lunes, 25 de mayo de 2026

La soberbia, la trampa del amor propio. // ¿Cómo es una persona soberbia y cómo reconocerla? 12 características.

 

La soberbia, la trampa del amor propio.


En la soberbia hay grandiosidad, altanería y egocentrismo, pero también inseguridades, miedos y vacíos. Se trata de una trampa del amor propio que deja ciegos a quienes entran en su juego.

Gema Sánchez Cuevas

Escrito y verificado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas

Publicado: 29 marzo, 2020 06:36
Última actualización: 14 febrero, 2024 15:32


Hay personas que se creen todopoderosas, muy por encima de los demás y que creen siempre tener la razón. Son aquellos que sienten tanta pasión por sí mismos que todo se les queda pequeño, nadie les puede enseñar o mostrar nada, pues ya “lo sabían”.

Sus oídos están cerrados y sus ojos están ciegos para todo aquello que no tenga que ver con ellos. Están tan concentrados en sí mismos que se pierden todo lo demás, aunque no son conscientes de ello.

Su apariencia es de seguridad, pero no hay nadie más inseguro que aquel que se cree poseedor de la verdad. En realidad, lo que les ocurre es que están llenos de soberbia. Profundicemos.

“La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”.

-Francisco de Quevedo-



¿Qué es la soberbia?

Según el psiquiatra Enrique Rojas, la soberbia es la pasión desenfrenada sobre uno mismo, la trampa del amor propio, la falta de humildad y de lucidez.

Se trata de un sentimiento de valoración en el que la persona concentra su foco de atención en ella misma porque se considera excelente, única y muy por encima de los demás.

La soberbia es considerada como uno de los pecados más graves por el cristianismo. Además, ya en la antigua Grecia se hablaba de ella bajo el término hybris. Con él se referían a cuando una persona se crecía y desafiaba la voluntad de los dioses, es decir, cuando intentaba transgredir los límites de su humanidad y recibía por ello un castigo divino. Como ejemplo de actitudes ensoberbecidas podemos citar a Edipo o Prometeo.

Quien tiene soberbia se adora a sí mismo, se idolatra, sin embargo también ignora que ser soberbio es fuente y origen de muchos problemas.

Desde la psicología y la filosofía, se establece una distinción difusa entre la soberbia y el orgullo. Algunos conciben a este último con un sentido más positivo y emocional desde el que podemos valorarnos y valorar a los demás y que a veces es fácil de disimular; mientras que la soberbia es concebirse a uno mismo como superior a los otros por el hecho de ser sí mismo, razón por la que además le deben respeto y admiración.

En la soberbia, los otros no existen. Ahora bien, quien no tenga cuidado con su orgullo puede ir más allá y acabar cultivando actitudes soberbias.

Así, la soberbia es amiga del orgullo, la vanidad, las ansias de poder, el narcisismo y el egocentrismo. Todo le queda pequeño. Quien tiene soberbia tan solo está centrado en sí mismo, no da valor a las opiniones de los demás porque está ciego; sin embargo, sí que necesita un feedback constante sobre la imagen que están proyectando a los otros. Lo que ocurre es que las estrategias que pone en marcha para recibirlo son muy sutiles.

La inseguridad de la soberbia

“La soberbia no es grandeza, sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”.

-Leonardo Murialdo-

Lo característico de la soberbia es que además de ser ilusoria y rimbombante es un disfraz que encumbre a la inseguridad, la falta de confianza en uno mismo y el sentimiento de inferioridad. Aunque en muchas ocasiones también se da de forma enmascarada.

Tanto en una como en otra, la persona permanece ciega ante sus errores porque está atrapada por sus aires de grandiosidad. Una excelencia que esconde un profundo temor a la carencia y a ser menos que los demás y que trata de sobrevivir y ser querida.

Así, detrás de la soberbia hay miedo: miedo a no ser capaz, a no ser bueno, suficiente o reconocido. Y ante la incapacidad de asumirlo, de aceptar esos temores y heridas, se maquillan. Por esta razón, la soberbia sirve para “equilibrar” esos vacíos y como mecanismo de defensa porque ayuda a rechazar antes que ser rechazado.

Así, quien es soberbio no suele admitir sus errores porque hacerlo le recuerda que no es tan perfecto como pensaba y como consecuencia será muy difícil que pida perdón porque considera que nunca se equivoca. Al igual que también piensa que lleva la razón porque incurre en la falacia de la autoridad.

No obstante, al soberbio le importan mucho la opinión y la atención de los demás, aunque se muestre indiferente, por lo que lleva a cabo ciertos comportamientos para obtenerlas.

Como vemos, la autoestima de la persona soberbia se encuentra desinflada, es muy baja, porque está llena de inseguridad, pero la oculta bajo un disfraz de altanería. Por esta razón, cuando se sienten atacados, suelen enfadarse, perder el control, descalificar, ponerse a la defensiva o dejar de hablar durante un tiempo. Tienen la madurez emocional de un niño.

La soberbia no es más que una barrera defensiva para evitar que los demás intuyan los miedos, las inseguridades, las debilidades y las flaquezas del carácter.

El antídoto para la soberbia: la humildad

“Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría”.

-Salomón-

Ante la soberbia, se recomienda humildad: aprender a llevar una vida más sencilla en la que predomine el valor de lo importante, como el amor, la sencillez y la generosidad. Sin embargo, existe un paso previo y es el hecho de reconocer y aceptar que se es soberbio. De lo contrario, es imposible que esta se suavice o comience a desaparecer.

Una vez aceptada, se trata de ser honesto y sincero con uno mismo: ¿a qué temo? ¿qué es lo que me duele qué ocurra? ¿qué me genera sufrimiento? ¿para qué necesito ser reconocido como el mejor o el más válido?

Además, también es importante cambiar la dirección del foco: ya no solo existe uno mismo, sino también están los otros. Hay que relativizar la importancia propia y saber mirar a los demás.

Para ello, es importante trabajar la empatía, ese saber ponerse en el lugar del otro, aprender a recibir críticas y aceptar los errores y los defectos propios.

Se trata de, poco a poco, ir deshaciéndose de ese disfraz protector que tantos años se ha llevado puesto pero que, a su vez, tanto daño ha hecho. Es bajar la guardia, reconocer las propias limitaciones, y olvidar eso de hacerse tan grande, porque en realidad no se es tan pequeño. 

Fuente:  https://lamenteesmaravillosa.com/la-soberbia-la-trampa-del-amor-propio/

¿Cómo es una persona soberbia y cómo reconocerla? 12 características.


Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater

Publicado: 28 enero, 2025 17:00

El perfil soberbio tiene hambre de poder y busca siempre dejarte en desventaja. Usarán el cinismo para devaluarte, pero tras esta conducta se esconde el fantasma de la baja autoestima.




Puede que convivas o pases mucho tiempo con alguien soberbio (tal vez tu madre, tu jefe o un compañero de trabajo). Son presencias que hieren, que colapsan tu equilibrio mental con sus aires de superioridad y arrogancia persistente. Pero es interesante saber que bajo la coraza de una persona con características propias de la soberbia se oculta con frecuencia un ejército de inseguridades.

Si bien es cierto que tales perfiles resultan amenazantes, comprender la anatomía de su comportamiento siempre ayuda. Al fin y al cabo, al desgranar los componentes que edifican tales fachadas logras manejarlos mucho mejor. Y, en este caso, aún es más importante porque vivimos en una sociedad donde las personalidades soberbias suelen ascender más escalafones. Enseguida, te describimos los rasgos más comunes.

1. «Soy mejor que tú» (sentido de superioridad)

Alguien soberbio habla un tipo de lenguaje particular que no deja indiferente a nadie. Su idioma es el de la arrogancia y la altanería, conjugando la idolatría a sí mismos con el desprecio a los demás. Necesitan devaluarte para reforzar su sentido de superioridad. Además, su prepotencia y su orgullo son tan acusados que, en ocasiones, pueden parecer hasta estrambóticos.

El problema es que carecen de autoconciencia y actúan casi siempre a través de sus mecanismos de defensa. Necesitan subestimar al otro para reforzarse, para hacer ver a la galería que su inteligencia y habilidades son únicas y extraordinarias. Ahora bien, cabe la posibilidad de que sí sean buenos/as en algo muy concreto, tal vez tengan grandes dotes comunicativas, pero extrapolan una virtud a toda su personalidad.

Ejemplo: Luis es un colega tuyo del trabajo que demuestra una actitud soberbia cuando corrige las ideas de los demás en una reunión, insistiendo en que solo su perspectiva es válida. Esta conducta dificulta trabajar en equipo y genera resentimiento.

2. «Reconóceme» (necesidad de validación)

El soberbio no es nadie si no lo validan. Te necesitan como «suministro» para alimentar su autoestima, para reforzar su ego y sostener su autoimagen. El problema es que no siempre reciben el reconocimiento que necesitan y esto puede desembocar en una conducta desagradable. Pueden reaccionar con frialdad y hasta con críticas directas.

Ejemplo: Laura sube fotos sobre sus éxitos como deportista en Instagram, esperando recibir muchos likes y comentarios positivos. Sin embargo, cuando no obtiene la validación esperada, se siente irritada durante todo el día y desprecia a sus seguidores en redes sociales.

3. «No me importas» (baja empatía)

Las características de una persona soberbia definen a alguien con un nivel de orgullo desmedido combinado con una baja empatía. Son quienes priorizan sus necesidades, que solo dan por válidos sus puntos de vista y sus opiniones. Los demás, solo son ruido de fondo en sus mentes arrogantes y, algo así, dificulta por completo que tengan relaciones sociales de calidad.

La arrogancia y la soberbia son dimensiones donde se suele ignorar el sufrimiento ajeno. Como bien señalan en un estudio divulgado en Review of General Psychology, son rasgos que causan muchos problemas interpersonales. El coste emocional que supone convivir con alguien así puede ser inmenso.

Ejemplo: Un jefe soberbio exige el cumplimiento de plazos imposibles, sin considerar el estrés y la sobrecarga que provoca en su equipo. Cuando alguien expresa su agotamiento, este hace comentarios despectivos y sarcásticos, demostrando su incapacidad para reconocer la experiencia emocional de los demás.

4. «No me corrijas» (no aceptan críticas)

Una de las particularidades de las personas soberbias es su resistencia a la hora de aceptar críticas. Son como dardos a su identidad, a la coraza dorada de su ego desmedido. Perciben las observaciones constructivas como ataques a su valía, reaccionando a la defensiva o incluso con agresividad. Esta actitud limita su capacidad de aprendizaje y, una vez más, genera tensiones en su entorno.

En la revista PloS One señalan que es muy frecuente considerar que alguien es arrogante cuando rechaza un consejo. No obstante, la persona soberbia encierra una hostilidad más acusada, no solo le incomoda que le corrijamos o le hagamos una sugerencia. Procesan estas situaciones como una afrenta y siempre verás que reaccionan con hostilidad.

Ejemplo: Ernesto es investigador en un departamento. Es una persona brillante, pero su soberbia genera muchos problemas entre sus colegas. Es casi imposible sacar adelante ningún proyecto porque no acepta indicaciones, sugerencias o ideas por parte de sus compañeros de laboratorio.

5. «Soy el centro del mundo» (monopolio de la atención)

Las personas soberbias necesitan dominar las conversaciones y ensalzarse explicando sus experiencias y logros sensacionales. Les molesta que otros aporten su opinión o que tú generes de pronto mayor interés en una reunión. En sus universos mentales, estos hombres y mujeres necesitan monitorizar las miradas, el interés, la atención y la admiración… Y buscarán lograrlo infravalorándote.

Ejemplo: Lucas adora las fiestas y reuniones. En ellas se pasa todo el tiempo hablando de sus éxitos profesionales, procurando obtener toda la atención. Pero si en un momento alguien te pregunta cómo te va todo, él reaccionará con molestia desviando la conversación para que todos se centren en él, y tú quedes en un segundo plano.

6. «Quiero ser el mejor» (elevada competitividad)

Entre las características de una persona soberbia está su tendencia a la competitividad. Este rasgo es frecuente entre muchos líderes. De hecho, tal y como señalábamos al inicio, es habitual que quienes logran puestos más altos sean más soberbios, arrogantes y competitivos.

La necesidad de destacarse y ser el mejor en todo les impulsa a competir hasta en situaciones donde no es necesario. Este comportamiento les permite, eso sí, alcanzar cargos altos, pero a menudo lo consiguen de forma poco ética e irrespetuosa.

Ejemplo: Durante una conversación sobre viajes con un compañero de trabajo, ves cómo de pronto convierte ese diálogo en una competencia, para destacar cuántos destinos exclusivos ha visitado más que tú. Esto te genera incomodidad y, al final, optas por guardar silencio para no entrar en ese juego sin sentido.

7. «No a la vulnerabilidad» (desprecio por la humildad)

Lo contrario de la soberbia es la humildad. Por ello, estos individuos ven en la conducta respetuosa, solidaria y empática una muestra de debilidad absoluta. En sus cerebros solo dan valor a la cultura de la arrogancia y de la ambición. Estamos ante perfiles con quienes es imposible construir vínculos de confianza y seguridad, puesto que desprecian toda muestra de vulnerabilidad.

Ejemplo: Carlos siempre ha criticado a su hija Julia por su carácter sensible y solidario. Se burla de su trabajo como asistente social y le dice que debería ser más competitiva y aspirar a un trabajo como el suyo, ser abogado y demostrar su mismo carácter e inteligencia.

8. «Lo que escondo bajo mi armadura» (baja autoestima)

No caigas en la trampa ni te dejes engañar. Una de las características de la persona soberbia es la baja autoestima y su inseguridad. Todo lo que tiene es una fachada revestida de mecanismos de defensa. Le asusta que el mundo descubra que no es tan competente como hace creer a los demás. Y lo que es peor: es alguien muy dependiente, ya que no podría sobrevivir sin la validación externa.

Ejemplo: Ana era la gerente de una empresa de moda. Mientras dirigió ese negocio su felicidad era absoluta, porque tenía la admiración de los clientes y ejercía el control de sus empleados. Se hacía lo que ella ordenaba y nadie le llevaba la contraria. Cuando el negocio entró en crisis, cayó en una depresión por esa falta de poder y de afirmación externa.

9. «Yo solo me valgo» (no colaboran)

Las personas soberbias no son colaborativas. No escuchan, son alérgicas a la comunicación empática y prefieren el mando. Todo esto hace que resulte un suplicio colaborar con ellas o tener que llevar algún proyecto en común. El orgullo les impide mostrarse abiertas y capaces de llegar a acuerdos, con lo cual, estos perfiles boicotean la convivencia en cualquier escenario, tanto personal como laboral.

Ejemplo: El padre de Marta empieza a ser dependiente y todos los hermanos deben ponerse de acuerdo para atenderlo y repartir los cuidados. Pero el hermano mayor, que siempre ha sido muy soberbio, insiste en que él ya ha hecho mucho por la familia y que esa labor debe recaer sobre los demás.

10. «No autorreflexiono» (nula autonciencia)

La autoconciencia nos permite valorar lo que hacemos para autorregularnos y ser mejores. Pero la persona que no sitúa la mirada en su interior para comprenderse, se vuelve cada vez más arrogante. No es consciente de sus limitaciones, de sus fortalezas o de sus defectos. Es como vivir con un filtro de negación constante con el que asume que todo lo que se hace es correcto y ético.

Entonces, una de las características de la persona soberbia es el temor a mirar qué hay dentro de ella. Sabe que tiene limitaciones y le asusta darse cuenta de que no es tan excepcional como hace ver a los demás. Por ello, evita reflexionar y desarrollar esa competencia de bienestar que es la autoconciencia.

Ejemplo: Rebeca no entiende por qué su pareja la ha dejado. Prefiere echarle la culpa a él, antes de hacer un acto de reflexión para comprender que su conducta y actitud arrogantes, hicieron que ese vínculo estuviera abocado al fracaso casi desde el inicio.

11. «Todo lo hago bien» (no admiten errores)

Uno de los rasgos más frustrantes de los soberbios es su incapacidad para admitir sus errores. Esto implicaría atentar contra su escafandra de protección, contra esa fachada de orgullo y perfección absoluta a la que se aferran para sobrevivir. En consecuencia, cuando cometen un fallo, desvían la atención o, lo que es peor, cargan la culpa sobre los demás.

Ejemplo: Juan es el responsable del departamento publicitario de su empresa. Hace poco invirtió una gran cantidad de tiempo y recursos para crear un anuncio, siguiendo una estrategia errónea y poco original. Ahora, tras el fracaso, vuelca la responsabilidad en su equipo, no en él.

12. «Voy a estallar» (la ira cuando las cosas van mal)

Otra de las señales más reveladoras de la soberbia es la ira  y los enfados explosivos cuando algo les frustra. En estas mentes orgullosas suelen haber una idea rígida de cómo quieren que sean las cosas. El detalle está en que, cuando la realidad no se alinea con sus expectativas, estallan. Lo hacen además de manera infantil, como niños pequeños incapaces de regular sus emociones y sus impulsos.

Ejemplo: Sandra esperaba que el ascenso en su empresa fuera para ella, no para su compañera Mónica. Al enterarse de la noticia, es incapaz de controlar su ira y no duda en escampar rumores malintencionados sobre cómo su colega de trabajo ha podido lograr ese cargo.

Cómo protegerte de una persona con características de la soberbia

Si tienes cerca a alguien soberbio tu salud mental puede verse afectada. Para salvaguardar tu bienestar, procura mantener las distancias y limitar el trato. Asimismo, no dudes en ejercitar tu asertividad, en responder con calma, pero con firmeza, sin permitir que las críticas o su desdén dañen tu autoestima.

Por otro lado, es importante que protejas tu equilibrio emocional. Sobre todo después de pasar tiempo junto a estas personas. Para ello,  apóyate siempre en tus figuras más enriquecedoras, en esa pareja, amigos o familiares que actúan como tu lugar seguro en el día a día. Recuerda además que, de estas personas soberbias, nunca obtendrás el respeto que mereces y que rara vez cambiarán.

La soberbia también puede habitar en uno mismo

La soberbia no es sólo un defecto de carácter. Es una fuerza destructiva que causa estragos allá donde va. Ahora bien, ten en cuenta que todos, de algún modo, albergamos ciertas pinceladas de esta característica. Son pequeñas gotas que, de vez en cuando, dejan asomar cierta arrogancia inconsciente. Tal vez cuando deseamos ser el centro de atención o el orgullo nos domina en exceso.

Lo importante es darse cuenta de este patrón actitudinal. También, entender que la soberbia daña, deja a flote nuestra peor versión y, por si no fuera poco, destruye la armonía relacional. Seamos capaces de construir escenarios más nutritivos y menos hostiles, espacios dominados por la compasión y no por el orgullo o los egos desmedidos.

Fuente:  https://lamenteesmaravillosa.com/caracteristicas-de-una-persona-soberbia/