La ingeniera española que lidera la ‘app’ europea de rastreo de contagios: “No será un estado de vigilancia”
La propuesta de Apple y Google es muy similar a la iniciativa DP-3T, que es por ahora la única que ha publicado en Europa un prototipo
Carmela Troncoso, ingeniera e investigadora de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza), lidera la creación de una app europea descentralizada para rastrear contagios de Covid-19.
Carmela Troncoso es ingeniera de telecomunicaciones especialista en privacidad en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza). Lidera un equipo de más de 20 personas de ocho instituciones europeas que trabaja para crear una app que rastree nuestros contactos y a la vez respete nuestra privacidad. El objetivo es tener una herramienta tecnológica a principios de mayo que permita a los ciudadanos saber si han estado cerca de alguien que días después da positivo por Covid-19.
En esta primera entrevista desde que empezó en este proyecto, Troncoso explica la iniciativa: DP-3T. Es descentralizado y el único que de momento ha publicado su propuesta bajo el paraguas del PEPP-Pt (Rastreo Paneuropeo de Proximidad para Preservar la Privacidad). España es uno de los gobiernos europeos que se ha sumado a este consorcio y espera ver qué sale de ahí.
Apple y Google dieron un empujón enorme el pasado viernes al usar un protocolo muy similar para convertir la herramienta en global. En el MIT y en Stanford hay iniciativas parecidas, pero DP-3T es íntegramente europea y quizá marque el camino a seguir para poder hacer vida más o menos normal hasta la llegada de una vacuna.
Pregunta. El rastreo de contactos no está demostrado que sirva. En Singapur, de momento, no ha funcionado. ¿Por qué ahora sí?
Respuesta. Esa es una pregunta para un epidemiólogo, no para la persona técnica. Esto es la solución tecnológica para el problema de aplanar la curva y frenar los contagios. La manera que tenemos ahora de conseguirlo es no salir de casa. Pero una vez salgamos, el problema más grande será el periodo asintomático: cuando eres contagioso y no lo sabes. Los epidemiólogos dicen que hay que avisar a esa gente cuanto antes. La app intenta darte una pista de que puedes llegar a tener síntomas en el futuro. Te dice que has estado en contacto con alguien que ha dado positivo. Así que en vez de esperar a tener síntomas puedes hacer algo en ese momento, como quedarte en casa o contactar con el médico. Esto es lo que la tecnología puede hacer: no puede hacer una vacuna.
P. ¿No servirá solo para que parezca que los gobiernos hacen algo?
R. Esto no va a curar el coronavirus. Pero parece que la solución sin rastreo de contactos no está sobre la mesa. Si me hubieras preguntado por rastreo sí o no hace un mes, hubiera dicho ‘no sé’. Ahora no tenemos la opción de no tenerlo. La cuestión es qué tipo de rastreo tendremos, cuánto va a respetar nuestros derechos fundamentales. Hay gente que prefiere ceder su localización a quedarse en casa. Pero no es una dicotomía. Una vez visto que hay que salir y que cuando salgamos no debemos volver al crecimiento exponencial, hay pocas alternativas. La pregunta es cómo debemos hacerlo para que no sea un nuevo problema y se convierta en un estado de vigilancia. No podemos solucionar un problema y crear otro.
P. Los ciudadanos tienden a imaginarse un estado policial.
R. Hay muchas cosas que la gente tiene en contra del rastreo de contactos. Por ejemplo, la idea de que la app se convierta en una herramienta de discriminación. Aunque no sea obligatoria, igual te dicen que no puedes ir al trabajo sin la app. Por eso esto debe venir con un marco legal. No somos los técnicos los que podemos presionar a los gobiernos. La discriminación en base a la app debe ser ilegal.
P. ¿Cómo resuelve vuestro protocolo el problema de los contagios?
R. Cada teléfono emite por bluetooth identidades efímeras, unos códigos que duran 10-15 minutos. Ese fragmento debe ser suficientemente largo como para medir si dos personas han estado juntas y cómo de cerca.
Para frenar el COVID-19 tendremos que utilizar apps de rastreo. Hay polémica en torno a ellas, pero nuestro derecho a la privacidad no está reñido con su utilización. He traducido este 'cómic-hilo' creado por @ncasenmare en colaboración con @carmelatroncoso Abro hilo (1/5)
P. ¿Medís el tiempo y a qué distancia hemos estado de alguien?
R. Intercambiaremos códigos. Si el código de otra persona se envía cada tres minutos y yo lo veo en mi móvil tres veces seguidas, sabré que he estado nueve minutos con esa persona. La distancia se mide en función de la potencia de la señal. Lo que necesitamos es saber si hemos estado a más o menos de dos metros de alguien, aunque este dato no se sube al servidor. Cuando te bajas a tu móvil los códigos de la gente infectada, ves si has estado cerca de alguien que ha dado positivo. Por ejemplo, el código 1234 lo tienes varias veces: eso quiere decir que has estado tantos minutos con una persona que ha dado positivo. Y al lado de ese 1234, en tu móvil, estará guardada la potencia de la señal, que marca la distancia a la que has estado de esa persona. (Los códigos son claramente bastante mas largos y aleatorios que 1234).
P. La clave de vuestro protocolo es qué información se sube al servidor una vez eres positivo. No todos los protocolos son iguales.
R. Hay protocolos en los que se sube al servidor el modelo de teléfono, la versión del sistema operativo, la versión del bluetooth, ¿cuántos de esos son pseudoidentificadores?
P. Entonces, ¿qué información sube al servidor vuestro protocolo, el DP-3T?
R. En nuestro sistema, el servidor no recoge información relevante. Subimos solo los identificadores de la persona contagiada: no revela ninguna información de sus contactos con otros. Esto es muy importante. En apps como la de Singapur se suben al servidor los códigos que has recibido de otras personas, no los que has mandado. Si ves la sociedad como un grafo, estos intercambios dan las aristas del grafo. Se puede reconstruir. Es una diferencia enorme y es algo por lo que estoy muy agradecida a Google y Apple por tomar nuestro protocolo.
P. Tu móvil organiza tus encuentros en dos listas: códigos que mandas y códigos que recibes de las personas con las que te cruzas. Puede parecer menor, pero vuestro protocolo sube al servidor los códigos que envías, no los que recibes. ¿Por qué es una diferencia clave?
R. Porque la lista de códigos que recibes indica con quién has estado: si has estado con dos personas y a la vez que esas personas han estado juntas. Por cómo funciona el contagio, si los amigos de mis amigos están infectados, ellos subirán más códigos y verán a sus amigos. Además, en otros protocolos es el servidor quien notifica a esas personas que han estado cerca de una persona en riesgo.
R. No, están haciendo un gran favor a la privacidad de los usuarios. Impiden la creación de sistemas centralizados. Nuestro sistema implica privacidad por diseño, no privacidad por confianza, que es cuando te juran que no lo van a usar mal. Cuando hablamos de los datos de contactos de un país entero, es importante.
P. Han tomado vuestro modelo.
R. La solución de Apple y Google es fundamentalmente la misma idea que la nuestra. Hay unos pequeños cambios sobre los que estamos hablando con ellos para ver las implicaciones. Pero para nosotros es perfecto.
P. Su participación trae otras ventajas.
R. Facilita la portabilidad entre países. El protocolo común hace esto más fácil. El protocolo es cómo los teléfonos recogen datos y los mandan, pero es muy importante para mantener la soberanía que el servidor sea nacional. No deberíamos dejar nunca que ese servidor lo gestione Google. Si eso ocurre, esto se convierte en un sistema de Google.
P. Cada país conservará opciones al aplicar este protocolo.
R. Sí, incluso con nuestro protocolo la app podrá, por ejemplo, llamar automáticamente cuando alguien reciba una alerta de contagio. Por eso la aplicación es de código abierto. Pero podrá enviar lo que le dé la gana: mis números, metadatos. Si quieres la localización, te la recoges y la mandas aparte. El bluetooth solo manda códigos, pero la app podría coger la localización del GPS del móvil. Pero eso no tiene nada que ver con el protocolo. Las autoridades nacionales pueden decidir muchas cosas.
P. ¿La localización?
R. Coger la localización es algo que ya pueden hacer. Esa información la puedes obtener ahora sin bluetooth, solo preguntando a toda la gente que se infecta. Pero la pregunta que la gente debe hacerse es ‘esta tecnología nueva, qué cosas permite’.
P. Has dicho que Apple y Google son una buena noticia. ¿Pero hay algo que te preocupa?
R. Tienen un poder enorme. Han tomado una decisión que limita qué puede decidir un gobierno, y puede entenderse como un problema para la soberanía. En este caso, han tomado una decisión en base a privacidad y derechos fundamentales. Si no hubieran tomado esta decisión, ahora estaríamos en el debate de si se pueden vulnerar derechos fundamentales.
P. Pero ahora tienen aún más capacidades.
R. Tampoco ganan tanto. Hay gente que dice: ahora tienen todas las balizas. Ya las tenían antes. Son el sistema operativo. Con lo que no me parece que haya excesiva diferencia. No lo veo como una ventaja para nuestro protocolo sino para los derechos fundamentales.
P. Los gobiernos podrán seguir subcontratando empresas locales para hacer sus apps.
R. Por eso es una buena noticia que el protocolo esté en el sistema operativo y no tengamos que preocuparnos de ellas. En nuestro caso, sí estamos diseñando una app. Será los mínimos datos posibles. Ha salido el primer prototipo. Varias personas la van a auditar. Nos tomamos muy en serio esto. No estamos aquí para ganar dinero. Es una pregunta que me hacen a menudo. No voy a montar ninguna start-up. No estamos aquí para vender ningún producto. Estamos aquí para demostrar que el rastreo de contactos es posible sin un estado de vigilancia.
P. ¿No da vértigo la velocidad a la que ha ido el desarrollo, en apenas un mes?
R. Vértigo es poco. La velocidad es enorme. Pero la criptografía que va detrás de esto es simple, con la app y todo, comparado con otros protocolos centralizados que tienen una base de datos detrás, hay un montón de puntos en los que te puedes equivocar. El nuestro es mucho más sencillo. Nosotros seguimos el principio KISS, como “beso”, que es “keep it simple, stupid”, “hazlo fácil, estúpido”. Nuestra app es KISS. Es una decisión de diseño para que el análisis sea fácil. El protocolo lleva colgado dos semanas para que la gente pueda analizarlo. La gente viene con ataques, con recomendaciones, es muy útil.
P. ¿Qué tipo de ataques?
R. Hay ataques fundamentales que vienen por la tecnología que usamos –bluetooth– y hay ataques de otros tipos. En la parte del software vamos a hacer muchas auditorías para comprobar que no nos hemos equivocado con el código: cómo nos aseguramos que no se puede coger un código y replicarlo en otro lugar, hacerse pasar por otros.
And our Easter Egg is a new #DP3T countermeasure to avoid short-time and remote eavesdropping (e.g., antennas in public spaces or drive-by) Many GitHub issues and tweets on this problem, please check and let us know what you think It is in Section 4:https://github.com/DP-3T/documents/blob/master/DP3T%20White%20Paper.pdf …
P. Las grandes tiendas ya tienen balizas de bluetooth en sus entradas. Pueden descargar la app y comportarse como un usuario más. Cuando reciban los códigos, pueden saber quién es positivo.
R. No hay nada que podamos hacer para evitar eso. Si se bajan la app son un usuario. Para evitar ese ataque, en vez de enviar el identificador en cada baliza, lo que hacemos es dividirlo en cachitos y mandarlo en partes, con lo cual si pasas por delante de alguien no va a darle tiempo a coger todos los trozos. Para eso, un empleado de la tienda debería estar un rato al lado de cada usuario para recoger todos sus cachitos.
P. ¿Podrás desactivar tu bluetooth si no quieres rastreo en algún momento?
R. Entiendo que sí. Esto es algo que te hace dudar. Pero luego pensé que podemos hacer auditorías externas. Puedes hacer en casa algo parecido y ver qué ocurre con tu teléfono. Me relajé mucho cuando me di cuenta de que no necesitas estar dentro para ver si han hecho lo que dicen. Es positivo que hayan dado este paso, pero es muy importante que tanto Apple como Google tengan auditorías externas.
P. ¿Cómo sabremos que dejan de rastrearnos cuando pase la pandemia?
R. Cada país podrá pararlo si controla el servidor. Pero cómo paras algo que está en el sistema operativo. Por un lado no puedes. Por otro, también podrían haberlo hecho ya sin este rastreo de contactos. Ahora podrás hacer auditorías externas. No podrán hacerlo en secreto. No pueden mandar señales que no se puedan ver. La mayor preocupación es que hayan tenido tanto poder para decidir qué tipo de sistema se va a implementar en el planeta. Eso da miedo. Deberíamos reflexionar como sociedad cuándo les hemos dado ese poder.
Aplicación contra la Covid 19 en Singapur que se basa en tecnología bluetoothCATHERINE LAI / AFP
España ya piensa en cómo será la app que nos saque de casa en la postcuarentena. La Secretaría de Estado de Inteligencia Artificial anunció este lunes su participación en un proyecto europeo originado en Alemania llamada PEPP (siglas en inglés de Rastreo Paneuropeo de Proximidad para Preservar la Privacidad). Su objetivo es rastrear los contactos de los teléfonos por bluetooth para detectar quién ha estado cerca de alguien que luego ha dado positivo.
Estos sistemas de rastreo de contactos funcionan así: cada teléfono emite y recoge códigos de teléfonos cercanos cada 15 minutos, que se almacenan en dos listas, códigos enviados y códigos recibidos. Ninguna lista estará ligada a la identidad del usuario. Cuando alguien dé positivo, su lista de códigos enviados será subida a un servidor, que la retransmitirá para el móvil de cada usuario compruebe en su lista de códigos recibidos si ha estado en contacto con ese infectado.
Este tipo de rastreo no es una solución mágica ni está claro que funcione. Singapur la probó y ahora están en cuarentena. Pero en el país asiático solo el 20% de la población se descargó la aplicación. Para lograr que estas iniciativas lleguen al mayor número de teléfonos posibles y sea más efectiva, Apple y Google anunciaron este fin de semana una colaboración inédita. La idea es hacer un protocolo global y facilitar que esas apps que permitan rastrear los contactos se incorporen a los móviles cuando se actualicen sus sistemas operativos, previa aceptación del usuario.
Los dos gigantes tecnológicos crearán el protocolo para facilitar la instalación de las apps, pero estas serán nacionales. En España, fuentes de la Secretaría de Estado de Inteligencia Artificial dicen que estarán a punto cuando Sanidad les pida esta solución: “Tendremos la tecnología lista para lo que haga falta”, dicen. “Estamos observando activamente y preparados para facilitar todas las opciones tecnológicas que las autoridades sanitarias decidan o no poner en marcha”, añaden. Por ahora, no hay en marcha ningún plan concreto, admiten.
El día en que España apueste por este sistema deberá contar con la iniciativa privada. “El Gobierno no tiene desarrolladores de apps”, advierten estas fuentes. Reino Unido ya ha anunciado un piloto con una aplicación similar, aunque Apple y Google no tendrán a punto su primer sistema hasta mediados de mayo. La app británica será voluntaria, funcionará también a través de bluetooth y el Gobierno alertará a quien esté en riesgo de que debe ponerse en cuarentena. Este sistema centralizado no es la única solución. También puede dejarse en manos de los ciudadanos decidir qué hacer cuando el móvil les avise de que ha estado en contacto con un infectado. El debate de fondo es cuánta privacidad estamos dispuestos a ceder para ayudar a resolver la crisis.
La iniciativa de Google y Apple genera más dudas. Si las dos compañías que controlan la mayoría de móviles del mundo introducen el rastreo por bluetooth, este se usará ahora para combatir la pandemia, pero es posible que más adelante se utilice para fines menos constructivos. Las compañías insisten en que lo desmantelarán una vez pase la pandemia.
Falta de concentración de recursos
En España hay al menos siete apps activas sobre el coronavirus. Su función central es el aliviar el número de llamadas a emergencias. La primera que llegó fue StopCovid19, de la Generalitat catalana, el 18 de marzo. Lleva más de medio millón de descargas en Android, pide la localización permanente a sus usuarios y publica un mapa de dónde la gente se hace más tests para ver posibles focos.
El 23 de marzo llegó Coronamadrid, que fue una iniciativa del gobierno autonómico y se convirtió en el piloto de la app nacional, Asistencia Covid 19. La app nacional está desplegada desde el 5 de abril en cinco comunidades: Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Extremadura y Asturias. Las otras tres comunidades que tienen app propia son País Vasco, Navarra y Comunidad Valenciana. De todas estas, solo la madrileña tiene más de 50.000 descargas. Algunas llegaron cuando el estado de alarma llevaba semanas en marcha, el riesgo era menor y la presión por descargarlas había bajado.
Alguna de estas apps tiene pretensiones de convertirse en algo más. La vasca aspira a que los más de 10.000 ciudadanos que se la han descargado expliquen quién está en sus círculos de amigos –incluido el txoco, la cuadrilla y el pintxo pote. Así si alguien resulta infectado, el Gobierno puede avisar a su círculo. Pero es improbable que sea muy eficaz con ese número de descargas y sin ser obligatoria esa comunicación.
Todas estas apps replicadas dan una idea de la falta de concentración de recursos: en España hay seis aplicaciones que hacen lo mismo. La Generalitat catalana tiene además una segunda app, ConfinApp, con entre 1.000 y 5.000 descargas, que de momento es eminentemente informativa.
Este es el panorama de apps existentes. Solo la catalana ha tenido un éxito razonable, aunque sus descargas ronden solo el 10% de los ciudadanos de la comunidad. También es la única que rastrea al ciudadano que da permiso. Ninguna más usa el GPS del móvil de manera obligatoria. Las voces alarmistas que auguraban un rastreo incesante de los españoles no se han cumplido.
Sabemos que estamos vigilados, a través de nuestros móviles, ordenadores y cámaras. Pero no hacemos nada malo y por eso nos sentimos a salvo. Marta Peirano avisa en esta charla que es urgente preocuparse y proteger nuestro anonimato en la red. Video realizado por Daniel Goldmann y editado por Xavi Fortino. _________________________________________________________________________
Sacamos el móvil del bolsillo unas 150 veces al día, aunque creemos que lo usamos en la mitad de ocasiones. Lo cierto es que nuestro smartphone genera un volumen brutal de datos que nos localizan, nos vigilan y nos transforman. Puro petróleo para las grandes empresas tecnológicas.
O MÁS importante son los metadatos. No el mensaje que mandas, sino a quién se lo mandas, desde dónde y con quién. Sobre todo, desde dónde. Aquel que sabe dónde estás en todo momento te conoce mejor que tú mismo. Aquel que sabe dónde has estado durante los últimos tres meses puede predecir dónde estarás de ahora en adelante con una precisión del 93%. Y tú se lo dices a mucha gente. Tu móvil tiene una cámara por delante, otra por detrás, un micrófono, una media de 14 sensores y al menos 3 sistemas independientes de geoposicionamiento. Tu tarjeta SIM manda señales a las antenas más cercanas para recibir cobertura. Tu receptor de GPS se comunica con satélites para calcular su propia posición. Tu wifi busca constantemente redes a las que conectarse, gritando el nombre de todas a las que se ha conectado antes. Tu bluetooth busca objetos con los que hacer una red. Y tus aplicaciones registran cada uno de tus movimientos, incluso cuando has apagado esa función.
No necesitas sacar el móvil, pero lo haces unas 150 veces al día. Si te parecen muchas es porque la mayoría de las personas que tienen un smartphone piensan que lo utilizan menos de la mitad de tiempo que lo usan en realidad. Probablemente lo desbloqueas para ver si te ha llegado un mensaje por Messenger o WhatsApp, si ha pasado algo en Twitter, si a alguien le ha gustado tu foto de Instagram o en Facebook, o si has recibido un correo importante. Una vez dentro, es difícil soltarse. Las aplicaciones más populares del mundo están diseñadas para que, cada vez que las usas, recibas una microdosis de dopamina, en un circuito llamado cámara de condicionamiento operante o, más popularmente, caja de Skinner, por el psicólogo que la creó. Por eso desbloqueas el móvil tantas veces sin darte cuenta. Las mejores mentes de tu generación trabajan para las grandes empresas tecnológicas, buscando maneras de que estés el máximo tiempo posible tocando el móvil de manera inconsciente. Cuanto más tiempo pasas, más datos generas. Y esas empresas viven de convertir tus datos en alimento para sus algoritmos predictivos de inteligencia artificial.
Los algoritmos necesitan una gran cantidad de datos para mejorar sus predicciones. Google los saca del correo, los mapas, el buscador, YouTube y el sistema operativo Android, entre otros. Amazon, de la tienda, el Kindle, los altavoces inteligentes y AWS. Facebook, de la red social, Instagram, WhatsApp y Oculus. Netflix, de las series. Uber, de los coches. Spotify, de las listas. Airbnb, de las vacaciones. Tinder, del sexo. Match, del amor.
Las aplicaciones más populares están diseñadas para provocar dopamina; es decir, adicción
Pero también necesitan una dieta variada, por eso trabajan con los data brokers, empresas que rastrean el resto de los datos que hay desperdigados y los ponen en un solo lugar. Manejan otras fuentes: tarjetas de puntos, seguros, marketing directo, hackers, inmobiliarias, bibliotecas, operadoras, laboratorios de análisis, bancos, farmacias, Administraciones. Las plataformas digitales saben lo que haces cuando estás conectado. Los data brokers eran los únicos que sabían lo que haces cuando no lo estás. Ahora hay cámaras conectadas a sistemas de identificación facial que te siguen sin que lo sepas, lectores automáticos de matrícula, satélites capaces de leer tu marca de reloj. Los algoritmos predictivos digieren los datos para saber anticiparse a tus deseos, pero no siempre para satisfacerlos. También para cambiarlos.
Cuando tus datos vuelven a ti, han transformado el mundo. Han elegido los anuncios que ves y el precio que pagas por los billetes de avión, por alquilar un coche, por el seguro dental. Han cambiado tus posibilidades de conseguir un crédito, de acceder a un puesto de trabajo, de recibir un pulmón. También eligen las noticias que aparecen en tu timeline, los Pokémon que aparecen en tu mapa, los cinco mejores restaurantes, la mejor manera de llegar de A a B. Porque te has convertido en el microobjetivo de cientos de campañas. No todas son comerciales.
La campaña pro-Brexit convenció a millones de británicos de que los turcos estaban a punto de invadir Europa. La campaña pro-Trump convenció a millones de americanos de que había bandas de centroamericanos “infestando” EE UU. La agencia de desinformación rusa convenció a medio millón de activistas afroamericanos de que no votaran, porque votar a Clinton era peor que votar a Trump. Cuando vuelven a ti, tus datos ya no son datos, son una visión del mundo. Y no sabes quién la financia, ni con qué fin.