano y referente del movimiento autonomista de ese país analiza las repercusiones de la última pandemia y el confinamiento, así como el sufrimiento médico, económico, social y mental que generó. En un fragmento del libro que puede leerse a continuación, el autor explica su teoría a partir de Philip K. Dick y William Burroughs, dos autores que “soñaron el futuro”.
27 Dic, 2022
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¿Qué consecuencias tendrá en el inconsciente social la pandemia y el confinamiento? En "El tercer inconsciente", editado por CajaNegra, el filósofo y escritor italiano Franco "Bifo" Berardi habla de ansiedad, depresión, autismo y alexitimia.
La pandemia que, a principios de 2020, modificó por completo el rumbo del mundo -y cuyos coletazos continúan afectando a la población- trajo consigo una serie de cambios que, en su mayoría, todavía no pudieron ser desmenuzados y que seguirán siendo estudiados en los próximos años.
Uno de los intelectuales que, en la actualidad, se está ocupando de brindar algo de claridad al respecto es el escritor, filósofo y activista izquierdista italiano Franco “Bifo” Berardi. En su más reciente libro, El tercer inconsciente, editado por CajaNegra, el referente del movimiento autonomista italiano explora cómo el la aparición del covid -así como el “colapso catastrófico del capitalismo”- está dando paso a una tercera forma del inconsciente, después de las dos anteriores, expuestas por Sigmund Freud, primero, y Deleuze y Guattari después.
“El inconsciente es un ámbito sin historia, sin secuencialidad, sin antes y después: sería imposible escribir una ‘historia del inconsciente’. Pero es posible escribir una historia de la psicoesfera de una sociedad, y, en este sentido, es posible hablar de un ‘tercer’ inconsciente: la tercera forma que adopta el inconsciente en el medioambiente mental de la modernidad tardía (...), un futuro abierto que será moldeado por nuestra conciencia, por nuestra acción política, por nuestra imaginación poética y por la actividad terapéutica que seamos capaces de desarrollar durante esta transición”, escribe Berardi en el prólogo.
En este nuevo libro, escrito en plena propagación de las distintas variantes del covid, “Bifo” Berardi se propone esbozar una fenomenología del trauma en curso para anticipar los posibles paisajes psíquicos del futuro. ¿Qué consecuencias tendrá en el inconsciente, ya no el de cada uno sino aquel social, colectivo?
Afirma el autor: “La propagación del sufrimiento en la era pandémica (no solo del sufrimiento médico, sino también del sufrimiento económico, del sufrimiento social y, en último término, del sufrimiento mental) ya está alcanzando niveles tan intolerables que una forma de inmunización contra la emoción puede volverse dominante: el autismo y la alexitimia podrían introducirse en la psicoesfera como internalización del rechazo a sentir las emociones de los otros, y posiblemente también las emociones propias. Lo que describo en este libro no es un trayecto de mutación bien delineado, sino un campo de posibilidad magmático en un paisaje de ansiedad”.
William S. Burroughs y Philip K. Dick nunca escribieron una novela en colaboración. El director de cine inglés Ridley Scott cruzó sus destinos literarios cuando usó el título de una novela breve escrita por Burroughs –Blade Runner (a Movie), de 1979– como título para Blade Runner (1982), su película basada en la novela de Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968).
La película que representó el pináculo de la conciencia estética sobre la mutación tecnocultural en curso en los años ochenta del siglo pasado surgió así en el punto de intersección entre las imaginaciones de Burroughs y Dick. El tema de la novela breve de Burroughs es una extraña epidemia de un cáncer contagioso. Y la novela está ambientada en el mundo actual.
Después de los disturbios de 1984, a fines del siglo XX surge una nueva enfermedad que rápidamente comienza a propagarse. Este cáncer relámpago es una enfermedad fatal, pero también es capaz de dotar a sus huéspedes (siempre hombres, ya que las mujeres no existen en el imaginario de Burroughs) de una descomunal energía sexual. Aunque las instituciones médicas han prohibido su difusión, el cáncer relámpago circula por la ciudad en manos de los blade runners, que trafican con él igual que con otras drogas y antídotos.
El Blade runner de Burroughs es un texto delirante, y a pesar de la película que lleva su nombre sigue siendo un texto prácticamente desconocido por el gran público. Su delirio contiene una intuición que fue reutilizada por Burroughs en la novela gráfca Ah Pook is Here, publicada también en 1979: el lenguaje como una forma de infección viral y el virus como la metáfora cardinal para esa mutación que llamamos “cultura”. Ah Pook is Here concluye con una visión apocalíptica.
En Burroughs, el lenguaje puede ser visto como un virus que se estabilizó en tiempos remotos dentro del organismo del animal humano, se extendió por su interior y lo hizo mutar hasta transformarlo en lo que es ahora. En El ticket que explotó, escribe: “El hombre moderno ha perdido la opción del silencio. Intenta detener tu discurso interior subvocal. Intenta lograr siquiera diez segundos de silencio interior. Te encontrarás con un organismo reacio que te obliga a hablar. […] El lenguaje es un defecto genético sin inmunología”.
Los orígenes de la cultura, según Burroughs, pueden encontrarse en una infección de la mente y del medioambiente. Puede argumentarse entonces que el pasaje de la naturaleza a la condición cultural fue posibilitado por una infección viral. Este virus provocó un efecto esquizoide: una inclinación a construir universos ficcionales que no se corresponden con la experiencia perceptual inmediata, sino que trasmiten una arquitectura lingüística de sentido cuyos fundamentos no se hallan en ninguna parte, porque es solo la proyección de un mundo de lenguaje sobre la pantalla de la realidad exterior.
También el flósofo italiano Paolo Virno, en su libro Saggio sulla negazione [Ensayo sobre la negación] (2013), sugiere que el lenguaje funcionó como el salto evolutivo que instauró la búsqueda del sentido, y de ese modo puso en marcha la cadena infnita de malentendidos, contradicciones, diferenciaciones, confictos y guerras.
El escritor, filósofo, docente y activista izquierdista Franco "Bifo" Berardi es un referente del movimiento autonomista italiano. (Gettyimages)
Burroughs escribe:
Hemos observado que la mayor parte de los problemas de este mundo está causada por entre un diez o veinte por ciento de gente que no puede ocuparse de sus asuntos porque no tiene asuntos propios de los que ocuparse, no más de los que pudiera tener el virus de la viruela. Ahora bien, tu virus es un parásito celular obligado y yo opino que lo que llamamos mal es literalmente un virus parásito que ocupa una cierta área del cerebro que podemos denominar el centro RAZÓN.
Y también:
En estas cuevas los colonos blancos contrajeron un virus heredado por generaciones malditas que los convertiría en lo que es hoy una horrible amenaza para la vida sobre el planeta. Este virus este antiguo parásito es lo que Freud llama el inconsciente desovó en las cuevas de Europa sobre una carne ya enferma a causa de la radiación. Cualquiera que descienda de este linaje es esencialmente diferente de aquellos que no tuvieron la experiencia de la cueva no contrajeron esta enfermedad mortal que vive en tu sangre y huesos y nervios que vive donde solías vivir hasta que tus ancestros reptaron hacia sus cuevas inmundas. Cuando salieron de las cuevas eran incapaces de no meterse en asuntos ajenos. No tenían asuntos propios en que ocupar la cabeza porque ya no se pertenecían a ellos mismos. Pertenecían al virus. Tenían que matar torturar conquistar esclavizar degradar como un perro rabioso tiene que morder. En Hiroshima se perdió todo.
El lenguaje es el agente viral que hace posible la escisión esquizofrénica entre experiencia consciente y naturaleza biológica, al mismo tiempo que secreta el inconsciente, esa subhabla íntima y foránea sobre la que nunca tenemos pleno dominio y que a menudo se impone en nuestro comportamiento social. El virus lingüístico tiene un efecto cismogénico porque introduce un segundo mundo que diverge de lo que está presente inmediatamente: el universo cultural es un cisma de la naturaleza, una creación que es intrínsecamente autocontradictoria.
Si la arquitectura de Burroughs es esencialmente esquizofrénica, es también perfectamente complementaria con la arquitectura paranoica de Philip Dick.
Burroughs imagina una metrópolis distópica de enfermedad y toxicidad donde correos hacen circular drogas incesantemente por las calles y a través de los canales de los medios, manteniendo el sistema nervioso en un permanente estado de excitación y miedo: adrenalina electrónica.
Esta pesadilla burroughsiana suena prácticamente como una descripción del planeta después del fin de la pandemia de coronavirus y de la época de los confnamientos: medicalización de todos los fragmentos del sistema económico y bancarrota de las instituciones financieras y políticas.
Cualquier retorno al mundo normal parece imposible, ya que estamos dando el salto hacia una dimensión en la que el peligro pandémico se convierte en el núcleo de la economía y el orden político. Burroughs de nuevo: “En La revolución electrónica presento la teoría de que un virus es una unidad muy pequeña de palabra e imagen. […] Liberar a este virus de la palabra podría ser más peligroso que liberar la energía del átomo. Porque todo el odio, todo el dolor, todo el miedo, toda la lujuria están contenidos en la palabra”.
¿Qué podemos esperar después de la propagación del virus y después de la medicalización generalizada de la vida? ¿Una guerra planetaria entre las grandes corporaciones de investigación biológica y las instituciones políticas? ¿O, lo contrario, una santa alianza entre ingenieros biogenéticos y grandes finanzas?
Quién es Franco “Bifo” Berardi
♦ Nació en Bolonia, Italia en 1948.
♦ Es escritor, filósofo, docente y activista izquierdista.
♦ Es un referente del movimiento autonomista italiano.
♦ Escribió libros como El umbral, Autómata y caos y La segunda venida: neorreaccionarios, guerra civil global y el día después del Apocalipsis.
Retorno laboral y salud mental: Conoce el estudio de Mutual de Seguridad y las recomendaciones en esta materia
Ignacio Puebla, Psicólogo y Jefe del Departamento de Factores Humanos de Mutual de Seguridad, explica que la ansiedad se ha convertido en un denominador común entre los trabajadores.
24 de Marzo de 2022 | 17:37 | Patricio Gutiérrez, EED de Emol1
Con el objetivo de conocer cómo están enfrentando los trabajadores la actual etapa de la crisis sanitaria y el retorno al trabajo, especialmente en el foco de salud mental, Mutual de Seguridad presentó un completo estudio para abordar el escenario nacional y la percepción de riesgo que existe hoy en día.
La investigación, titulada “Pandemia y percepción sobre riesgos y preferencias en el retorno laboral 2022”, fue detallada por Ignacio Puebla, Psicólogo y Jefe del Departamento de Factores Humanos de Mutual de Seguridad, quien en entrevista con EmolTV destacó que si bien el gran porcentaje de los trabajadores ya regresó de forma completamente presencial (78% y solo un 22% de manera remota), lo cierto es que aún continúan sensaciones de estrés o cansancio.
“Un común denominador que siempre ha estado presente desde el inicio de la pandemia hasta el día de hoy ha sido la ansiedad. Se ha presentado de diferentes formas. En un comienzo se presentó como el miedo al contagio, pero también a contagiar a otros. También se presentó como el síndrome de la cabaña, el miedo a salir de la casa, pero hoy en día se ve la ansiedad de volver a retomar hábitos y rutinas que habíamos olvidado”.
En ese sentido enfatizó que “desde el punto de vista del bienestar psicológico es importante recordar que para las y los trabajadores tiene que ser paulatina y progresiva”.
Esto significa, complementó, “es importante ir retomando actividades o rutinas para que nos podamos volver sentir protegidos por las medidas de seguridad y apoyados por las jefaturas en las distintas organizaciones, tanto en empresas privadas como entidades públicas”.
Otras sensaciones y el índice en mujeres
Según destaca el estudio, a pesar de que Chile tiene más del 80% de la población vacunada y cuenta con un escenario favorable respecto a otros países, el Covid-19 sigue latente provocando un alto impacto en la salud mental de las personas.
Así lo reflejó la investigación que señala que durante la pandemia, la mayoría de las personas ha experimentado estrés, cansancio o agobio. Sensaciones que persisten en la actualidad a pesar del desconfinamiento y relajo en las medidas de restricción sanitarias. El 43% de los trabajadores aún se siente estresado.
En ese sentido las mujeres son las que presentan registros menos favorables. El 49,4% de las mujeres declara experimentar estrés, cansancio y agobio. Esta respuesta es específicamente en mujeres residentes de la Región Metropolitana, con hijos en clases remotas 2021 y trabajo presencial. Además, un 21,5% de ellas asegura sentir aburrimiento, y/o monotonía. Por otra parte, el 21,6% de las trabajadoras encuestadas siente temor, inseguridad e incertidumbre.
Por otro lado, un 23,5% de las mujeres que tiene una relación con el trabajo presencial o el trabajo hibrido, ha experimentado irritación, mal humor y frustración.
Al respecto Puebla explicó que existe un riesgo psicosocial llamado “la doble presencia, que la viven mucho más las mujeres y que tiene que ver con la carga que tienen con las labores del hogar, con los hijos, adultos mayores y además de eso la modalidad de trabajo que puedan tener”.
Al inicio de la nota puedes revisar la entrevista completa a Ignacio Puebla, Psicólogo y Jefe del Departamento de Factores Humanos de Mutual de Seguridad, quien también entrega recomendaciones para un adecuado retorno laboral y a la rutina.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEl temor que genera el contagio de una enfermedad puede hacernos cambiar psicológicamente. Pero ¿cómo?
Es muy extraño que la amenaza de una enfermedad ocupe gran parte de nuestro pensamiento como sucede en estos días.
Durante semanas, casi todos los medios tienen historias sobre la pandemia del nuevo coronavirus.
Los programas de radio y televisión tienen cobertura ininterrumpida sobre las últimas cifras de muerte y, dependiendo de a quién sigas, las plataformas de redes sociales están llenas de estadísticas aterradoras, consejos prácticos o humor negro.
Este bombardeo constante de información puede provocar una mayor ansiedad, con efectos inmediatos en nuestra salud mental. Pero el sentimiento constante de amenaza puede tener otros efectos más traicioneros en nuestra psicología.
Debido a algunas respuestas a las enfermedades que fueron evolucionando con los siglos, el miedo al contagio nos lleva a ser más conformistas y primitivos, y menos receptivos a la excentricidad.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEl sentimiento constante de amenaza puede tener otros efectos más traicioneros en nuestra psicología.
Nuestros juicios morales y actitudes sociales más conservadoras se vuelven más estrictas cuando consideramos temas como la inmigración o la libertad e igualdad sexual.
Los recordatorios diarios de enfermedades pueden incluso influir en nuestras afiliaciones políticas.
Los recientes informes de aumento de xenofobia y racismo pueden ser el primer signo de esto, pero si las predicciones de la investigación científica son correctas, pueden reflejar cambios sociales y psicológicos mucho más profundos.
Como gran parte de la psicología humana, estas respuestas a la enfermedad deben entenderse en el contexto de la prehistoria.
Antes del nacimiento de la medicina moderna, es muy probable que las enfermedades infecciosas fueran una de las mayores amenazas para nuestra supervivencia.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLas enfermedades infecciosas han estado dando forma a nuestra evolución durante millones de años, alterando nuestra psicología y nuestra fisiología.
El sistema inmune tiene algunos mecanismos sorprendentes para cazar y matar a esos invasores patógenos.
Desafortunadamente, estas reacciones nos dejan sintiéndonos con sueño y sin energía, lo que significa que nuestros antepasados enfermos no habrían podido realizar actividades esenciales, como la caza, la recolección o la crianza de los hijos.
Estar enfermo también es fisiológicamente costoso.
El aumento de la temperatura corporal durante la fiebre, por ejemplo, es esencial para una respuesta inmune efectiva, pero esto resulta en un incremento del 13% en el consumo de energía del cuerpo. Y cuando la comida escaseaba, eso habría sido una carga seria.
"Enfermarse y permitir que este maravilloso sistema inmunológico funcione es realmente costoso", dice Mark Schaller de la Universidad de Columbia Británica, en Vancouver, Canadá.
"Es como un seguro médico, es genial tenerlo, pero realmente apesta cuando tienes que usarlo".
Por lo tanto, cualquier cosa que reduzca el riesgo de infección en primer lugar debería haber ofrecido una clara ventaja de supervivencia.
El miedo al contagio nos hace más conformistas y menos receptivos a la excentricidad. Nuestros juicios morales se vuelven más estrictos y las actitudes sexuales, más coservadoras"
David Robson
La respuesta del sentido del gusto es uno de los componentes más obvios del sistema inmunitario de conducta.
Cuando rechazamos cosas que huelen mal o alimentos que creemos que no están limpios, intentamos instintivamente evitar el posible contagio.
La mera sugerencia de que ya hemos comido algo podrido puede llevarnos a vomitar, expulsando la comida antes de que la infección haya tenido la oportunidad de alojarse.
Investigaciones científicas sugieren también que tendemos a recordar más fuertemente el material que desencadena el asco, lo que nos permite recordar (y evitar) las situaciones que podrían ponernos en riesgo de enfermedad más adelante.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionLa respuesta del sentido del gusto ha evolucionado como una forma de evitar cosas que podrían enfermarnos, como una comida o bebida que se echó a perder.
Dado que los humanos son una especie social que evolucionó para vivir en grandes grupos, el sistema inmunitario de conducta también modificó las interacciones con las personas para minimizar la propagación de una enfermedad, lo que condujo a una especie de distanciamiento social instintivo.
Estas respuestas pueden ser bastante duras, ya que nuestros antepasados no habrían entendido las causas específicas de cada enfermedad o la forma en que se transmitieron.
"El sistema inmunológico de conducta funciona con una lógica de 'más vale prevenir que curar'", dice Lene Aarøe, de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca.
Esto significa que las respuestas a menudo están fuera de lugar y pueden ser desencadenadas por información irrelevante, alterando nuestra toma de decisiones morales y opiniones políticas sobre temas que no tienen nada que ver con la amenaza actual.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEl distanciamiento social suele ser instintivo si hay una amenaza de enfermedad.
Conformarse o irse
Varios experimentos han demostrado que nos volvemos más conformistas y respetuosos de las convenciones cuando sentimos la amenaza de una enfermedad.
Uno de ellos fue llevado a cabo por Schaller.
El especialista primero preparó a los participantes para que se sintieran amenazados por una infección, pidiéndoles que describieran un momento en que habían estado enfermos anteriormente y luego les dio varias pruebas para medir su tendencia a conformarse.
En una de ellas, propuso a los estudiantes un cambio en el sistema de calificación de la universidad y ellos debían votar colocando un centavo en un frasco marcado con la leyenda "de acuerdo" o "en desacuerdo".
Una mayor sensibilidad a la enfermedad llevó a los participantes a seguir a la mayoría y colocar su centavo en el frasco con la mayor cantidad de monedas. Fueron influenciados por la popularidad en lugar de ir contra la corriente con su propia opinión.
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El sistema inmunológico conductual funciona con una lógica de 'más vale prevenir que curar'".
Cuando se les preguntó sobre el tipo de personas que les gustaban, los participantes que estaban preocupados por la enfermedad prefirieron a las personas "convencionales" o "tradicionales", y tenían menos probabilidades de sentir afinidad con las personas "creativas" o "artísticas".
Aparentemente, cualquier signo de pensamiento libre, incluso de invención e innovación, se valora menos cuando existe el riesgo de contagio.
En los cuestionarios también es más probable que estén de acuerdo con declaraciones como "romper las normas sociales puede tener consecuencias nocivas e involuntarias".
Es posible que esos resultados parezcan bastante distantes de lo que vemos hoy en la televisión y la cobertura en línea de las noticias.
Pero los investigadores de la Universidad de Hong Kong también evaluaron a personas exponiéndolas a escenas de la película "Epidemia" o "Estallido" (Outbreak, en inglés), que podrían parecerse más a algunos de los informes periodísticos actuales.
Las imágenes alusivas de una pandemia los llevaron a valorar la conformidad y la obediencia sobre la excentricidad o la rebelión.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionCuando hay temor a una enfermedad, nos volvemos más vigilantes y nos convertimos en jueces del comportamiento del otro.
Vigilancia moral
¿Por qué el sistema inmunológico de conducta cambiaría nuestro pensamiento de esta manera?
Schaller argumenta que muchas de nuestras reglas sociales tácitas, como las formas en que podemos y no podemos preparar alimentos, la cantidad de contacto social que se acepta y no se acepta, o cómo deshacerse de los desechos humanos, pueden ayudar a reducir el riesgo de infección.
"A lo largo de gran parte de la historia humana, muchas normas y rituales cumplen esta función de mantener a raya a las enfermedades", asegura Schaller.
"Las personas que se ajustan a esas normas prestaron servicios de salud pública, y las personas que violaron esas normas no solo se pusieron en riesgo sino que también afectaron a otros".
Como resultado, es beneficioso ser más respetuoso con la convención ante un brote contagioso.
La misma lógica puede explicar por qué nos volvemos más vigilantes moralmente en un brote.
Los estudios demostraron que cuando tememos al contagio, tendemos a ser más severos cuando juzgamos un incumplimiento de lealtad (como un empleado que habla mal de su empresa) o cuando vemos a alguien que no respeta a una autoridad (como un juez).
Claro que esos incidentes particulares no harían nada para propagar la enfermedad, pero al ignorar la convención, han dado la señal de que pueden romper otras reglas más relevantes que existen para mantener a la enfermedad lejos.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionIncluso pensar en una situación como una pandemia puede hacer que las personas valoren la conformidad sobre la excentricidad.
Incluso los recordatorios extremadamente sutiles sobre la enfermedad pueden dar forma a nuestros comportamientos y actitudes.
Simplemente pedirle a la gente que se pare junto a un desinfectante de manos provocó que los participantes de un estudio expresaran actitudes más conservadoras asociadas con un mayor respeto por la tradición y la convención.
En el mismo estudio, el aviso de lavarse las manos llevó a los participantes a ser más críticos con los comportamientos sexuales no convencionales.
Perdonaban menos a una mujer que les dijeron que se masturbaba mientras sostenía su osito de peluche, por ejemplo, o a una pareja que tuvo relaciones sexuales en la cama de una de sus abuelas.
Miedo a los extraños
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionEl miedo al contagio de una enfermedad puede provocar prejuicios y xenofobia a las personas que consideramos distintas a nosotros.
Además de convertirnos en jueces más estrictos entre las personas dentro de nuestro grupo social, la amenaza de enfermedad también puede hacernos desconfiar más de los extraños.
Esas son malas noticias si estás empezando una relación amorosa.
Tanto en los perfiles de internet como en las reuniones cara a cara, Natsumi Sawada, de la Universidad McGill, en Canadá, descubrió que formamos peores primeras impresiones de otras personas si nos sentimos vulnerables a una enfermedad.
Otras investigaciones demostraron que las personas convencionalmente menos atractivas son juzgadas negativamente, tal vez porque confundimos sus características con un signo de mala salud.
Nuestra mayor desconfianza y sospecha también dará forma a nuestras respuestas a personas de diferentes orígenes culturales.
Según Schaller, esto puede surgir de esos temores sobre la no conformidad.
En el pasado, las personas fuera de nuestro grupo pueden haber sido menos propensas a observar las normas prescriptivas específicas que estaban destinadas a proteger a la población de la infección, por lo que temíamos que sin saberlo (o deliberadamente) propagarían la enfermedad.
Pero hoy, puede provocar prejuicios y xenofobia.
Derechos de autor de la imagenEPAImage captionDurante el brote de coronavirus la comunidad asiática en varios países denunciaron discriminación.
Aarøe, por ejemplo, descubrió que el miedo a la enfermedad puede influir en las actitudes de las personas hacia la inmigración.
Ella enfatiza que esto es parte del enfoque de "mejor prevenir que lamentar" del sistema inmunológico de conducta.
"Es una interpretación errónea" de señales irrelevantes que ocurre "cuando la mente evolucionada se encuentra con el multiculturalismo y la diversidad étnica de los tiempos modernos, que no fue un fenómeno recurrente durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva", explica.
Lidiando con covid-19
La influencia del sistema inmunológico de conducta varía de un individuo a otro. No todos se verán afectados en el mismo grado.
"Algunas personas tienen un sistema inmune conductual particularmente sensible que les hace reaccionar con demasiada intensidad a las cosas que interpretan como un posible riesgo de infección", detalla Aarøe.
Según varias investigaciones, esas personas ya eran más respetuosas de las normas sociales y más desconfiadas de los extraños que la persona promedio, y una mayor amenaza de una enfermedad simplemente endurece sus posiciones.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionTodavía no tenemos datos concretos sobre las formas en que el brote de coronavirus está cambiando nuestras mentes.
Todavía no tenemos datos concretos sobre las formas en que el brote de coronavirus está cambiando nuestras mentes, pero la teoría del sistema inmunológico de conducta ciertamente sugeriría que es probable.
Yoel Inbar, de la Universidad de Toronto, argumenta que sería un cambio relativamente moderado en la opinión general de la población, en lugar de una gran sacudida en las actitudes sociales.
El especialista encontró evidencia de cambio social durante la epidemia de ébola de 2014, que estuvo muy presente de las noticias internacionales.
En una muestra de más de 200.000 personas, las actitudes implícitas hacia los hombres homosexuales y las lesbianas parecieron disminuir ligeramente durante el brote.
"Fue un experimento natural en el que la gente leía mucho sobre las amenazas de enfermedades, y parecía que cambió un poco las actitudes".
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage caption¿Traerá el brote del coronavirus un cambio de actitud en los votantes en las elecciones de Estados Unidos?
Con las próximas elecciones estadounidenses es natural preguntarse si algo de esto podría influir en las preferencias de las personas por diferentes candidatos o sus reacciones a ciertas políticas.
Schaller especula que podría desempeñar un papel pequeño, aunque es escéptico de que sea un factor primordial.
"Los efectos más profundos pueden no tener nada que ver con (el sistema inmunológico de conducta), sino más directamente con la percepción de qué tan bien los funcionarios del gobierno responden o no a la situación", dice.
Incluso si estos cambios psicológicos no modifican el resultado de las elecciones a nivel nacional, vale la pena considerar cómo influyen en nuestras propias reacciones personales al coronavirus.
Ya sea que expresemos una opinión conformista, juzguemos el comportamiento de otro o intentemos comprender el valor de las diferentes políticas de contención, podríamos preguntarnos si nuestros pensamientos son realmente el resultado de un razonamiento racional, o si podrían haber sido moldeados por una respuesta antigua que evolucionó milenios antes del descubrimiento de la teoría de los gérmenes.