jueves, 16 de abril de 2026

El respeto se exige, la confianza se gana.

 

El respeto se exige, la confianza se gana.


Sergio De Dios González

Escrito y verificado por el psicólogo Sergio De Dios González

Publicado: 24 enero, 2017 09:30
Última actualización: 28 junio, 2019 02:12








Siempre he pensado que la confianza es quizá la entrega más frágil que hacemos las personas. Como bien reza el título, es algo que ganamos a cucharitas de café y que cuando la perdemos lo hacemos a toneles. Además es curioso, porque a medida que las personas ganamos en años esto se polariza todavía más.

La experiencia suele dictar prudencia a la hora de entregar nuestra confianza: la hemos visto traicionada en tantas ocasiones que tendemos a guardarnos para nosotros una parte cada vez más grande. Así, la vida nos suele volver más cordiales, pero también más desconfiados.

“Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza”
-Juvenal-

El respeto se exige, la confianza se gana

Que confiemos en alguien no significa que pensemos que es menos que nosotros, y tampoco es una falta de respeto. Piensa que la confianza tiene que ver con la entrega, con el apoyo de una parte de nosotros que podemos perder en caso de que este falle. El respeto tiene que ver con el reconocimiento y la habilitación de la otra persona para relacionarse con nosotros.

Por lo tanto, hablamos de dos valores distintos, aunque es cierto que en algunos casos las línea que los separa es muy fina. Hay personas que se toman el hecho de no recibir la confianza de los demás como un insulto, como una hacerles de menos. Especialmente cuando son personas que entregan su confianza muy rápido y esperan reciprocidad.

La importancia de la confianza.



Piensa que nuestros antepasados vivían en tribus y que cazaban en grupo. Hacían una vida en sociedad en las que las relaciones eran mucho más cercanas que las que solemos tener ahora y sobre todo mucho más interdependientes. Así, la confianza era un valor fundamental. Si se trataba de acorralar una presa para cazarla, nadie podía abrir el cerco porque sino ese día todos se quedaban sin comida.

Más de una vez me he encontrado con alguna persona que se ha molestado porque no he compartido con ella parte de mis pensamientos o de algún hecho que conocía. También me he sentido en el otro lado, he hecho preguntas y no he obtenido respuesta; nunca lo he preguntado, pero creo que también ha sido por este motivo. El caso es que tampoco me he sentido bien.

Hay realidades que a las personas nos cuesta aceptar. Una de ellas es la de no tener la confianza de otra persona.

Piensa que puede que para ti seas una persona en la que tengas una gran confianza. Llevas toda la vida contigo y te conoces. Es más, tienes un gran poder sobre lo que haces o dices. Sin embargo, la otra persona no lleva contigo toda la vida ni tiene el control sobre ti que tú tienes. Esta diferencia tan grande, pero a la vez tan sutil, muchas veces cae en el saco del olvido.

La confianza necesita tiempo.



Para unos más y para otros menos, pero necesita tiempo. Además, es un proceso muy intuitivo. Piensa que no solemos hacer un gran razonamiento para decidir hasta qué punto le vamos a entregar la confianza a alguien; simplemente nos abrimos hasta el punto en el que nos sentimos a gusto.

Los estudios han identificado variables que influyen. Cuanto más semejante a nosotros es la persona más rápido le entregamos nuestra confianza. A las personas que van con niños, con personas mayores o con animales también tendemos a entregársela rápido. Entendemos que si alguien se ha fiado de ellas para que se encarguen de algo tan valioso es que deben ser confiables.

También le entregamos la confianza más rápido a quienes comparten nuestras aficiones, ya que podemos mantener largas conversaciones con ellas sin entrar en temas personales.

“Confianza es el sentimiento de poder creer a una persona incluso cuando sabemos que mentiríamos en su lugar”
-Henry Louis Mencken-

Por otro lado, la reflexión más bonita que podemos hacer respecto a la confianza es la preciosa sensación de ser dignos de ella para las personas que nos quieren. Ya no que sepan que no les vamos a traicionar, si no que intuyan que vamos a ser los primeros en estar ahí cuando nos necesiten.

La confianza de porcelana

La confianza, en ocasiones, es tan delicada que cuando se rompe es inmensamente difícil de romper. Sin embargo, ¿existe algún modo de no sentirnos traicionados? Desde la Psicología Budista nos animan a confiar en los demás pero sabiendo que nos pueden fallar en algún momento. Al ser humanos podemos errar. De este modo, cuando alguien nos falle o nos traicione, ya estaremos preparados, por lo que no nos causará tanto dolor.

Nosotros también podemos fallarle a un amigo, a un familiar, a una pareja… Y sabemos lo que cuesta recuperar esa confianza perdida. Así que, ¿por el hecho de fallar creemos que somos menos válidos? No. Sabemos que hemos socavado una confianza. Reconocemos el error y aprendemos de él. Si nos comprendemos mejor a nosotros mismos, comprendemos mejor a los demás.

La confianza no es estable. En ocasiones puede verse afectada, lo que no quiere decir que se pierda para siempre. Nuestra mente tiende ser dicotómica, es decir, si nunca nos fallan pensamos que es digno de nuestra confianza. Pero si nos fallan, pensamos que ya no lo es. Nos movemos entre el “sí” y el “no” absoluto. A nuestra mente le cuesta volver a confiar. De este modo, si sabemos que todos podemos fallar, cuando sintamos que alguien ha traicionado nuestra confianza, podremos decir: “bueno, podía pasar un día”. Y de esta forma no nos afectará tanto y sabremos perdonar.

Fuente:  https://lamenteesmaravillosa.com/el-respeto-se-exige-la-confianza-se-gana/





7 pasos para sanar nuestras heridas emocionales.

 

7 pasos para sanar nuestras heridas emocionales.


Gema Sánchez Cuevas

Escrito y verificado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas

Escrito por Raquel Aldana
Publicado: 21 abril, 2015 19:25
Última actualización: 04 octubre, 2023 03:36

Las heridas emocionales pueden permanecer abiertas y causar sufrimiento durante mucho tiempo si no nos dedicamos a sanarlas. Es por ello que a continuación te enseñamos algunas claves para superarlas.


Las experiencias dolorosas que desarrollamos a lo largo de nuestra vida conforman nuestras heridas emocionales. Estas heridas pueden ser múltiples y podemos llamarlas de muchas formas: traición, humillación, desconfianza, abandono, injusticia…

No obstante, debemos de hacernos conscientes de nuestras heridas emocionales y evitar maquillarlas, pues cuanto más tiempo esperemos a sanarlas más se agravarán. Además, cuando estamos heridos, vivimos de forma constante situaciones que tocan nuestro dolor y hacen que nos pongamos múltiples máscaras por el miedo a revivir nuestro dolor.

Así es que, a continuación, os mostramos 6 etapas que necesitamos experimentar para sanar nuestras heridas emocionales. Antes de ello, no obstante, definiremos un poco mejor este concepto, así que no te lo pierdas.

Qué son las heridas emocionales

Las heridas emocionales son la consecuencia de una vivencia traumática del pasado, en la que los sentimientos y el procesamiento cognitivo posterior se ven condicionados.  Las heridas emocionales producen un gran dolor y la persona suele tener pendiente hacer un procesamiento adecuado del trauma y un tratamiento adecuado.

Las heridas emocionales manifestadas en la adultez suelen ser consecuencia de vivencias de la infancia, en especial cuando se trata de abandono, rechazo, humillación, traición o injusticia.

Cómo saber si tienes una herida emocional

En ocasiones, las heridas emocionales vienen desde tan lejos que se han convertido en una parte normalizada de la identidad. Aun así, sus señales calan en algún momento, dando lugar a ciertos patrones:

  • Comportamientos de miedo y evitación, o incluso agresividad, ante situaciones similares a las que produjeron la herida emocional.
  • Esos patrones de conducta evitan que la persona se desenvuelva en su vida de manera fluida, de forma que se crean situaciones forzadas y tensas a menudo.
  • Síntomas físicos fruto del miedo y la angustia: contracción muscular, sudoración, parálisis, etcétera.
  • Pensamientos rumiativos: es difícil deshacerse de las ideas negativas que circulan por la mente cuando el sujeto se expone a aquello que rasca las heridas emocionales.

¿Cómo me libero de las heridas emocionales?

Una vez identificada la herida emocional, debes saber que es posible sanarla. Requiere tiempo, trabajo sobre uno mismo y, muchas veces, desbloquear dolores emocionales. Sin embargo, merece la pena. A continuación tienes los pasos a seguir para lograrlo.

1. Acepta la herida como parte de ti mismo

La herida existe, puedes estar o no de acuerdo con el hecho de que existe, pero el primer paso es aceptar esa posibilidad. Según Lisa Bourbeaur, “aceptar una herida significa mirarla, observarla detenidamente y saber que tener situaciones que resolver forma parte de la experiencia del ser humano“.

No somos mejores o peores solo porque algo nos haga daño. Haberte construido tu coraza de protección es un acto heroico, un acto de amor propio que tiene mucho mérito, pero que ya ha cumplido su función. Es decir, te protegió de los ambientes que te dañaron, pero, una vez que la herida está abierta y la puedes ver, es momento de pensar en sanarla.

Aceptar nuestras heridas resulta muy beneficioso, entre otras cosas, porque nos ayudará a no querer cambiarnos a nosotros mismos.

2. Acepta el hecho de que lo que temes o reprochas te lo haces a ti mismo y a los demás

La voluntad y la decisión de sobreponernos a nuestras heridas es el primer paso hacia la paciencia, la compasión y la comprensión con nosotros mismos. Estas cualidades que desarrollarás para ti mismo, irás desarrollándolas para con los demás, lo que alimentará tu bienestar.

A veces no nos damos cuenta de que ponemos nuestras expectativas vitales en los demás, esperando que suplan nuestras carencias y que colmen nuestras esperanzas. Lo cierto es que nuestro comportamiento lleva a anular nuestras relaciones y gran parte de nuestra vida, generando gran malestar porque los demás no responden como esperamos.

3. Date el permiso para enfadarte con aquellos que alimentaron esa herida.



Cuanto más nos dañen y más profundas sean nuestras heridas, más normal y humano resultará culpar y sentir enfado hacia quien nos perjudicó. Date permiso para enfadarte con ellos y perdónate a ti mismo. De lo contrario, desahogarás todo ese rencor contigo mismo y con los demás, pues si lo haces es como si estuvieras arañando tus heridas de forma constante.

Sentirse culpable dificulta el perdón, pero liberarnos de esa culpa y el rencor es la única forma de sanar nuestras heridas.

También es necesario perdonar, pues debemos aceptar que las personas que hieren es probable que lleven dentro un profundo dolor. Nosotros mismos dañamos a los demás con las máscaras que nos ponemos para proteger nuestras heridas.

4. Ninguna transformación es posible si no aceptamos nuestras heridas emocionales

Estas heridas emocionales te van a enseñar algo, aunque es probable que te cueste aceptarlo porque nuestro ego crea una barrera de protección bastante eficaz para ocultar nuestros problemas.

Lo cierto es que, normalmente, el ego quiere y cree tomar el camino más fácil, pero en realidad nos complica la vida. Son nuestros pensamientos, reflexiones y actuaciones los que nos la simplifican, aunque nos parezca demasiado complicado por el esfuerzo que requiere.

Intentamos esconder la herida que más nos hace sufrir porque tememos mirar de frente a nuestra herida y revivirla. Esto nos hace portar máscaras y agravar las consecuencias del problema que tenemos, pues, entre otras cosas, dejamos de ser nosotros mismos.

5. Date tiempo para observar cómo te has apegado a tu herida.


Lo ideal es deshacernos de estas máscaras cuanto antessin juzgarnos ni criticarnos, pues esto nos permitirá identificar cómo debemos tratar nuestras heridas para sanarlas.

Es posible cambiar de máscara en un mismo día o llevar la misma durante meses o días. Lo ideal es que seas capaz de decirte a ti mismo: Vale, me he colocado esta máscara y la razón ha sido esta. Entonces sabrás que estás en camino y que en el resto del viaje, tu guía será la inercia que te permita sentirte bien sin ocultarte.

6. Identifica conductas y corrígelas

Tus heridas emocionales tienen conductas y pensamientos asociados que te están dificultando vivir tu vida con plenitud. Reconocerlas y comenzar a cambiar esos hábitos es necesario para reconvertir tu día a día y tus relaciones en algo sano.

7. Vive el presente

Quedarse estancados en el pasado y en la experiencia traumática nos impedirá disfrutar de la vida, y ésta es ahora. Para ello, empieza valorar y agradecer todo lo que eres y tienes en el aquí y ahora. 

Asimismo, una de las técnicas más afectivas para conectar con el momento presente es a través del mindfulness o atención plena. Inténtalo, no te arrepentirás.

Imágenes cortesía de bruniewska y natalia_maroz.

Fuente:  https://lamenteesmaravillosa.com/5-pasos-sanar-nuestras-heridas-emocionales/


miércoles, 15 de abril de 2026

Trauma por traición, una experiencia dolorosa y frecuente.

 

Trauma por traición, una experiencia dolorosa y frecuente.


Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater

Publicado: 05 marzo, 2023 03:10
Última actualización: 05 marzo, 2023 14:01

¿Alguna vez le ofreciste tu confianza a alguien y esa persona la aniquiló por completo? Familia, amigos, pareja... Dichas vivencias pueden desarrollar un trauma psicológico en nosotros que es necesario conocer. Te damos las claves a continuación.


Cuando un corazón se rompe a causa de una traición, no emite sonido alguno. Sin embargo, para quien lo sufre, el mundo entero se rompe en mil pedazos y cuesta lo indecible volver a recomponerlo. Porque el impacto psicológico que ocasiona el ser traicionado configura una de las experiencias más traumáticas para el ser humano. No podemos subestimar este tipo de realidades.

Lo llamativo es que, tras ellas, nos instan a que pasemos página. Nos repiten que no le demos importancia a ese desaire provocado por un amigo. A esa mala jugada de un hermano o a ese acto inesperado realizado por un familiar. ¿Y qué podemos decir de las traiciones sufridas en una relación de pareja? Son hechos a menudo devastadores que dejan un eco constante en nuestro interior.

Porque la herida de una traición es como una muesca en el cerebro y un atentado contra nuestros principios básicos de supervivencia. Las personas necesitamos construir vínculos sociales con los que sentirnos seguros. Si esto falla, se derrumban muchos de nuestros cimientos mentales y emocionales. Sanarlos es una necesidad. Profundicemos, por tanto, en este tema.

Ante un trauma por traición es decisivo no culparnos a nosotros mismos.

Son muchos los adultos que arrastran traumas de traición originados con sus figuras de apego en la infancia.

Trauma por traición: definición y características

El trauma por traición define la experiencia psicoemocional que sufrimos después de que se rompa o se viole el lazo de nuestra confianza. Esta vivencia la puede causar una, varias personas e incluso alguna institución. El presente concepto fue acuñado por la académica Jennifer Freyd en 1994, quien destaca la importancia de prestar una mayor atención a este tipo de experiencias.

En uno de sus trabajos más destacados, Betrayal Trauma: The Logic of Forgetting Childhood Abuse, 1998, destaca un dato significativo. Los niños que son maltratados y abusados por sus progenitores, además del propio trauma asociado a dichos actos, desarrollan también un trauma por traición.

Sentir que sus existencias dependen de personas que les ocasionan un daño origina un dolor psíquico profundo en esa mente infantil. Algunos pueden borrar o bloquear de la memoria dichos hechos. Cuando dependen para vivir de alguien que les ocasionó sufrimiento, el cerebro puede reprimir ese acto como mecanismo de defensa (y también de supervivencia). Son hechos muy complejos.

¿Qué tipologías existen?

A la hora de pensar en los traumas ocasionados por las decepciones y traiciones, es común visualizar de inmediato en las ocasionadas por las relaciones afectivas. Sin embargo, las hay de muchos tipos y todas igual de lesivas.

Asimismo, cabe señalar algo esencial. El impacto de una traición depende siempre de cuánto dependamos de esa figura que atenta contra los pilares de nuestra confianza. Conozcamos esas tipologías existentes:

  • El trauma por traición de nuestras figuras de apego (familiares) es el más recurrente.
  • Traición institucional. Sucede cuando una institución u organización que debería apoyarnos o cubrir nuestras necesidades actúa en nuestra contra o nos descuida. En este aspecto se integra desde instituciones sociales, sanitarias, militares, etc.
  • Traiciones románticas. Las relaciones afectivas son escenarios comunes de los traumas por traición. Aparecen por las infelicidades, las mentiras y también por la violencia dentro de la propia pareja.
  • Traumas ocasionados por la ruptura de la confianza entre amistades. Estas experiencias también pueden ser especialmente dolorosas.

¿Cómo se manifiestan?

La Universidad Rush realizó una investigación para profundizar y comprender mucho más esta realidad psicológica. Lo primero que debemos saber es que una traición puede dejar secuelas físicas y psicológicas.

Cuanto más íntimo sea el vínculo con esa figura que atenta contra nosotros, mayores son las secuelas que pueden dejarnos. Estos son los efectos que pudieron advertir en dicho trabajo:

  • Una traición puede ocasionar con frecuencia un trastorno de estrés postraumático.
  • Es común experimentar ansiedad y derivar en cuadros depresivos.
  • Problemas para regular las emociones.
  • Los niños que sufren un trauma por traición de sus cuidadores pueden desarrollar alexitimia.
  • Es frecuente que aparezcan experiencias de disociación. Es decir, la mente se desconecta del momento presente o desplaza esa experiencia traumática.
  • Los traumas por traición logran que dejemos de confiar en las personas y surjan problemas en nuestras relaciones.
  • Pueden aparecer trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
  • Problemas de salud física como alteraciones digestivas, cansancio, alergias, etc.

Buena parte de las traiciones surgen de la nada y no tienen explicación. Por mucho que nos esforcemos en encontrarle un sentido, puede que no lo tengan y eso es lo que más nos cuesta aceptar.



 Abordar la herida de la confianza rota implica dejar espacio a nuestro dolor en lugar de reprimirlo, de procurar seguir adelante.

¿Cómo tratar este tipo de traumas psicológicos?

Vivimos en una sociedad empeñada en convencernos de que hay que eludir el dolor y seguir adelante. ¿Quién no ha experimentado en la propia piel una traición alguna vez? Sin duda, la gran mayoría de nosotros. Ahora bien, ¿qué es lo que solemos hacer tras estas vivencias? Por lo general, apretar los dientes, reprimir el dolor y procurar olvidarlo.

Sin embargo, desplazar lo sucedido no funciona, porque por lo general, queda siempre el sustrato de la rabia, la tristeza y hasta de la culpa. Es necesario abordar la herida de toda traición. Estas son las claves:

Deja espacio al dolor de la traición y descríbela

El primer paso es reconocer el dolor, dejar espacio a la vivencia de la traición y describirla. Debemos ser sinceros con nosotros y evidenciar con detalle cómo nos sentimos al respecto.

Detecta las emociones

Una traición suscita una elevada carga emocional nutrida por estados muy complejos. Hay, como hemos señalado, desde tristeza, ira, enfado, desesperanza y hasta culpa. Podemos escribir estas sensaciones y emociones que nos atenazan o compartirlas con alguien querido. Expresar en voz alta como nos sentimos puede sernos de gran ayuda.

Tras reconocer la herida, busquemos apoyo psicológico

El trauma por traición puede tener detrás otros traumas asociados. Es muy común llegar a la edad adulta sin sanar esas heridas ocasionadas en la infancia con nuestros progenitores. El peso del lazo afectivo vulnerado y dañado se convierte en una losa que, a menudo, veta poder alcanzar el bienestar en la edad adulta.

Busquemos el apoyo de profesionales especializados en el trauma. Abordar dichas heridas puede ser un viaje largo y doloroso, pero podremos alcanzar el bienestar y recuperar el amor propio, la calma y el bienestar.

Fuente:  https://lamenteesmaravillosa.com/trauma-traicion/