Diputada Nicolle Salle Alerta: Uruguay Entra en una Nueva Era de Control.
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El presidente de República Dominicana, Luis Abinader, anunció este viernes en su acto de rendición de cuentas en Santo Domingo, que el país caribeño concretó la firma para construir "un puerto espacial comercial" en la localidad de Pedernales.
Según sus declaraciones, la negociación se concretó luego de tres años de diálogos con la empresa estadounidense LOD Holdings. El mandatario indicó que esta infraestructura será "pionera" porque abre las puertas del país "a la economía espacial global". Además, detalló que el proyecto contará con "más de 600 millones de dólares de inversión", cita la prensa local.
Abinader afirmó que la base estará lista antes de mayo de 2028, cuando la República Dominicana enviará su primer cohete al espacio. El mandatario relacionó esta iniciativa con la llegada de empresas multinacionales y tecnológicas globales como Google y Nvidia, que, según dijo, ven en el país una plataforma segura para innovar, invertir y crecer.
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OPINIÓN | Innovación y otras yerbas
En 1965, Gordon Moore, fundador de Intel, notó que el número de transistores que podían colocarse en un circuito integrado se duplicaba aproximadamente cada año. Extrapolando, formuló lo que se conoce como la ley de Moore.
Dicha ley dice que la capacidad de procesamiento de los computadores se duplica aproximadamente cada dos años, sin que aumente su costo. No es una ley de la naturaleza, es una observación práctica que demostró ser aproximadamente verdadera desde su origen hasta hoy.
En otras tecnologías ocurrieron fenómenos parecidos: en 2003 se completó la secuenciación del genoma humano, en un proyecto que costó del orden de los 3 mil millones de dólares. Veinte años después es una tecnología accesible a un costo de menos de 200 dólares.
En la década del 90’ el costo de poner 1 kg en órbita era de alrededor de 50.000 dólares, hoy cuesta 25 veces menos y sigue bajando.
El comienzo de la nueva era espacial está asociado a SpaceX, fundada en 2002 por Elon Musk. Después de varios fracasos transformados en aprendizajes, como todas las StartUps, en 2015 logró el primer cohete reutilizable, en 2020 comenzó los vuelos tripulados y hace pocas semanas logró capturar el cohete de lanzamiento del StarShip en el aire y acoplarlo a su torre de lanzamiento. Vale la pena ver el video. SpaceX tiene más del 50% del mercado de lanzamientos espaciales.
La ley de Moore, aplicada a los costos de poner en órbita un satélite, y a los costos propios del satélite, está impulsando una nueva carrera espacial. Veamos algunos ejemplos:
Relativity Space: dedicada a la fabricación de cohetes mediante impresión 3D.
Está desarrollando el cohete Terran R, totalmente reutilizable.
Rocket Lab: dedicada al lanzamiento de pequeños satélites. Su cohete Electron es uno de los más utilizados en el mercado de satélites pequeños.
Astra, Impulse Space, Hermeus, SpinLaunch son también nuevas empresas del sector. Por su parte Hermeus está desarrollando un avión supersónico para transporte capaz de alcanzar la velocidad de Mach 5. Varda Space Industries apunta a producir materiales en el espacio aprovechando la microgravedad.
El boom es tan relevante que Y Combinator, la aceleradora de empresas de mayor prestigio, ha publicado un aviso que vale la pena ver. El aviso apunta a atraer emprendedores con nuevas ideas en el sector aeroespacial. Y Combinator ya ha apoyado a empresas como Astranis, dedicada a satélites de comunicación de bajo costo; Inversion, que desarrolla cápsulas de reingreso orbital para transporte de carga; Orbit Fab, para el abastecimiento de combustible en el espacio y varias más.
En Uruguay no estamos ajenos al boom. Satellogic, con presencia global, tiene su fábrica en Zonamérica: decenas de satélites orbitan con la bandera uruguaya. Satellogic se dedica a las imágenes satelitales y apunta a integrar herramientas de Inteligencia Artificial para su procesamiento.
Su fundador, Emiliano Kargieman, escribe en su blog:
“Pronto, ya no dependeremos de analistas que procesen manualmente imágenes satelitales y las fusionen con otros datos auxiliares en flujos personalizados de procesamiento geoespacial para extraer las perspectivas que necesitamos. En su lugar, interactuaremos con grandes modelos de IA de Observación de la Tierra con acceso a imágenes en alta resolución y en tiempo real de nuestro planeta para derivar esas perspectivas.”
Otra iniciativa cercana es Tlon Space, empresa argentina que presentó un proyecto para construir un puerto espacial en Rocha, tal como informó Montevideo Portal aquí.
El proyecto de Tlon Space tiene sus detractores, que se basan en los riesgos ambientales propios de un puerto espacial. Sin dudas los riesgos existen, pero también existen las medidas de mitigación de riesgos, y los beneficios de ser parte de esta nueva era espacial.
Tomar la bandera de “todo vale”, o la bandera “todo lo que tiene riesgos debe ser evitado”, es fácil. Trazamos la línea y nos peleamos de un lado y del otro.
Lo difícil, pero totalmente necesario, es el análisis desprejuiciado de estos tres elementos para tomar una decisión final, que seguramente no le gustará a una de las partes embanderadas.
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Los archivos desclasificados del proxeneta y tratante Jeffrey Epstein, condenado por delitos sexuales y vinculado a una vasta red de influencia global, han sacado a la luz un misterioso proyecto de vigilancia e inteligencia en Buenos Aires que involucra tecnología israelí de punta. Este plan, impulsado en 2014, revela el rol central de Epstein como inversor en empresas ligadas a exfuncionarios israelíes y destaca la creciente influencia del gobierno y la industria de defensa de Israel en políticas de seguridad argentinas, bajo el pretexto de «ciudades seguras».
Epstein, quien se convirtió en uno de los principales inversores de Reporty Homeland Security en 2014, no solo financió la compañía, sino que recibió reportes confidenciales, técnicos y planes de negocios que detallaban un sistema de microlocalización capaz de convertir teléfonos inteligentes en sensores de vigilancia masiva.
Según los documentos, esta tecnología permitía monitorear movimientos incluso dentro de edificios, con precisión inferior a un metro, y operaba las 24 horas, recolectando datos «invaluables» para monetización con redes sociales y agencias de publicidad. La periodista Camila Dolabjian, quien analizó los archivos, afirmó: “Los archivos de Epstein no solo revelaron detalles escabrosos de su red delictiva, sino también los vínculos y negocios de la élite mundial que, según sus propias palabras, podían rondar lo ilegal”.
Este involucramiento subraya el papel de Epstein no solo como financista, sino como facilitador de redes que fusionaban inteligencia privada con intereses geopolíticos.
El vínculo con Israel es particularmente alarmante. Reporty Homeland Security fue fundada por exfuncionarios y exagentes de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), y contaba con la participación directa de Ehud Barak, ex primer ministro israelí, en su conducción.
La empresa se presentaba como una herramienta para «salvar vidas» mediante aplicaciones móviles, pero documentos internos admitían su potencial para control masivo: “Con Reporty, las autoridades tienen el poder de controlar a la masa en la red social”.
Esta conexión no es aislada; Reporty forma parte de un ecosistema de la industria de defensa israelí, que ha exportado tecnologías de vigilancia a varios países, incluyendo Argentina. Aunque no se menciona directamente al Mossad, la presencia de exagentes de las IDF sugiere un flujo de conocimiento y expertise proveniente de la inteligencia israelí, lo que plantea interrogantes sobre la soberanía en materia de datos y privacidad.
En el contexto argentino, el plan se materializó a través del proyecto «Buenos Aires Ciudad Segura», detallado en un reporte confidencial enviado a Epstein en 2014 bajo el subtítulo “Argentina (Buenos Aires)”.
Según el documento, la empresa Mer Group –también ligada a la industria de defensa israelí– estaba finalizando la instalación de cámaras, sistemas de observación e inteligencia en la capital argentina.
Un video institucional de Mer Group de 2017 destacaba el despliegue: 100 cámaras de alta definición para patrullaje virtual, un centro de comando y control, cinco centros regionales de monitoreo, patrulleros con reconocimiento automático de patentes y 500 kilómetros de red de fibra óptica.
El proyecto fue implementado por el gobierno nacional en 2014 a través del Ministerio de Seguridad, y estuvo a cargo de la Policía Federal. “Gracias al proyecto Buenos Aires Ciudad Segura, la ciudad se suma a las más desarrolladas del mundo en sistemas de seguridad pública”, se afirmaba en el video. Esta colaboración ilustra la influencia del gobierno israelí en Argentina, no solo a través de empresas privadas sino mediante acuerdos que integran tecnología de defensa en infraestructuras críticas.
En un momento de debates globales sobre regulación de reconocimiento facial y geolocalización, estos vínculos generan preocupaciones sobre la erosión de la privacidad ciudadana y la dependencia de tecnologías extranjeras con potenciales usos duales (civiles y militares). Fuentes consultadas indican que las licitaciones de esa época no están digitalizadas, lo que complica el acceso a información detallada y alimenta sospechas de opacidad en los contratos.
Las revelaciones de los archivos de Epstein no solo exponen su rol como puente entre élites financieras y tecnológicas, sino que también resaltan cómo Israel, a través de su ecosistema de inteligencia y defensa, ha extendido su influencia en América Latina, particularmente en Argentina, moldeando políticas de seguridad urbana con implicaciones a largo plazo para la democracia y los derechos humanos.
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