lunes, 27 de julio de 2026

El Arte de la Deshumanización...o cómo Justificar Guerras "sin sentirnos mal". //Por qué los bancos aman la guerra?.


por Alberto Rodríguez García
18 Enero 2019

del Sitio Web ActualidadRT

 

 

Alberto Rodríguez García,

periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.

 

 

 

 


Imagen ilustrativa

Khalil Ashawi / Reuters
 

 


Individualizar al adversario en un único enemigo repitiendo pocas ideas constantemente.

 

Estos eran dos de los 11 principios que desarrolló en su momento el principal propagandista de la Alemania nazi Joseph Goebbels para lograr persuadir y adoctrinar a la población.

De este modo logró justificar invasiones y deshumanizar a los judíos hasta el punto de legitimar el holocausto.

Los medios, hoy, son sus mejores aprendices.

La deshumanización del enemigo no es nada nuevo. Ya se hacía hace siglos como una forma de reivindicar a 'la tribu' cuando se enfrentaba a otra.

 

Es un mecanismo de autodefensa, una forma de deshacerse de implicaciones morales y auto-justificarse a la hora de hacer daño a terceros.

A un león cuando quiere reivindicar el control de la manada no le supone ningún problema devorar a los cachorros del rival una vez lo ha derrotado.

 

Precisamente que nosotros seamos capaces de definir la crueldad y sentir si una acción está bien o mal en el plano ético es lo que nos diferencia a los 'humanos' de los 'animales'...

 

 

"La primera batalla

la libran los medios de masas

polarizando a la población

hasta que no sienta nada más

que desprecio por un enemigo

convertido en un demonio".

 

 

Una persona común se enfrenta a una contradicción ético-moral cuando agrede a otra, y por eso siempre necesita buscar una justificación ya sea amparándose en la autodefensa, en la lucha por una causa justa, en la ilusión de una posterior gloria… y es ahí, explotando esa necesidad de justificarse donde entra en juego la propaganda para legitimar los conflictos modernos.

En las nuevas guerras híbridas la lucha es en el frente pero también en el terreno de la desinformación...

La primera batalla la libran los medios de masas polarizando a la población hasta que no sienta nada más que desprecio por un enemigo convertido en un demonio.

Eliminar el componente humano de una persona y convertirla en un monstruo caricaturesco facilita el excluirla de nuestra esfera moral.

 

Su muerte lejos de ser digna de luto, es hasta una necesidad a cambio del "bien común"...

 

De este modo encontramos en la prensa que,

  • Kim Jong-Un es un neurótico paranoide

  • Bashar al-Assad un despiadado genocida

  • Nicolás Maduro un loco delirante

  • Putin un hombre de hielo

Y de este modo, la prensa celebró el asesinato a sangre fría de Muamar Gaddafi.

 

 

"Cuando la prensa habla

de bombardear países o imponer sanciones,

siempre lo hacen bajo la premisa

de una supuesta lucha contra la tiranía,

ignorando por completo a la población

que realmente sufre estos ataques"...



Y después de crear un tirano, un enemigo de película digno de ser aborrecido por todos, solo queda individualizar a todo un país de millones de personas entorno a esa figura.

  • Siria son el mukhabarat y "el ejército de Assad" compuesto por máquinas de matar enloquecidas

     

  • Rusia es la causa de todos nuestros problemas

     

  • Irán es el terror chií y la amenaza a nuestra democracia a más de 6.000 kilómetros de distancia y una invasión algo legítimo.

El mayor ejemplo del daño que provoca esta demonización lo tenemos en el pueblo serbio, que todavía hoy se utiliza como ejemplo de los peores males.

Cuando la prensa habla de bombardear países o imponer sanciones, siempre lo hacen bajo la premisa de una supuesta lucha contra la tiranía, ignorando por completo a la población que realmente sufre estos ataques.

 

Leyendo la prensa de masas occidental, las sanciones impuestas a Irán son "contra los Ayatolás", aunque nunca se menciona a los 81 millones de personas que las sufren.

 

La invasión de Siria dicen que es para derrocar al régimen, aunque no ha provocado más que un reguero de sangre con medio millón de víctimas.

Nos hablan de la acción, pero nunca nos explican las consecuencias.

Y cuando no se pueden seguir ocultando, sencillamente, los propagandistas "se sorprenden" y hablan de ello como si fuese algo que pasa porque sí.

Como el caso de Libia, donde preocupa la situación humanitaria pero nunca se habla de qué llevó al país a la situación actual.

Las personas no importan.

 

Cuando explicas países en base a una única persona, todo es mucho más fácil.

Se pueden justificar las acciones más deleznables porque son contra "el malo" de la película.

 

Se puede justificar el bombardeo de población porque no se hace contra personas sino contra ideas.

 

Angela Merkel no se despeinaba al decir que era "necesario y apropiado" bombardear Siria.

 

Acción que también apoyaba el Primer Ministro de Canadá Justin Trudeau.

 

El 72% de los estadounidenses está a favor de realizar operaciones dentro de Siria que violan el Derecho Internacional.

 

El 52% de los estadounidenses está de acuerdo con que hay que limitar la capacidad aérea del gobierno sirio.

Se creen con algún tipo de 'potestadpara decidir qué hacer en un país que ni saben situar en el mapa.

 

Y lo peor es que se creen con la autoridad de pedir el derrocamiento de un régimen que la población ha elegido en múltiples elecciones.

 

 

"La propaganda ha generado

paranoia colectiva respecto a Corea del Norte (…),

pero desde 2001 EE.UU. ha intervenido

en Afganistán, Irak, Pakistán, Kenia,

Somalia, Libia, Uganda, Siria y Yemen:

Corea del Norte jamás ha invadido un solo país".

 

 

Pero no solo es algo que pasa en Siria.

 

La propaganda ha generado paranoia colectiva respecto a Corea del Norte, presentándola como un peligro para la seguridad internacional junto con Irán.

 

Desde 2001 Estados Unidos ha intervenido de forma directa y oficial en,

Corea del Norte jamás ha invadido un solo país...

 

Pero mientras Obama se convertía en una figura referente y recibía el premio Nobel de la paz, el peligro para la humanidad era una Corea del Norte deformada donde al parecer solo están los soldados desfilando con ojivas nucleares y Kim Jong-Un.

 

Visto así, nadie tendría remordimientos por masacrar un país con 25 millones de habitantes.

 

Parece que Maduro es un inepto porque "habla con pájaros", según afirmó en un discurso claramente propagandístico e ideológico, pero España es una democracia "bien" gestionada con un Ministro del Interior (Jorge Fernández Díaz) que tiene un ángel de la guarda que le ayuda a aparcar y estatuas religiosas con condecoraciones policiales.

 

Libia no se invadió...

En Libia se hizo una operación para mantener "la paz".

 

O al menos eso nos dijeron, porque había que proteger a la población del mismo líder al que llevaban décadas apoyando.

 

Muamar Gadafi no lo asesinaron..., murió.

 

O en el mejor de los casos, lo 'ejecutaron'.

Entre comillas, por supuesto...

 

 

"Cuando mañana decidan

 invadir, sabotear o destruir un nuevo país,

la prensa inventará un nuevo demonio,

y con ello, nos harán despreciar

la vida de millones de personas

que nunca conoceremos,

porque nunca nos hicieron nada"...

 

 

La propaganda es tal que,

cualquiera que disienta del discurso oficialista automáticamente se convierte en un loco, en un tarado, en un enajenado, en un fanático, en un defensor de asesinos… adjetivos hay mil.

 

Una estrategia que busca eliminar el criterio y la ideología individual de las personas.

 

Una estrategia más digna de una secta que de un periódico, donde están los "profesionales de la comunicación" y los "bots", "trolls" o "agentes de".

Repetir pocas ideas hasta la saciedad, simplificar la realidad y reducir la complejidad del mundo a figuras más estereotipadas que los villanos del cine de Serie B.

 

Es sencillo de hacer, y no hace falta nada más para deshumanizar al enemigo.

No hace falta más para justificar lo injustificable.

 

Una táctica perfecta que funciona.

 

¡Vaya que sí funciona!

Cuando mañana decidan invadir, sabotear o destruir un nuevo país,

la prensa inventará un nuevo demonio, y con ello, nos harán despreciar la vida de millones de personas que nunca conoceremos, porque nunca nos hicieron nada...


Fuente:   https://bibliotecapleyades.net/sociopolitica3/greatreset327.htm

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::




“La guerra no beneficia a nadie, ni siquiera al vencedor”, dice el dicho… y todos están de acuerdo. Entonces, ¿por qué la humanidad peleó tantas guerras sangrientas, especialmente en el último siglo?
El comandante en jefe de la fuerza aérea de la Alemania nacionalsocialista, Hermann Göring, tenía una persuasiva respuesta: “El pueblo no quiere la guerra… ¿Por qué querría un pobre cerdo de granja arriesgar su vida en una guerra cuando lo mejor que puede sacar de ésta, es regresar a su granja en una pieza?”, dijo en los juicios de Núremberg, en una conversación con el periodista Gustave Gilbert, en 1946. “Pero, después de todo, son los líderes del país los que determinan la política y siempre es algo simple arrastrar a la gente, trátese de una democracia, de una dictadura fascista, de un parlamento o de una dictadura comunista”.
Asi que los líderes de países que conducen guerras de agresión o hacen parecer que los ataques preventivos son necesarios para la defensa propia, deben ver algunos beneficios para sí mismos, ya sea más poder o fama o por sacar a la economía local de una depresión. No obstante, no es el dictador nacionalsocialista de Alemania, el dictador comunista de la Unión Soviética o el presidente de Estados Unidos el que más se beneficia –de hecho, muchas veces ellos tampoco se benefician en lo absoluto.
Hay un grupo que siempre se beneficia, sin importar qué lado gane. Es el grupo que financia la guerra a la distancia y recauda el interés a costa de la sangre de los inocentes.

La financiación de las guerras en la historia


Desde el comienzo de los tiempos, el único sector del que los líderes políticos de un país pueden tomar suficiente dinero para gastar en la empresa más ineficiente de la historia humana, es el sector bancario. Ahora y en el pasado, financiar la guerra a través de los impuestos es imposible debido a los devastadores efectos que tiene en la economía y la consecuente reacción popular.
Antes del avenimiento de la banca y el crédito moderno, los reyes necesitaban tomar oro prestado de los orfebres y de la nobleza para equipar sus ejércitos. Y a pesar de que las guerras medievales solían ser largas y brutales, tenían un alcance limitado debido a las restricciones en la financiación, así como la tecnología limitada y el menor tamaño de la población.
Esto cambió con la creación del Banco de Inglaterra en 1694, que era de propiedad privada y permitió al gobierno británico financiar sus esfuerzos de guerra a través de la venta de bonos. El banco central había existido por apenas siete años antes de que el nuevo siglo diera su puntapié inicial con la Guerra de Sucesión Española en 1701.
Los propietarios del Banco de Inglaterra –y cientos de instituciones financieras luego de él–descubrieron que había un límite para los préstamos a empresas productivas que economizan en capital humano y físico. Debido a que la guerra destruye a ambos, su demanda de préstamos y con ello, el potencial de rentas de los bancos, es ilimitado.

La Casa de Rothschild



Mayer Amschel Rothschild, el patriarca de la dinastía bancaria. (Dominio público)

No obstante, pasaron alrededor de 100 años hasta que la financiación de la guerra a través de bancos privados fuera llevada a la perfección por la familia Rothschild. El patriarca de la dinastía bancaria, Mayer Amschel Rothschild, fundó el primer banco en Frankfurt, Alemania, en los años 1760, y luego sus hijos expandieron las operaciones a París, Londres, Viena y Nápoles.
A través de su red bancaria, la familia hizo su primera fortuna durante las Guerras Napoleónicas especulando con dinero del Príncipe Alemán Guillermo de Hesse-Kassel. Se suponía que los Rothschilds lo invertirían en bonos del gobierno británico, pero en cambio lo utilizaron para comerciar materiales de guerra. Luego devolvieron el dinero con el interés que podrían haber ganado de haberlo invertirlo en bonos del gobierno británico, tomando la renta superávit y así violando su deber fiduciario.
No obstante, la familia también ayudó y ganó dinero al contrabandear oro a España a través de Francia para financiar las expediciones del Duque de Wellington en contra de Napoleón, y ofreció préstamos directos al gobierno británico.
Algunos historiadores entonces afirmaron que los Rothschild estaban involucrados en el primer gran episodio de bancos financiando ambos lados de una guerra, cuando, según Robert McNair Wilson, autor de “Promesa de pago”, los bancos en Londres dieron a Napoleón 5 millones de libras para darle una segunda oportunidad en Waterloo. Incluso a pesar de que las probabilidades de que ganara Napoleón eran bajas, históricamente la nación derrotada tendría que cumplir con sus deudas a las financieras internacionales, como ocurrió luego con Alemania después de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Las financieras siempre ganan.
Ya sea que los Rothschild hayan quebrado el mercado de bonos del gobierno británico –luego de que recibieran la noticia por anticipado de la victoria de Wellington en Waterloo en 1815– para comprar todos los bonos a bajo costo, o que simplemente los compraran todos debido a la victoria, es algo que sigue en discusión.
Sin embargo, la mayoría de los historiadores está de acuerdo en que la familia Rothschild, debido a sus transacciones durante la guerra, se convirtió en al dinastía más rica del siglo XIX, y muchos estimativos aún la colocan entre las más destacadas familias ricas de la actualidad. Y a pesar de que otros nombres son más populares en las finanzas internacionales del siglo XXI, ¿es una mera coincidencia que el periódico The Economist, propiedad de los Rothschild, siempre está a favor de la guerra por sobre las soluciones pacíficas, sea en Afganistán, Irak, Libia o Siria?

Participación de Estados Unidos

Luego de que los bancos británicos y otros bancos europeos dominaran las financiación en la mayoría de las guerras del siglo XIX, incluida la Guerra de Secesión, los bancos estadounidenses devolvieron el favor en el siglo XX.
John Moody escribió sobre la Primera Guerra Mundial en “Los Maestros del Capital”: “No solo Inglaterra y Francia pagaron sus suministros con dinero provisto por Wall Street, sino que hicieron sus compras a través del mismo medio… Inevitablemente, la casa de [JPMorgan] fue seleccionada para esta importante tarea”.
Soldados de la infantería estadounidense en marcha hacia el Rin en 1918. (Hulton Archive/Getty Images)
“Así, la guerra había dado a Wall Street un rol completamente nuevo. Hasta el momento había sido exclusivamente el cuartel de financiación; [pero] ahora se convirtió en el mercado industrial más grande que el mundo había conocido. Además de vender bonos y acciones, financiar vías férreas y realizar otras tareas propias de un gran centro bancario, Wall Street comenzó a comerciar proyectiles, cañones, submarinos, mantas, ropas, zapatos, carne enlatada, trigo y miles de otros artículos necesarios para la realización de una gran guerra”.
Algunos historiadores, como Robert Ferrell en su libro “Woodrow Wilson y la Primera Guerra Mundial”, incluso acusan al presidente Woodrow Wilson de entrar a la Primera Guerra Mundial para proteger a los bancos estadounidenses de la pérdida de préstamos, en caso de que sus clientes Francia e Inglaterra perdieran la guerra.

Si Ferrell está en lo correcto –y este es un tema discutido– los estadounidenses que votaron por Wilson en 1916 con su plataforma de “no guerra” fueron arrastrados a una guerra que no querían pero que sus líderes estimaron necesaria debido a los nefastos negocios financieros realizados por fuera del escenario público.
Fue, por supuesto, el pueblo de Estados Unidos –y no sus presidentes– el que pagó por esta y por otras guerras, no solo con su sangre sino con impuestos e inflación más altos, a fin de pagar por la deuda gubernamental agregada luego de que terminara la guerra.
La Primera Guerra Mundial fue el conflicto armado más letal de la historia humana, consumió la mayor cantidad de vidas en el período más corto de tiempo. Esto se debió no solo a los avances en la tecnología de guerra, sino también a la suspensión del patrón oro por parte del gobierno. Por lo tanto, los gobiernos podrían tomar prestadas cantidades casi ilimitadas para consumir el capital y el pueblo de sus naciones.
Y a pesar de que el líder de la Alemania en guerra, Guillermo II, tuvo que abdicar, las financieras alemanas, así como las financieras internacionales que habían apoyado a Alemania, quedaron indemnes, dado que el pueblo alemán tuvo que cumplir con la deuda de guerra mediante indemnizaciones e hiperinflación.

Propaganda en los medios de comunicación

En Estados Unidos, de forma similar a The Economist y otros medios de comunicación que actualmente hacen propaganda a la guerra, los periódicos eran instrumentos de los políticos y de las financieras para influenciar la opinión popular hacia la Primera Guerra Mundial, al menos según los comentarios de un observador en el Registro Congresal:
Una copia de la revista The Economist en un puesto de periódicos en Londres el 12 de agosto de 2015. (JACK TAYLOR/AFP/Getty Images)
Los bancos internacionales liderados por Wall Street también fueron instrumentos que financiaron el asenso del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler en los años 1930 en Alemania, e incluso continuaron trabajando con este durante la guerra, como está documentado en los libros “La torre de Basilea” por Adam LeBor y “Wall Street y el ascenso de Hitler” por Antony Sutton.
Sutton escribe: “La cima del sistema era el Banco de Pagos Internacionales [BPI] en Basilea, Suiza. La cima del BPI continuó su trabajo durante la Segunda Guerra Mundial como el medio a través del cual los banqueros –que aparentemente no estuvieron en guerra los unos con los otros– continuaron con los intercambios beneficiosos de ideas, información y planeamiento para el mundo de posguerra”.
Según Sutton, financiaciones similares, así como la transferencia ilegal de tecnología, también ocurrieron durante la Guerra Fría con la Unión Soviética.

Financiación de la guerra hoy

¿Qué cambió hoy? Desafortunadamente, nada sustancial. Los pueblos aún no quieren guerras; no obstante, el consorcio bancario internacional sigue considerándolas una de las empresas más rentables para financiar y por lo tanto frecuentemente presiona a favor de ella en los medios de comunicación principales y contribuye generosamente a los políticos que apoyan la guerra.
En la última elección presidencial, Hillary Clinton, que se postuló con una plataforma de intensificar los conflictos con Rusia en Siria y Ucrania, recibió millones de dólares en donaciones y pagos de grandes bancos por dar conferencias.
En Estados Unidos, los bancos, ya sea directa o indirectamente, financian el gobierno de EE. UU. a través del mercado del Tesoro o la Reserva Federal de propiedad privada.

Un tanque Abrahms de EE. UU. al sur de la ciudad de Najaf en Irak, 23 de marzo de 2003. (Scott Nelson/Getty Images)
A través de la red principal de proveedores, los grandes bancos como JPMorgan y el Bank of America “imprimen dinero”, sin costo, para acreditar la cuenta del gobierno federal y a cambio recibir bonos del Tesoro a una mayor tasa de interés.
Luego se los quedan, los venden al público o los venden a la Reserva Federal, que también imprime dinero sin costo y actualmente es propietaria de casi U$S 2,5 billones de la deuda del gobierno federal.
Los bancos aún se benefician enormemente por la emisión de deuda del gobierno federal y siguen beneficiándose enormemente de guerras como las de George W. Bush –otro adorado de Wall Street– en Irak y Afghanistán, que, según la Oficina Congresal de Presupuesto, costó U$S 2,4 billones en total –solo un poco menos que la cantidad de bonos del Tesoro en los libros de la Reserva Federal.
Así que si los bancos son tan poderosos y la guerra es tan rentable, ¿por qué no tenemos otra guerra mundial? La primera razón es buena: Internet da a los votantes la opción de decidir por sí mismos, en vez de creer en los medios de comunicación de propaganda de la guerra, y este acceso a la información ha resultado en reacciones negativas cuando otra guerra se asoma.
La segunda es menos positiva. Después de los años 1970 y el advenimiento de la globalización, los gobiernos en Occidente descubrieron una forma de agregar incluso más deuda con más conveniencia política, que cuesta menos vidas pero probablemente desperdicia mucho capital a la larga. Esta máquina es llamada la “guerra a la pobreza”, y los bancos también están financiándola con gusto.
Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no necesariamente reflejan las opiniones de La Gran Época.

El Día Que Dejas de Idealizar a las Personas ves la Realidad | Gabor Maté.

 


6 beneficios de ser realista


Laura Ruiz Mitjana

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana.

Última actualización: 11 febrero, 2021



¿Existen beneficios de ser realista? ¿Qué significa ser realista? ¿Es lo contrario a ser un soñador? Reflexionamos sobre todo esto a través del siguiente artículo.
6 beneficios de ser realista

El realismo, según la RAE, es aquella forma de ver las cosas sin idealizarlas. Aunque todos trabajamos con una realidad interpretada (y no fotocopiada), hay algunas más cercanas a los hechos que otras. En el caso del realismo, hablamos de una manera de interpretar las cosas que se aleja de ideas preconcebidas, ilusiones o expectativas demasiado elevadas. Pero, ¿existen beneficios de ser realista? ¿Cuáles son?

En este artículo os hablamos de 6 de ellos. Como veremos, podemos ser realistas en múltiples ámbitos de nuestra vida: en el trabajo, en la vida social, en la vida académica, en la vida personal… Y esa dosis de realismo puede llevar asociadas ciertas ventajas que podemos aprovechar si sabemos identificarlas.

Mujer pensando

Beneficios de ser realista

¿Es ser realista situarnos en un punto medio entre el optimismo y el pesimismo? ¿Qué opinas? Lo cierto es que no es fácil llegar a este punto medio (si es que existe) a la hora de analizar las cosas. Seguramente, la “neutralidad” a la hora de interpretar la realidad no existe, pero sí podemos aprender a ser un poco más realistas y conscientes de lo que sucede “realmente” y de lo que no.

Ser optimista o pesimista conlleva aspectos positivos y negativos. Sin embargo, en el caso del realismo, ¿cuáles son los beneficios de ser realista? Os dejamos 6 de ellos para reflexionar.

“El pesimista se queja del viento; el optimista espera a que cambie; el realista ajusta las velas”.

-George Ward-

Minimiza la posibilidad de una sorpresa

Uno de los beneficios de ser realista es que, al serlo, reducimos la probabilidad de llevarnos una sorpresa (pudiendo ser ésta negativa). Esto puede ser especialmente útil en personas que necesitan sentir que «controlan» su entorno, o que son más bien metódicas y planificadoras.

Así, cuando somos realistas, intentamos no dejarnos llevar por las expectativas y las ilusiones, lo que nos permite, en cierto modo, tener la situación un poco más controlada. Esto incluye la reducción de riesgos innecesarios o de sorpresas no deseadas.

Ayuda a planificar

Otro de los beneficios de ser realista es que puede ayudarnos a elaborar una estrategia y una meta claras. Según John Maxwell, escritor y entrenador en crecimiento personal, en su libro Piense para obtener un cambiola esperanza es muy importante para conseguir una meta pero no constituye una estrategia.

Cuando entendemos esto, nos vemos obligados a establecer y diseñar estrategias y metas específicas, además de un plan de acción que nos conduzca a conseguir lo que queremos.

Ayuda a entender los problemas

Ser realista nos permite estar más cerca de lo que queremos y de todos los obstáculos que deberemos afrontar para llegar a ello. Es decir, nos permite entender con mayor objetividad y consciencia la situación real. Esto puede ayudarnos a entender las posibles dificultades que deberemos afrontar y sobre todo, a pensar cómo superarlas.

Promueve el pensamiento positivo

El pensamiento positivo no es suficiente para que las cosas vayan bien; también se necesita esfuerzo, trabajo y constancia. Sin embargo, el pensamiento positivo sí es un elemento que puede facilitarnos las cosas, porque puede ayudarnos a automotivarnos y a no rendirnos a la primera.

En este sentido, otro de los beneficios de ser realista es que nos permite evaluar riesgos y escenarios de forma más consciente, además de ayudarnos promover una buena planificación. Esto nos puede ir acercando poco a poco a un pensamiento positivo, ya que si las cosas salen bien gracias a esta buena planificación, este tipo de pensamiento puede ir nutriéndose poco a poco.

Pone a prueba las ideas

Cuando somos realistas asumimos la realidad tal y como es, sin sesgos o ilusiones que puedan interferir en su interpretación. En cambio, cuando somos excesivamente optimistas, podemos arriesgarlo todo de forma impulsiva, y como consecuencia, perderlo también todo. Por contra, una buena dosis de realismo nos permite poner a prueba nuestras ideas de forma un poco más segura y consciente.

Genera credibilidad

Otro de los beneficios de ser realista, especialmente en personas que deben dirigir equipos, es que puede promover la credibilidad de uno mismo por parte del equipo. ¿Por qué? Porque cuando los líderes deben enfrontarse a situaciones complicadas y actúan con expectativas demasiado altas, pueden equivocarse y «quedar en evidencia» por su gestión de la situación (muchas veces, por haber pecado de ilusos).

En cambio, cuando un líder actúa con realismo, actúa evaluando las diferentes opciones de las que dispone de forma más objetiva, así como los diferentes obstáculos y escenarios que debe afrontar, puede planificar bien su estrategia, etc. Y eso, lógicamente, puede revertir en resultados positivos que aumenten la confianza de su equipo en él (no solo por los buenos resultados, sino por la buena gestión de la situación).

Hombre pensando

¿Existe una única realidad?

Cuando interpretamos la realidad, lo hacemos a través de un filtro propio. Este filtro se nutre de nuestros deseos, creencias, expectativas, experiencias previas, características personales… Así que, nunca podremos decir que hay una única realidad para todos o que la realidad es 100 % objetiva.

Sin embargo, sí podemos ser más o menos realistas cuando no nos dejamos llevar tanto por lo que deseamos, sino por lo que estamos viendo a través de nuestros propios ojos. Ser realista implica, en gran parte, manejar percepciones e ideas ajustadas de lo que sucede; elementos con los que trabaja nuestra mente y que son más probables cuando manejamos buenas dosis de información.

Es por ello que los beneficios de ser realista existen, y estos tienen que ver con la minimización de riesgos, sobre todo, aunque serlo también puede conllevar algún que otro aspecto negativo (por ejemplo: perder la ilusión o volverse excesivamente racional). Y tú, ¿eres más realista o más soñador?

“Siempre me gusta mirar el lado optimista de la vida, pero soy los suficientemente realista como para saber que la vida es un asunto complejo”.

-Walt Disney-

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/6-beneficios-de-ser-realista/

El cambio nace con tu ejemplo, no con tu opinión


Fátima Servián Franco

Escrito y verificado por la psicóloga Fátima Servián Franco.

Última actualización: 02 agosto, 2019


El cambio nace con tu ejemplo, no con tu opinión

El principio de la educación es predicar con el ejemplo. De hecho, todos somos el modelo o la referencia de alguien: una fuente de influencia. En este sentido, las opiniones que no van seguidas de ejemplos sirven para bien poco. Incluso los malos ejemplos sirven más que las buenas opiniones: son una referencia para saber lo que no tenemos que hacer.

Desde la infancia hasta la vejez, aprendemos mediante ejemplos y a partir de las experiencias directas. Este tipo de aprendizaje se da al observar el comportamiento en otra persona y necesita de una serie de factores para que se dé correctamente. Concretamente, la persona que da ejemplo tiene que tener unas características interesantes para el observador. Además, para el aprendizaje vicario es preferible que la conducta sea instrumental y repetida después de ver el ejemplo.

Así es como este tipo de aprendizaje da sus frutos, muchas veces de manera más rápida, eficaz y económica que con otro tipos de didácticas. Por supuesto, hay ciertas conductas, sobre todo las de riesgo, que no se pueden aprender solo mediante ejemplos.

 No hay nada más triste que un buen consejo acompañado por un mal ejemplo

No hay más que una educación, y es el ejemplo

¿Cuántas personas se pueden atraer con el buen ejemplo? ¿Cuántas personas puedes cautivar con tu opinión? A parte de la oratoria y de una buena defensa de nuestras opiniones, los ejemplos son mucho mas educativos porque refuerzan al que aprende:puede apreciar de forma casi directa las consecuencias más probables de un determinado comportamiento.

Manos de un adulto cogiendo las de una persona mayor para ayudarla

La educación no solo se produce a través de la palabra, la parte práctica de alguna forma es el fin último del aprendizaje. Si queremos educar a nuestros hijos, sobrinos o alumnos hay que tener en cuenta que por más que les digamos, nuestras actuaciones marcarán un antes y un después en su conducta.

Es inapropiado dar una serie de órdenes y hacer otras, tanto a nivel personal, social o familiar. Este tipo de personas pierden eficacia como modelos, por la disonancia que hay entre sus palabras y sus hechos, mandando mensajes contradictorios a la persona que observa.

“Hay algo humano, más duradero que la supersticiosa fantasmagoría de lo divino: el ejemplo de las altas virtudes”

-José Ingenieros-

Con las palabras conmueves, con el ejemplo arrastras

El ejemplo es la única lección que todos los hombres pueden leer. Las palabras por el contrario están cargadas de connotaciones y de significados. No vamos a negar que las palabras a veces pueden ser hasta curativas, y pueden producir un cambio de perspectiva, pero para poder cambiar una situación su efecto no suele ser muy duradero.

Si queremos cambiar nuestra actitud, nuestros horarios, o nuestros hábitos no solo bastara con repetirlo una y otra vez, sino que los hechos serán lo que marquen la diferencia. Cierto es que las palabras nos ponen sobre aviso y nos hacen pensar sobre cuales ejemplos son los apropiados, pero solo una vez que se haya realizado la conducta se puede considerar el aprendizaje o dar el cambio por completado.

Niña ayudando a su amigo a levantarse dando ejemplo de ayuda

Las palabras tienen el poder del convencimiento oído, pero el ejemplo tiene el poder de la verdad vista y vivida. Las palabras son realmente poderosas cuando están avaladas por el ejemplo personal, sino serían solo como metal que resuena, sin validez ninguna para la persona que solo escucha palabras.

Las personas que solo hablan podrán convencer a otros, pero por un tiempo limitado, salvo que los persuadidos puedan poner en marcha lo aprendido, en primera persona, y experimentar sus consecuencias. Las palabras realmente tienen su fortaleza en el ejemplo del que habla. Si no hay ejemplo, gran parte de su ejemplo se convierte en efervescente

“Yo no persuadía a la gente con palabras, porque las palabras poco persuaden. Yo persuadí a la gente con hechos y con ejemplos”

-Juan Domingo Perón-

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/cambio-nace-ejemplo-no-opinion/