viernes, 17 de abril de 2026

Cómo sanar la herida de injusticia: los signos de este trauma y consejos para avanzar.

 

Cómo sanar la herida de injusticia: los signos de este trauma y consejos para avanzar.


Macarena Liliana Nuñez

Revisado y aprobado por la psicóloga Macarena Liliana Nuñez

Escrito por Luz Marina Carpio
Publicado: 06 noviembre, 2025 17:00

La distancia emocional de los padres, la rigidez y la severidad son algunas causas de heridas emocionales que surgen en la infancia y arrastran sus consecuencias hasta la adultez. Te contamos más sobre el tema.


¿Crees que nadie te valora o te respeta? ¿Llevas el perfeccionismo al extremo para ser aprobado por otros? ¿El resentimiento no te abandona? Todo esto podría relacionarse con la herida de la injusticia, esa lesión emocional que afecta en gran medida la relación que tienes contigo y con los demás.

Entre otros efectos, este trauma que inicia en la niñez provoca sensación de inferioridad, de inutilidad y de nunca recibir lo que una persona se merece, por mucho que se esfuerce. Te invitamos a descubrir lo que causa esta herida emocional y cómo sanarla.

¿Qué es la herida de la injusticia?

La herida de la injusticia funciona como metáfora para describir el dolor emocional profundo que desarrolla un niño cuando siente que es tratado con desigualdad, que se le exige más de lo que puede dar, que no se le aprecia por su propio valor y que la relación con sus padres es distante, fría y superficial. No es un diagnóstico clínico ni un constructo validado por la ciencia.

Esta teoría proviene de la obra de Lise Bourbeau, autora de autoayuda, quien refirió que a partir de los 4 años se activa dicha herida en los niños, por lo general, con el progenitor del mismo sexo, aunque no hay respaldo empírico que así lo demuestre. No obstante, Bourbeau señala que desde entonces comienza una disociación de sentimientos para protegerse de lo que pasa en el entorno. Incluso, se usa una máscara de rigidez para dar a entender que todo está bien y no expresar lo que en realidad se siente.

La herida se genera en el niño a través de las comparaciones constantes con hermanos o amigos, la severidad, la preferencia entre hijos, no reconociendo sus méritos, favoreciendo siempre a otros miembros de la familia o teniendo expectativas que al infante se le dificulta cumplir.

¿Cómo actúa una persona con este trauma?

Existen ciertos signos o indicadores que manifiestan los adultos que sufrieron injusticias en su infancia. Estos comportamientos suelen afectar tanto el bienestar de la persona, como la forma en que se relaciona con otros. Hablamos de un orden extremo, problemas para aceptar opiniones o puntos de vista ajenos, frialdad y otras actitudes como estas:

  • Resentimiento.
  • Perfeccionismo.
  • Baja autoestima.
  • Autocrítica excesiva.
  • Rechazo a la autoridad.
  • Negación de sus problemas.
  • Desconfianza hacia los demás.
  • Falta de aprecio a sí mismo y de valoración por lo que hace.
Por sí solas, estas características no determinan que se sufrió una injusticia en la niñez, que se vivió una crianza severa o que son indicadores exclusivos de ese tipo de trauma. Pero en conjunto, pudieran relacionarse.

Además, es importante destacar que estas heridas no solo son dolorosas, sino que, según algunos análisis, se acercan a los efectos del maltrato o la negligencia infantil; por ejemplo el trauma, la ansiedad, el insomnio, la depresión y el trastorno de estrés postraumático, explica un artículo de Organizational Psychology Review.

¿Cómo sanar la herida de la injusticia?

El primer paso para sanar una injusticia vivida en la infancia es identificar sus signos. Y para ello tienes que conocerte mejor, estar consciente de tus fortalezas, de tus necesidades y de tu valía, sacando de tu mente esa idea de ser aprobado por otros. Asimismo, para aliviar el sufrimiento de este tipo de lesión emocional, pon en práctica estas recomendaciones:

Acepta tu dolor

No quiere decir que tengas que vivir para siempre con él; puedes transformarlo. Mira el daño y entiéndelo como parte de tu experiencia. Lo que sigue es cerrar la herida con autocompasión y autocomprensión, entendiendo que son cualidades que cultivarás para ti y no para otros.

Libera las culpas

Sí, puedes enojarte con quienes causaron tu herida, pero soltar la culpa es un paso más hacia la sanación y a vivir en tranquilidad. Es necesario perdonar, entendiendo que las otras personas hicieron lo que pudieron con lo que sabían, incluso actuando desde sus propias heridas. Y no, no se trata de justificar, sino de deshacerte del resentimiento.

Crea relaciones sanas

Trabaja en tus vínculos afectivos para que sean auténticos y que el miedo no los rodee. Para ello, aprende a delegar, a no enfocarte en el perfeccionismo extremo, a ser amable y tolerante contigo. Verás cómo todo esto se proyecta en tus relaciones.

Disfruta el presente

Anclarse en el pasado mantiene viva la herida. Aprecia más el hoy, agradece por tu salud, por tu trabajo, por tus amigos, por tener la oportunidad de hacer lo que te gusta. Agradece por estar aquí y ahora. Puedes practicar el mindfullnes, para aprender a darle valor a esos instantes que lo merecen.

No ocultes tu herida emocional, atiéndela

Es fundamental atender la herida de la injusticia y no esperar a que sane sola, ya que esto expone más a la persona a ser afectada por cualquier situación que le haga revivir traumas. En consecuencia, siempre recurrirá a la máscara de la rigidez para esconder lo que en realidad siente y difícilmente mostrará su verdadero yo.

El acompañamiento psicológico es clave durante el proceso; en terapia se trabaja la aceptación y aprendes a validar tus experiencias, además de desarrollar habilidades de afrontamiento. La idea es quitarte la coraza con la que creciste, reconocer quién eres y qué mereces, y darte la oportunidad de ser vulnerable. No hay nada de malo en ello; inténtalo, así andarás sin el peso del pasado a cuestas.

Fuente:  https://lamenteesmaravillosa.com/como-sanar-la-herida-de-injusticia-los-signos-de-este-trauma-y-consejos-para-avanzar/


jueves, 16 de abril de 2026

El respeto se exige, la confianza se gana.

 

El respeto se exige, la confianza se gana.


Sergio De Dios González

Escrito y verificado por el psicólogo Sergio De Dios González

Publicado: 24 enero, 2017 09:30
Última actualización: 28 junio, 2019 02:12








Siempre he pensado que la confianza es quizá la entrega más frágil que hacemos las personas. Como bien reza el título, es algo que ganamos a cucharitas de café y que cuando la perdemos lo hacemos a toneles. Además es curioso, porque a medida que las personas ganamos en años esto se polariza todavía más.

La experiencia suele dictar prudencia a la hora de entregar nuestra confianza: la hemos visto traicionada en tantas ocasiones que tendemos a guardarnos para nosotros una parte cada vez más grande. Así, la vida nos suele volver más cordiales, pero también más desconfiados.

“Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza”
-Juvenal-

El respeto se exige, la confianza se gana

Que confiemos en alguien no significa que pensemos que es menos que nosotros, y tampoco es una falta de respeto. Piensa que la confianza tiene que ver con la entrega, con el apoyo de una parte de nosotros que podemos perder en caso de que este falle. El respeto tiene que ver con el reconocimiento y la habilitación de la otra persona para relacionarse con nosotros.

Por lo tanto, hablamos de dos valores distintos, aunque es cierto que en algunos casos las línea que los separa es muy fina. Hay personas que se toman el hecho de no recibir la confianza de los demás como un insulto, como una hacerles de menos. Especialmente cuando son personas que entregan su confianza muy rápido y esperan reciprocidad.

La importancia de la confianza.



Piensa que nuestros antepasados vivían en tribus y que cazaban en grupo. Hacían una vida en sociedad en las que las relaciones eran mucho más cercanas que las que solemos tener ahora y sobre todo mucho más interdependientes. Así, la confianza era un valor fundamental. Si se trataba de acorralar una presa para cazarla, nadie podía abrir el cerco porque sino ese día todos se quedaban sin comida.

Más de una vez me he encontrado con alguna persona que se ha molestado porque no he compartido con ella parte de mis pensamientos o de algún hecho que conocía. También me he sentido en el otro lado, he hecho preguntas y no he obtenido respuesta; nunca lo he preguntado, pero creo que también ha sido por este motivo. El caso es que tampoco me he sentido bien.

Hay realidades que a las personas nos cuesta aceptar. Una de ellas es la de no tener la confianza de otra persona.

Piensa que puede que para ti seas una persona en la que tengas una gran confianza. Llevas toda la vida contigo y te conoces. Es más, tienes un gran poder sobre lo que haces o dices. Sin embargo, la otra persona no lleva contigo toda la vida ni tiene el control sobre ti que tú tienes. Esta diferencia tan grande, pero a la vez tan sutil, muchas veces cae en el saco del olvido.

La confianza necesita tiempo.



Para unos más y para otros menos, pero necesita tiempo. Además, es un proceso muy intuitivo. Piensa que no solemos hacer un gran razonamiento para decidir hasta qué punto le vamos a entregar la confianza a alguien; simplemente nos abrimos hasta el punto en el que nos sentimos a gusto.

Los estudios han identificado variables que influyen. Cuanto más semejante a nosotros es la persona más rápido le entregamos nuestra confianza. A las personas que van con niños, con personas mayores o con animales también tendemos a entregársela rápido. Entendemos que si alguien se ha fiado de ellas para que se encarguen de algo tan valioso es que deben ser confiables.

También le entregamos la confianza más rápido a quienes comparten nuestras aficiones, ya que podemos mantener largas conversaciones con ellas sin entrar en temas personales.

“Confianza es el sentimiento de poder creer a una persona incluso cuando sabemos que mentiríamos en su lugar”
-Henry Louis Mencken-

Por otro lado, la reflexión más bonita que podemos hacer respecto a la confianza es la preciosa sensación de ser dignos de ella para las personas que nos quieren. Ya no que sepan que no les vamos a traicionar, si no que intuyan que vamos a ser los primeros en estar ahí cuando nos necesiten.

La confianza de porcelana

La confianza, en ocasiones, es tan delicada que cuando se rompe es inmensamente difícil de romper. Sin embargo, ¿existe algún modo de no sentirnos traicionados? Desde la Psicología Budista nos animan a confiar en los demás pero sabiendo que nos pueden fallar en algún momento. Al ser humanos podemos errar. De este modo, cuando alguien nos falle o nos traicione, ya estaremos preparados, por lo que no nos causará tanto dolor.

Nosotros también podemos fallarle a un amigo, a un familiar, a una pareja… Y sabemos lo que cuesta recuperar esa confianza perdida. Así que, ¿por el hecho de fallar creemos que somos menos válidos? No. Sabemos que hemos socavado una confianza. Reconocemos el error y aprendemos de él. Si nos comprendemos mejor a nosotros mismos, comprendemos mejor a los demás.

La confianza no es estable. En ocasiones puede verse afectada, lo que no quiere decir que se pierda para siempre. Nuestra mente tiende ser dicotómica, es decir, si nunca nos fallan pensamos que es digno de nuestra confianza. Pero si nos fallan, pensamos que ya no lo es. Nos movemos entre el “sí” y el “no” absoluto. A nuestra mente le cuesta volver a confiar. De este modo, si sabemos que todos podemos fallar, cuando sintamos que alguien ha traicionado nuestra confianza, podremos decir: “bueno, podía pasar un día”. Y de esta forma no nos afectará tanto y sabremos perdonar.

Fuente:  https://lamenteesmaravillosa.com/el-respeto-se-exige-la-confianza-se-gana/





7 pasos para sanar nuestras heridas emocionales.

 

7 pasos para sanar nuestras heridas emocionales.


Gema Sánchez Cuevas

Escrito y verificado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas

Escrito por Raquel Aldana
Publicado: 21 abril, 2015 19:25
Última actualización: 04 octubre, 2023 03:36

Las heridas emocionales pueden permanecer abiertas y causar sufrimiento durante mucho tiempo si no nos dedicamos a sanarlas. Es por ello que a continuación te enseñamos algunas claves para superarlas.


Las experiencias dolorosas que desarrollamos a lo largo de nuestra vida conforman nuestras heridas emocionales. Estas heridas pueden ser múltiples y podemos llamarlas de muchas formas: traición, humillación, desconfianza, abandono, injusticia…

No obstante, debemos de hacernos conscientes de nuestras heridas emocionales y evitar maquillarlas, pues cuanto más tiempo esperemos a sanarlas más se agravarán. Además, cuando estamos heridos, vivimos de forma constante situaciones que tocan nuestro dolor y hacen que nos pongamos múltiples máscaras por el miedo a revivir nuestro dolor.

Así es que, a continuación, os mostramos 6 etapas que necesitamos experimentar para sanar nuestras heridas emocionales. Antes de ello, no obstante, definiremos un poco mejor este concepto, así que no te lo pierdas.

Qué son las heridas emocionales

Las heridas emocionales son la consecuencia de una vivencia traumática del pasado, en la que los sentimientos y el procesamiento cognitivo posterior se ven condicionados.  Las heridas emocionales producen un gran dolor y la persona suele tener pendiente hacer un procesamiento adecuado del trauma y un tratamiento adecuado.

Las heridas emocionales manifestadas en la adultez suelen ser consecuencia de vivencias de la infancia, en especial cuando se trata de abandono, rechazo, humillación, traición o injusticia.

Cómo saber si tienes una herida emocional

En ocasiones, las heridas emocionales vienen desde tan lejos que se han convertido en una parte normalizada de la identidad. Aun así, sus señales calan en algún momento, dando lugar a ciertos patrones:

  • Comportamientos de miedo y evitación, o incluso agresividad, ante situaciones similares a las que produjeron la herida emocional.
  • Esos patrones de conducta evitan que la persona se desenvuelva en su vida de manera fluida, de forma que se crean situaciones forzadas y tensas a menudo.
  • Síntomas físicos fruto del miedo y la angustia: contracción muscular, sudoración, parálisis, etcétera.
  • Pensamientos rumiativos: es difícil deshacerse de las ideas negativas que circulan por la mente cuando el sujeto se expone a aquello que rasca las heridas emocionales.

¿Cómo me libero de las heridas emocionales?

Una vez identificada la herida emocional, debes saber que es posible sanarla. Requiere tiempo, trabajo sobre uno mismo y, muchas veces, desbloquear dolores emocionales. Sin embargo, merece la pena. A continuación tienes los pasos a seguir para lograrlo.

1. Acepta la herida como parte de ti mismo

La herida existe, puedes estar o no de acuerdo con el hecho de que existe, pero el primer paso es aceptar esa posibilidad. Según Lisa Bourbeaur, “aceptar una herida significa mirarla, observarla detenidamente y saber que tener situaciones que resolver forma parte de la experiencia del ser humano“.

No somos mejores o peores solo porque algo nos haga daño. Haberte construido tu coraza de protección es un acto heroico, un acto de amor propio que tiene mucho mérito, pero que ya ha cumplido su función. Es decir, te protegió de los ambientes que te dañaron, pero, una vez que la herida está abierta y la puedes ver, es momento de pensar en sanarla.

Aceptar nuestras heridas resulta muy beneficioso, entre otras cosas, porque nos ayudará a no querer cambiarnos a nosotros mismos.

2. Acepta el hecho de que lo que temes o reprochas te lo haces a ti mismo y a los demás

La voluntad y la decisión de sobreponernos a nuestras heridas es el primer paso hacia la paciencia, la compasión y la comprensión con nosotros mismos. Estas cualidades que desarrollarás para ti mismo, irás desarrollándolas para con los demás, lo que alimentará tu bienestar.

A veces no nos damos cuenta de que ponemos nuestras expectativas vitales en los demás, esperando que suplan nuestras carencias y que colmen nuestras esperanzas. Lo cierto es que nuestro comportamiento lleva a anular nuestras relaciones y gran parte de nuestra vida, generando gran malestar porque los demás no responden como esperamos.

3. Date el permiso para enfadarte con aquellos que alimentaron esa herida.



Cuanto más nos dañen y más profundas sean nuestras heridas, más normal y humano resultará culpar y sentir enfado hacia quien nos perjudicó. Date permiso para enfadarte con ellos y perdónate a ti mismo. De lo contrario, desahogarás todo ese rencor contigo mismo y con los demás, pues si lo haces es como si estuvieras arañando tus heridas de forma constante.

Sentirse culpable dificulta el perdón, pero liberarnos de esa culpa y el rencor es la única forma de sanar nuestras heridas.

También es necesario perdonar, pues debemos aceptar que las personas que hieren es probable que lleven dentro un profundo dolor. Nosotros mismos dañamos a los demás con las máscaras que nos ponemos para proteger nuestras heridas.

4. Ninguna transformación es posible si no aceptamos nuestras heridas emocionales

Estas heridas emocionales te van a enseñar algo, aunque es probable que te cueste aceptarlo porque nuestro ego crea una barrera de protección bastante eficaz para ocultar nuestros problemas.

Lo cierto es que, normalmente, el ego quiere y cree tomar el camino más fácil, pero en realidad nos complica la vida. Son nuestros pensamientos, reflexiones y actuaciones los que nos la simplifican, aunque nos parezca demasiado complicado por el esfuerzo que requiere.

Intentamos esconder la herida que más nos hace sufrir porque tememos mirar de frente a nuestra herida y revivirla. Esto nos hace portar máscaras y agravar las consecuencias del problema que tenemos, pues, entre otras cosas, dejamos de ser nosotros mismos.

5. Date tiempo para observar cómo te has apegado a tu herida.


Lo ideal es deshacernos de estas máscaras cuanto antessin juzgarnos ni criticarnos, pues esto nos permitirá identificar cómo debemos tratar nuestras heridas para sanarlas.

Es posible cambiar de máscara en un mismo día o llevar la misma durante meses o días. Lo ideal es que seas capaz de decirte a ti mismo: Vale, me he colocado esta máscara y la razón ha sido esta. Entonces sabrás que estás en camino y que en el resto del viaje, tu guía será la inercia que te permita sentirte bien sin ocultarte.

6. Identifica conductas y corrígelas

Tus heridas emocionales tienen conductas y pensamientos asociados que te están dificultando vivir tu vida con plenitud. Reconocerlas y comenzar a cambiar esos hábitos es necesario para reconvertir tu día a día y tus relaciones en algo sano.

7. Vive el presente

Quedarse estancados en el pasado y en la experiencia traumática nos impedirá disfrutar de la vida, y ésta es ahora. Para ello, empieza valorar y agradecer todo lo que eres y tienes en el aquí y ahora. 

Asimismo, una de las técnicas más afectivas para conectar con el momento presente es a través del mindfulness o atención plena. Inténtalo, no te arrepentirás.

Imágenes cortesía de bruniewska y natalia_maroz.

Fuente:  https://lamenteesmaravillosa.com/5-pasos-sanar-nuestras-heridas-emocionales/