La etnia Han: El corazón de la civilización china
La Han es la más numerosa de China y del mundo, con más de 1.200 millones de personas, lo que representa cerca del 92 % de la población china y casi una quinta parte de la humanidad.
Por Fabián Pizarro Arcos, periodista y director del proyecto Efecto China
La etnia Han es la más numerosa de China y del mundo, con más de 1.200 millones de personas, lo que representa cerca del 92% de la población china y una quinta parte de la humanidad.
Su nombre proviene de la dinastía Han (206 a.C.–220 d.C.), una de las más influyentes en la historia del país, y que consolidó la identidad cultural, política y lingüística del pueblo chino. A lo largo de los siglos, los Han se expandieron desde el fértil valle del río Amarillo, cuna de las primeras civilizaciones, hacia casi todas las regiones del territorio actual de China, fusionándose con otros pueblos y culturas locales.
La lengua principal de esta etnia es el chino mandarín, aunque existen numerosos dialectos regionales como el cantonés, el shanghainés, el hakka y el minnan, entre otros. Todos ellos comparten un mismo sistema de escritura basado en los caracteres chinos, símbolo de unidad cultural.
La cosmovisión Han ha estado profundamente influenciada por el confucianismo, el taoísmo y el budismo, que en conjunto modelaron su ética, su sentido del deber, su respeto por la familia y la autoridad, y su búsqueda del equilibrio y la armonía social.
Las costumbres y tradiciones Han se reflejan en su rica vida cultural las celebraciones del Año Nuevo Lunar, el Festival de Medio Otoño, el respeto filial, la práctica del té y la importancia del calendario lunar son expresiones de una identidad milenaria que combina lo ancestral con la modernidad.
En el arte, los Han han dejado una huella profunda a través de la caligrafía, la pintura, la poesía, la ópera tradicional y la arquitectura, especialmente los templos, pagodas y jardines clásicos.
En la actualidad, los Han se encuentran no solo en toda China continental, sino también en Taiwán, Hong Kong, Singapur y en comunidades repartidas por todo el mundo. Su influencia ha sido determinante en la configuración de la cultura, la economía y la política china contemporánea, así como en la transmisión de valores que han perdurado durante más de cuatro mil años.
Ser Han, más que pertenecer a una etnia, significa formar parte de una tradición civilizatoria que ha dado forma al pensamiento, la lengua y la identidad de China desde los albores de la historia hasta nuestros días.
Han (汉族, Hànzú)
- Población: Más de 1.28 mil millones (91,1% del total nacional).
- Localización: Presente en todas las provincias; mayoría en la llanura del río Amarillo, el Yangtsé y el delta del río Perla.
- Idioma: Mandarín (putonghua) y numerosos dialectos (cantonés, hakka, wu, min, jin, etc.).
- Religión: Confucianismo, taoísmo, budismo, religiosidad popular y culto a los ancestros.
- Vestimenta tradicional: El hanfu, con túnicas cruzadas y mangas anchas; el qipao y el changshan derivan de versiones posteriores.
- Gastronomía: Inmensamente diversa: comida del norte basada en trigo y del sur en arroz; especialidades como el pato laqueado de Beijing o los dumplings.
- Costumbres: Celebración del Año Nuevo Lunar, Festival del Medio Otoño y el Festival de los Faroles; la familia ocupa el centro de la vida social.
- Historia: Herederos de la civilización del valle del río Amarillo; el nombre "Han" proviene de la dinastía Han (206 a.C.–220 d.C.), que consolidó la identidad cultural china.
- Relevancia: Base cultural y lingüística de China; su cosmovisión moldeó la administración imperial, la educación y la filosofía nacional.
“Sinización” de las minorías
El presidente chino, Xi Jinping, ha llamado repetidamente a una “sinización de la religión”, reclamando que las prácticas religiosas se alineen con lo que el Partido Comunista considera son los valores y la cultura chinas, y los expertos ven esta ley como un paso más en esa dirección.
“La ley es coherente con un cambio de política reciente y dramático para suprimir la diversidad étnica formalmente reconocida desde 1949”, indicó en un informe Magnus Fiskesjö, profesor asociado de Antropología en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos.
“Los niños de la siguiente generación quedan ahora aislados y brutalmente obligados a olvidar su propio idioma y cultura”, añadió.
Sin embargo, Pekín argumenta que enseñar mandarín a la próxima generación ayudará a sus perspectivas laborales.
También dice que la ley para “Promover la Unidad y el Progreso Étnicos” es crucial para fomentar la “modernización a través de una mayor unidad”.
La norma proporciona una base legal para procesar a padres o tutores que puedan inculcar en los niños lo que las autoridades consideren como puntos de vista “perjudiciales” para la armonía étnica.
Además, pide “entornos comunitarios mutuamente integrados”, lo que algunos analistas creen podría resultar en la disolución de vecindarios con alta presencia de minorías.
El gobierno chino comenzó a impulsar lo que describe como la “sinización” de los grupos minoritarios a finales de la década de los 2000 en busca de una identidad nacional más unificada al asimilar grupos étnicos a la cultura han dominante.
Los chinos Han representan más del 90% de los 1.400 millones de habitantes del país, pero en él hay también 55 minorías étnicas reconocidas oficialmente. Se estima que millones de chinos forman parte de alguna.
Pekín ha sido acusado durante mucho tiempo de restringir los derechos de las minorías étnicas en regiones como Tíbet, Xinjiang y la Mongolia Interior.
Los críticos dicen que a menudo se ha impulsado una asimilación forzosa en estos lugares, una política dirigida por el Estado que se ha acelerado bajo el liderazgo del presidente Xi Jinping, quien ha adoptado una línea más dura sobre la disidencia y las protestas, especialmente en áreas donde viven grupos étnicos minoritarios.
En Tíbet, las autoridades han arrestado monjes y tomado el control de monasterios para asegurar que no adoren al Dalai Lama.
Cuando la BBC visitó en julio del año pasado un monasterio que estuvo en el corazón de la resistencia tibetana, los monjes dijeron vivir bajo miedo e intimidación.
“A nosotros los tibetanos se nos niegan los derechos humanos básicos. El gobierno chino continúa oprimiéndonos y persiguiéndonos. No es un gobierno que sirva al pueblo”, nos dijo uno de ellos.
El gobierno chino ha ofrecido durante años incentivos a los chinos Han para que se instalen en el Tíbet o en Xinjiang, en lo que los críticos presentaban como un intento de superar numéricamente a la población autóctona.
Como resultado de ello, las capitales de ambos territorios, Lhasa y Urumqi, han sufrido en los últimos años una gran afluencia de elementos de la cultura Han.
Monjes tibetanos protagonizaron en los meses previos a los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 un levantamiento contra las autoridades chinas en Lhasa.
Las protestas fueron aplastadas como otras anteriores. El balance oficial fue de 22 muertos, pero grupos de exiliados tibetanos elevaron la cifra a alrededor de 200.
La BBC visitó un monasterio tibetano que ha sido durante décadas un foco de resistencia
Campos de reeducación
En Xinjiang, grupos de derechos humanos han documentado la detención de un millón de musulmanes uigures en lo que el gobierno chino llama campos de “reeducación” y la ONU ha acusado a Pekín de graves violaciones de derechos humanos en este territorio con una gran población musulmana.
Grupos de uigures se enfrentaron a chinos han en la capital de Xinjiang, Urumqi, en 2009, lo que dejó casi 200 muertos.
Cuatro años después, un grupo de separatistas uigures murió cuando conducían un auto cargado de material explosivo hacia los aledaños de la plaza de Tiananmen, en Pekín. Al año siguiente, otro grupo uigur atacó a los transeuntes en una estación de tren en la provincia de Yunan.
Una investigación de la BBC de 2021 y 2022 encontró indicios de la existencia de campos de detención, y casos de abuso sexual y esterilización forzada que Pekín niega.
Varias informaciones señalaron que las prácticas religiosas de los uigures han sido restringidas y varias mezquitas de Xinjiang cerradas.
En 2020, personas de etnia mongola en el norte de China organizaron unas inusuales manifestaciones contra las medidas adoptadas para reducir la enseñanza en su idioma mongol y aumentar la del mandarín.
Los padres incluso retuvieron a los niños en protesta contra la política ya que algunos veían la medida como una amenaza a su identidad cultural.
Las autoridades actuaron rápidamente para reprimir lo que veían como disidencia.
El gobierno chino justifica sus actuaciones como la respuesta a insurrecciones violentas.
El Partido Comunista dice que abraza diferentes etnias. La Constitución del país establece que “cada etnia tiene el derecho de usar y desarrollar su propio idioma” y “tiene el derecho a la autonomía”.
Pero los críticos creen que esta nueva ley profundizará en la política de asimilación del presidente Xi.
“La ley deja más claro que nunca que en la República Popular China de Xi Jinping los pueblos deben hacer más para integrarse con la mayoría Han y, sobre todo, ser leales a Pekín”, dijo Allen Carlson, profesor asociado de Gobierno en la Universidad de Cornell.
Este enfoque en el desarrollo y la prosperidad es “revelador”, le dijo a la BBC el profesor Ian Chong, de la Universidad Nacional de Singapur.
“Es fácil leer este lenguaje como que los idiomas y culturas minoritarios son atrasados e impedimentos para el avance”.
El enfoque de Xi hacia las minorías es “coherente con su idea de crear una nación china grande y fuerte con un núcleo han del norte... las minorías se ven como ramificaciones de ese núcleo y, por lo tanto, de alguna manera derivadas”, añadió.
“En la práctica, esto ha provocado preocupaciones sobre un mayor control y la disminución o incluso represión de culturas e idiomas minoritarios”.
En Xinjiang, grupos de derechos humanos han documentado la detención de un millón de musulmanes uiguresGetty Images
Minorías centenarias
En su análisis de la polémica ley, el China Power Project del Centro para los Estudios Estratégicos e Internacionales, citó unas palabras de Mao Tse-Tung, el fundador de la China comunista: “China es un país con un vasto territorio, rico en recursos y con una gran población; en realidad, es la nacionalidad Han la que tiene una gran población y las nacionalidades minoritarias las que tienen un territorio vasto y con ricos recursos
Es cierto que, aunque los chinos Han representan alrededor de un 90% de la población en el censo, las tierras de las minorías tibetana, uigur y mongola albergan ricos recursos minerales y agrícolas, y suponen una parte significativa del territorio de China.
Estas minorías han vivido momentos de independencia a lo largo de la historia y viven en territorios grandes y expuestos a contactos con otros países. Tienen sus propias lenguas e incluso sus propia escritura.
En ocasiones, han intentado proteger sus culturas resistiéndose al control de Pekín, aunque no tuvieran éxito, y sus grupos de exiliados son algunos de los más críticos con el poder chino.
Antes de la nueva ley, a menudo las autoridades chinas podían interpretar las normativas existentes a su conveniencia, pero con la nueva norma se hace mucho más fácil para los funcionarios aplicar políticas que llevan tiempo en preparación y que ahora vienen con órdenes más claras desde la cúspide del Estado.




