Los antiguamente prestigiosos armeros de los reyes indios hoy son indigentes. Pese a su historia gloriosa, los gadia lohar han caído en el olvido. Y vaya donde vaya, la comunidad nómada no es bienvenida.
Los gadia lohar son una comunidad cerrada que tiene poco contacto con el resto de la población. La cineasta Deana Uppal logró pasar tiempo con familias gadia lohar y sumergirse en su estilo de vida, ajeno todavía a la era digital. Pero hay un aspecto en el que la comunidad sí ha realizado un gran avance: entre los gadia lohar, hombres y mujeres realizan las mismas tareas, también en la herrería. Aquí no hay roles estereotipados, las mujeres también toman decisiones en igualdad de condiciones. La mayoría de la población india suele tacharlos injustamente de ladrones. El grado de marginación de estos nómadas también se refleja en la actitud del gobierno. A pesar de muchas promesas de ayuda, integrar a los gadia lohar en la India moderna es problemático, pues la mayoría carece de documento de identidad y su educación es escasa o nula. A menudo viven en malas condiciones sanitarias, tienen difícil acceso al agua potable o la electricidad. Un miembro de los gadia lohar dice: "vivimos en el polvo, comemos polvo. El polvo es nuestro destino".
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Bután - El país de la felicidad en transición | DW Documental
Fuente: DW Documental
Bután es conocido como el país de la felicidad. El pequeño reino del Himalaya tiene un pie en la Edad Media y el otro en la era digital. Un equilibrio único en el mundo para sus habitantes.
A ningún otro país del mundo el milenio le deparó tantos cambios como a Bután: la televisión, Internet y la democratización llegaron al último reino del Himalaya casi al mismo tiempo. Mientras que Timbu, la capital, es una de las ciudades con mayor crecimiento del Sudeste Asiático, a pocos kilómetros al norte, en la meseta tibetana, viven casi 20.000 nómadas cuidando yaks. Este reportaje refleja sus desafíos.El joven Tshewang a menudo debe dejar a su familia durante meses para buscar una mítica seta medicinal a más de 5.000 metros de altitud. Dorji, de cinco años de edad, se ve obligado a separarse de su familia, ya que sus padres decidieron enviarlo a un monasterio por motivos económicos. Choki, una comprometida agricultora orgánica, intenta que su pueblo acceda a la modernidad. Pero Ap Chimi, un arquero de 73 años de edad, no encuentra su lugar en el mundo moderno. Por eso, en su último torneo de tiro, quiere demostrarle a la juventud de su pueblo que todavía está en condiciones de competir.El espectador emprende un viaje en el tiempo que también refleja el desarrollo de Occidente en los últimos cien años. La pérdida de la vida comunitaria en armonía con la naturaleza contrasta con los logros de la globalización. La directora Irja von Bernstorff, que vive en Bután, revela una perspectiva sin igual detrás de las fachadas turísticas del país y muestra por qué el maravilloso mundo de Bután es tan especial.
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No son hombres ni mujeres. Propiamente no son transexuales ni travestis. Tampoco son necesariamente eunucos, ni hermafroditas, ni homosexuales. Más bien se consideran “transgender”. Se llaman hijras, una de las comunidades más desconocidas, controvertidas y estigmatizadas del mundo.
Cuenta la leyenda que, hace más de 20.000 años, el soldado Aravan, hijo de Arjuna, se lamentaba por morir soltero el día antes de librar la gran batalla. Había prometido su sangre a los dioses como ofrenda para la victoria y ninguna mujer deseaba casarse con un hombre que moriría la noche siguiente. Pero el dios Krishna escuchó el lamento y se transformó en Mohini, una bellísima doncella, para unirse a él. Al día siguiente Aravan murió, y Krishna lloró por él como una viuda.
Para conmemorar estos hechos, los hijras (también llamados “aravanis” en el sur del país) peregrinan cada abril-mayo a Koovagam, en Tamil Nadu, para celebrar allí su boda con Krishna y honrar al marido muerto, engalanados como novias y como viudas en una colorida fiesta.
La religión hindú destaca por no tener una definición de sexos demasiado clara. Sus dioses a veces son diosas, o viceversa. Incluso a veces se reconoce un “tercer sexo” que ostenta a la vez las cualidades masculinas y femeninas.
Los hijras hacen gala de ese “tercer sexo”. Han formado parte de la vida cotidiana en India desde la antigüedad y han disfrutado del reconocimiento social a lo largo de la historia. Por ejemplo, durante el imperio mogol los hijras ejercían de cuidadoras de los hijos del emperador y consejeras de Estado, tenían amplias propiedades y sirvientes. Pero con la llegada del imperio británico y sus estrictas normas morales, los hijras fueron condenadas al ostracismo.
Sin embargo, su influencia en las clases populares sigue siendo evidente en la actualidad. Se cree que poseen el poder de bendecir o maldecir y de favorecer (o impedir) la fertilidad, por lo que habitualmente son requeridas en el nacimiento de un bebé, una boda, una inauguración… También se acude a ellas para librarse del mal de ojo o para solicitar su influencia antes de una decisión importante. A cambio, reciben generosas ofrendas en forma de dinero, arroz, saris, azúcar, etc. Todo el mundo tiene especial cuidado con esto, ya que una ofrenda escasa puede resultar en una maldición. Sus poderes mágicos despiertan temor y admiración en una cultura tan supersticiosa.
Actualmente la comunidad hijra se organiza en casas, regentadas por un “nayak” (suele ser el hijra más anciana) que les protege y representa. Allí aprenden y practican el canto, la danza y diversos rituales mágicos; también disfrutan del reconocimiento de las gentes del barrio.
Sin embargo, a los hijras les suele acompañar el estigma de la prostitución, a pesar de que la gran mayoría han renunciado a llevar una vida sexual activa. Aunque la homosexualidad está en proceso de despenalización (desde 2009), se les discrimina a menudo por considerarlas transexuales. Por ello no es extraño encontrarlas mendigando unas rupias con su particular estilo, altanero, escandaloso, burlón.
Se calcula que hay entre 2 y 4 millones de hijras en toda India. Aunque la mayoría nacieron varones, se refieren a sí mismas en femenino y visten ropas de mujer, sin que ello les otorgue identidad femenina, lo que les diferencia claramente de nuestros paradigmas culturales acerca de la homosexualidad o transexualidad. De hecho, India es el único país del mundo que ha reconocido el género «eunuco» como algo distinto de «masculino» y «femenino» hasta el punto de incorporarlo como opción en el pasaporte (la «E» de Eunuch se ha sumado a las opciones «M» de Male y «F» de Female).
En Occidente se suele hablar de ellas como “eunucos” o “hermafroditas”, dando por hecho una modificación genital que sólo a veces se produce, aunque es cierto que ellas mismas consideran que un verdadero hijra es aquel que está castrado.
Distintas organizaciones, como Sangini Trust o Sangama, luchan por el reconocimiento de sus derechos y su identidad.
El sistema de castas de India se encuentra entre las formas más antiguas de estratificación social que ha sobrevivido a lo largo de los años.
Se dice que este sistema que divide a los hindúes en rígidos grupos jerárquicos basados en su karma (trabajo) y dharma (la palabra hindi para religión, aunque aquí significa deber) tiene más de 3000 años de antigüedad y es muy complejo.
¿Cómo surgieron las castas?
Manusmriti, considerado el libro más importante y autorizado sobre la ley hindú y que se remonta a al menos 1.000 años antes del nacimiento de Cristo, "reconoce y justifica el sistema de castas como la base del orden y la confianza de la sociedad".
El sistema de castas divide a los hindúes en cuatro categorías principales: brahmanes, kshatriyas, vaishyas y shudras.
Muchos creen que los grupos se originaron en Brahma, el dios hindú de la creación.
Los dalits constituyen entre un 15% y un 18% de la población india.
En la parte superior del orden jerárquico estaban los brahmanes, que eran principalmente maestros e intelectuales y se cree que provienen de la cabeza de Brahma.
Luego vinieron los Kshatriyas, o los guerreros y gobernantes, supuestamente de sus brazos.
El tercer lugar fue para los Vaishyas, o los comerciantes, que fueron creados a partir de sus muslos.
En la parte inferior del montón estaban los Shudras, que vinieron de los pies de Brahma y hacían todos los trabajos serviles.
Las castas principales se dividieron en unas 3.000 castas y 25.000 subcastas, cada una en función de la ocupación específica.
Fuera de este sistema de castas hindú estaban los achhoots, los dalits o los intocables.
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Los avances logrados en India para combatir la discriminación entre castas no han generado los cambios necesarios.
¿Cómo funciona el sistema de castas?
Durante siglos, la casta ha dictado casi todos los aspectos de la vida religiosa y social hindú, y cada grupo ocupa un lugar específico en esta compleja jerarquía.
Las comunidades rurales se han organizado durante mucho tiempo sobre la base de las castas.
Las castas superiores e inferiores casi siempre vivían en colonias segregadas, los pozos de agua no se compartían, los brahmanes no aceptaban ni bebida de los shudras y uno solo podía casarse dentro de su propia casta.
El sistema otorgó muchos privilegios a las castas superiores, mientras permitía la represión de las castas inferiores por parte de los grupos privilegiados.
Es un sistema que a menudo ha sido criticado por ser injusto y regresivo.
Y aún así permaneció prácticamente sin cambios durante siglos, dejando atrapadas a las personas en órdenes sociales fijos de los que era imposible escapar.
Sin embargo, a pesar de los obstáculos, algunos dalits y otros indios de casta inferior, como B.R. Ambedkar, autor de la Constitución india, y K.R. Narayanan, que se convirtió en el primer presidente dalit de la nación, han llegado a ocupar puestos de prestigio en el país.
Esto fue posible porque, según los historiadores, hasta el siglo XVIII las distinciones formales de casta tenían una importancia limitada, las identidades sociales eran mucho más flexibles y la gente podía pasar fácilmente de una casta a otra.
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B.R. Ambedkar, un dalit, fue uno de los padres de la Constitución de la India.
Un nuevo estudio reveló que los gobernantes coloniales británicos establecieron estrictos límites que hicieron de las castas la característica social definitoria de India cuando utilizaron censos para simplificar el sistema.
El objetivo era crear una sociedad única con un derecho común que pudiera ser gobernada fácilmente.
¿Es legal?
La Constitución de la India independiente prohibió la discriminación por motivos de casta.
Y en un intento por corregir las injusticias históricas y ofrecer igualdad de condiciones a los que habían sido tradicionalmente desfavorecidos, en 1950 las autoridades anunciaron cuotas en puestos gubernamentales e instituciones educativas para castas y tribus, la más baja en la jerarquía de castas.
En 1989, las cuotas se ampliaron para incluir una agrupación denominada OBC (otras clases atrasadas) que se encuentran entre las castas superiores tradicionales y las más bajas.
En las últimas décadas, con la expansión de la educación secular y la creciente urbanización, la influencia de las castas ha disminuido un poco, especialmente en las ciudades donde conviven diferentes castas.
También los matrimonios entre castas se están volviendo más comunes.
En ciertos estados del sur y en el estado norteño de Bihar, muchas personas comenzaron a usar un solo nombre después de los movimientos de reforma social.
Pero a pesar de los cambios, las identidades de casta siguen siendo fuertes y los apellidos casi siempre son indicaciones de a qué casta pertenece una persona.
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Los dalits siguen sufriendo la discriminación pese a los avances logrados.
¿Qué pasa con las cuotas de trabajo?
En los últimos años, ha habido demandas de varias comunidades para ser reconocidas como OBC.
En 2016 hubo protestas violentas por parte de la comunidad Jat en Haryana y la comunidad Patel lideró grandes protestas en Gujarat en 2015 exigiendo acceso a las cuotas previstas para las castas.
Ambas son comunidades prósperas y políticamente dominantes, pero argumentan que un gran número de sus comunidades son pobres y sufren.
Algunos dicen que el sistema de castas ya habría desaparecido si los políticos no hubieran avivado regularmente el sistema.
En las elecciones, muchos grupos de castas siguen votando en bloque y son cortejados por políticos que réditos electorales.
Como resultado, lo que originalmente estaba destinado a ser un plan de acción afirmativa temporal para mejorar la situación de los grupos desfavorecidos se ha convertido ahora en un ejercicio de captación de votos para muchos políticos.