viernes, 22 de mayo de 2026

El agradecimiento es la memoria del corazón. // ¿Cómo hacer simples los cambios difíciles? // Aprender a aceptar, aprender a cambiar.

 

El agradecimiento es la memoria del corazón.


Sergio De Dios González

Escrito y verificado por el psicólogo Sergio De Dios González

Escrito por Valeria Sabater
Publicado: 05 junio, 2015 10:38
Última actualización: 05 octubre, 2023 02:40

El agradecimiento no es únicamente una actitud hacia la vida, es también saber reconocernos a nosotros mismos y a los demás con humildad y gratitud.


Ser agradecidos es más que una norma de cortesía. El agradecimiento es una forma de cruzar fronteras para llegar a un plano más emocional, personal e incluso espiritual.

¿Por qué no agradecer a la vida por formar parte de ella? ¿Por qué no reconocer a los demás por lo que son, y por esas facetas por las cuales, les queremos? Y más aún… ¿Por qué no agradecernos a nosotros mismos por nuestra entereza, valentía y superación?

Lo sabemos, en ocasiones no es nada fácil adentrarnos en el llamado “conocimiento del corazón”, ese que nos dejó intuir el mismo Lao Tse con la frase que da título a este artículo. Las personas vivimos casi cada día ancladas a este cerebro que nos guía por el camino más objetivo y racional, ahí donde habitan algunos rencores, algunas frustraciones…

“El agradecimiento es la memoria del corazón.”

-Lao Tse-

Los 4 pilares del agradecimiento

El sencillo acto de ser agradecidos, supone ya un modo de liberación personal. Es reconocer, es actuar con humildad y sin artificios, aprendiendo a valorar lo que de verdad es importante en la vida. Hablemos hoy sobre ello, ahondemos en el valor y el poder del agradecimiento.


1. Apertura emocional

¿Por qué hay tantas personas a las que les cuesta dar las gracias? Cuando hacemos cualquier cosa por alguien no esperamos “obligatoriamente” ese gracias que marca la cortesía y la buena educación.

Lo que de verdad buscamos es ser reconocidos, buscamos que se comprenda que nos hemos preocupado, que hemos invertido no solo tiempo, sino también parte de nuestras emociones.

Las personas que no practican el agradecimiento suelen presentar las siguientes características:

  • Negación emocional: evitan abrirse a los demás y actúan a menudo de modo desafiante o de forma autosuficiente cuando en realidad, carecen de una buena autoestima y son bastante frágiles en su interior.
  • Actúan con cierto egoísmo, practican la ingratitud y en ocasiones, hasta la soberbia.
  • El no reconocer a los demás, supone también no reconocerse a ellos mismos, por tanto son personas que carecen de habilidades emocionales.

Para practicar el agradecimiento, debemos ser capaces de abrirnos emocionalmente. Solo así podremos obtener conocimiento de nosotros mismos y los demás, a través de un corazón activo, fuerte y sincero.

2. La gratitud y el reconocimiento son los mejores regalos del ser humano

Pocos valores son tan poderosos como reconocer a nuestros semejantes mediante la gratitud. Es una forma universal de conocimiento y de unión, de unir vínculos. “Yo te reconozco a ti por lo que eres, por tus virtudes, por tu forma de ser, y te doy las gracias por formar parte de mi vida enriqueciéndola con tu presencia”.

3. Ser agradecido no es estar en deuda

Hay quien piensa que el simple hecho de recibir algo y de tener que dar las gracias, supone de inmediato quedar en deuda con esa persona que ha hecho una cosa determinada por nosotros. Si en tu interior queda esa sensación, la de esa obligatoriedad por devolver un favor, no estaremos practicando un agradecimiento libre, sincero y espontáneo.

El agradecimiento es una actitud que no exige obligaciones, es una forma de ser que trasciende todos nuestros actos.

Si tú  haces algo por tu hermano, o por tu amiga, no marcas una “x” en tu agenda, esperando que ese favor se devuelva un día u otro. Lo haces porque quieres y “porque reconoces” a esa persona como parte de ti, lo has hecho libremente y sin esperar nada a cambio.

Ahora bien, no esperaremos la vuelta de ese detalle, pero lo que sí deseamos es que se nos reconozca. Establecemos un lazo donde unos y otros formamos una misma entidad. Es casi como lo que nos trasmite la palabra “Namasté” (yo te saludo y te doy las gracias, te reconozco a ti como divinidad, que a la vez, forma parte de mi).

4.  La importancia del agradecimiento personal

Nos pasamos media vida agradeciendo cosas a los demás: la dedicación de nuestra familia, el altruismo de nuestros amigos, el cariño de nuestra pareja o el reconocimiento a esas personas que entran y salen de nuestra vida enriqueciéndola con sus pequeños actos.

Ahora bien, ¿te has detenido en alguna ocasión a agradecerte algo a ti mismo? ¿Piensas que es una actitud egoísta y algo desafinada? En absoluto. No importa que seas religioso, escéptico o espiritual, el autoreconocimiento no transige ninguna norma, sino que es un pilar básico con el cual, reforzar tu autoestima.


¿Qué tal si a partir de ahora actuamos de un modo más humilde y valoramos las cosas más sencillas de nuestra vida? Agradece a esa brisa fresca que te alivia en verano, a esa buena decisión que tomaste hace poco, da las gracias por tener a tu familia, a esa mascota que te dedica un amor eterno.

Da las gracias simplemente por existir, por estar bien, por comprender que no somos más que estrellas fugaces que vienen y van, y que solo buscan vivir la vida con la máxima plenitud. ¿Por qué no?

Fuente:  https://lamenteesmaravillosa.com/el-agradecimiento-es-la-memoria-del-corazon/

¿Cómo hacer simples los cambios difíciles?


Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 17 junio, 2021


Los cambios difíciles exigen una gran inversión de esfuerzos que, por lo general, no se ven compensados a corto plazo. El psicólogo B. J. Fogg propone cambiar la perspectiva: ¿por qué no apostar por lo pequeño y lo simple?
¿Cómo hacer simples los cambios difíciles?

Los cambios difíciles son también los que por norma se postergan de manera indefinida. La mayoría de las personas han pensado en hacer cambios que les producen una enorme pereza; son vistos como una cuesta de gran pendiente. Sabemos que en la cima habrá recompensa, pero nos cansa solo pensar lo que tenemos que hacer para llegar hasta ella. Nos apetece el resultado, pero poco o nada el camino.

A veces solo se necesita de un método eficaz. Tan importante como el propósito es el mecanismo que se utilice para conseguir esa transformación que se considera necesaria. Todo indica que la estrategia es tan relevante como el deseo de modificar algo.

El psicólogo B. J. Fogg, autor del libro Tiny Habits: The Small Changes that Change Everything (Hábitos diminutos: los pequeños cambios que lo cambian todo) estudió a fondo este tema. Así llegó a la conclusión de que cambiar es más fácil cuando descomponemos esta transformación en acciones simples. ¿Cuál es el camino? Lo veremos enseguida.

Cuando se trata de diseñar nuevos hábitos, puede comenzar con sus rutinas existentes y luego construir el hábito diminuto desde allí”.

-B. J. Fogg-

Mujer pensando en cambiar

Los cambios difíciles

J. Fogg es un prestigioso investigador que trabajó en el mundo del diseño. Estando allí descubrió que el desarrollo de nuevos productos a veces no avanzaba porque los encargados se concentraban más en lo complejo que en lo simple.

Después, este psicólogo obtuvo un puesto en la Universidad de Stanford. Allí siguió con sus investigaciones, encontrando resultados que apuntaban en la misma dirección. Fue el punto de partida para una teoría que desembocaría en un libro sobre cómo hacer simples los cambios difíciles. Hoy en día piensa que la simplicidad es una fuerza muy poderosa. ¿Por qué?

Las cosas simples no demandan demasiada energía ni motivación. Tampoco exigen un talento especial o un aprendizaje minucioso. Uno de los “secretos” para lograr grandes cambios está en segmentarlos hasta convertirlos en una cadena de modificaciones simples.

Dicho de otra forma, troceando la cuesta somos capaces de apreciar los descansillos o los momentos intermedios en los que podemos obtener pequeñas recompensas que refuercen nuestra motivación.

El poder de lo simple

Uno de los cambios difíciles de la vida tiene que ver con los hábitos. Estos se aferran de una forma impresionante a la vida y desterrarlos se vuelve una odisea. De igual modo, adquirir una costumbre sana requiere tiempo -si no la hemos adoptado hasta ahora, no es hacia el lugar al que nos lleva la inercia-. Por lo general, comienzas con mucho entusiasmo y al poco tiempo lo vas dejando, sin saber exactamente por qué.

J. Fogg dice que, por ejemplo, quitarle la maleza al jardín exige al menos cinco horas, en el mejor de los casos, por eso nunca se encuentra tiempo para hacerlo. En cambio, si la propuesta es invertir cinco minutos en ello cada día, existe una probabilidad más alta de que se cumpla.

El método Fogg está diseñado para facilitar los cambios difíciles. Lo que aconseja su creador es partir de la rutina tal y cada uno la tenga establecida. En la misma, se debe incorporar el nuevo hábito, poco a poco.

Si alguien quiere beber más agua para mejorar la digestión, lo adecuado no es que se proponga una rutina especial para hacerlo, sino que lo añada a alguna de sus actividades cotidianas. Por ejemplo, beber el agua mientras hace el desayuno.

Mujer bebiendo agua

El método

En realidad, cambiar una conducta simple no tiene problema. Los obstáculos aparecen en los cambios difíciles, por ejemplo, hacer ejercicio o dejar de fumar. ¿Qué hacer en esos casos? Fogg aconseja, en primer lugar, identificar el verdadero problema a solucionar.

Quizás lo que se desea no es exactamente abandonar el cigarrillo, sino respirar mejor y cuidar la salud. Lo que sigue es cultivar hábitos diminutos para lograr ese propósito. Tal vez hacer ejercicios de respiración por tres minutos o abstenerse de fumar el primer cigarrillo antes de determinada hora. Una vez incorporado ese pequeño hábito, se puede pasar al siguiente.

Por supuesto, esto lleva más tiempo, pero ¿hay prisa? Finalmente, con cada hábito que consigamos incorporar lo que lograremos será ganar tiempo y salir de ese esquema de postergación eterna. Lo único importante es que cada uno se fije metas tan pequeñas y poco exigentes que esté seguro de poder cumplirlas sin abandonar.

Fogg también señala que la tecnología es una buena aliada en estos esfuerzos. Las aplicaciones o programas que establecen recordatorios, motivan o ayudan a llevar los récords, aportan un impulso adicional y contribuyen a no cejar en el empeño. Vale la pena intentar la vía de los hábitos diminutos para avanzar hacia esas grandes transformaciones que se han pospuesto.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/como-hacer-simples-los-cambios-dificiles/

Aprender a aceptar, aprender a cambiar


Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Escrito por Equipo Editorial

Última actualización: 30 junio, 2019

Aprender a aceptar, aprender a cambiar

No hay nada permanente, excepto el cambio” (Heráclito)

A menudo, nos surgen situaciones en la vida en las que no sabemos como actuar y nos movemos entre aceptar lo que nos sucede o por el contrario, evitarlo o incluso, negarlo. Pero, ¿qué es lo que más nos beneficia?

La respuesta sería aceptar aquello que se nos presenta.  Cualquier situación en la que la vida o las relaciones nos sorprenden, tenemos que aprender a aceptarla. Si nos resistimos o negamos, tan sólo se harán más fuertes esos pensamientos en nuestra cabeza, adquiriendo una mayor relevancia.

Aceptar es sinónimo de afrontar y contrario de evitar

 

Afrontar una situación es buscar soluciones, es aprender a vivir con la situación de la mejor manera posible, y ser feliz con ello.

Cuando hablamos de aceptar, nunca consideramos que evitar sea una solución, ya que la evasión nos aleja de la realidad, mirando hacia otra dirección, sin afrontar ni resolver lo que nos corresponde. Además, aceptar es el primer paso para que más adelante haya un cambio.

¿Qué diferencia hay entre la aceptación y la resignación?

 

Aceptar es encontrar el equilibrio para ser feliz con lo que nos toca vivir, es encontrar la fórmula para solucionar, mejorar, adaptarse, respetar y ver el lado positivo de la situación. Es comprender las cosas tal como son.

Sin embargo, la resignación es vivir con esa situación molesta, porque no nos queda más remedio, llevando lo mejor posible el sufrimiento, y aguantando lo que nos ha tocado vivir.

La respuesta es aceptar siempre. Ahora bien, es conveniente no confundir la aceptación con la resignación, como explicábamos antes, ya que resignarnos sería asumir la situación desde la pasividad del sufrimiento, y sin embargo, aceptar supone ser parte activa de la situación que aceptamos, es decir, que parte de la aceptación, en muchas ocasiones es la toma de decisiones y ésta conlleva, a veces, el cambio.

Aprender a aceptar es aprender a cambiar

 

Como hemos dicho, aceptar es siempre el primer paso, para adaptarnos de la mejor forma a la situación que nos sobrevino.

Con ello, nos sentiremos mejor con nosotros mismos y con la situación, aprenderemos a llevarla bien, por ejemplo, sin sufrimiento, sin desbordarnos, viéndonos capaces, con herramientas, aptitudes positivas y respeto por las demás personas implicadas.

Sin embargo, es posible, que fruto de la superación y del descubrimiento personal, llegue el momento de plantearse la propia vida, su forma de vivir, las relaciones interpersonales , de pareja, laborales, etc… Y es entonces el momento del cambio, desde la aceptación, con la satisfacción de haberlo sabido llevar, llega el momento de plantearse la vida personal.

Por ejemplo, cuando una relación de pareja va mal, debido a la incompatibilidad de ambos miembros, el primer paso es la aceptación de cómo es la otra persona, con ello, desaparecen los reproches, la falta de respeto y el intento de que la otra persona cambie.

Cuando aceptamos, nos damos cuenta de cuál es la realidad, y respetamos más y mejor las diferencias, afrontándolas desde la tranquilidad. Y por ello, llegado a éste punto de aceptación, surge el siguiente aprendizaje, el de la decisión del cambio.

Cuando aceptamos la situación, no luchamos contra la situación por cambiarla, sino que tomamos decisiones de cambio personal, planteándonos la propia vida, y la de la pareja. Mientras que cuando evitamos, no aceptamos ni afrontamos la situación, es decir, el problema sigue estando, aunque escondido.

Cuando tomamos decisiones de cambio, es porque, una vez aceptada la situación, decidimos que no es así como queremos vivir, y sin pretender cambiar la situación ni a las personas, somos nosotros quienes cambiamos el rumbo de nuestra proyección de vida.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/aprender-a-aceptar-aprender-a-cambiar/