martes, 10 de mayo de 2022

El resentimiento: la cárcel que nos impide avanzar.// Diferencias entre el rencor y el resentimiento.

 

El resentimiento: la cárcel que nos impide avanzar


Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 30 noviembre, 2018

El resentimiento alza una empalizada mental donde pensar que los demás son culpables de todo malestar e infelicidad. Son perfiles caracterizados por una baja autoestima y escasos recursos de gestión emocional
El resentimiento: la cárcel que nos impide avanzar

Hay personas en las que habita el resentimiento crónico. En sus mentes pilota el rencor de forma obsesiva y corrosiva, además de esa defensa a ultranza del ego donde no se deja espacio alguno para la comprensión, la empatía y el respeto. Pocas emociones erigen barrotes más rígidos como esa donde culpar a los demás de todo lo que les ha ocurrido… y pronostican qué les ocurrirá.

Muchos de nosotros podríamos identificar al instante esos perfiles que pasan gran parte de su tiempo recordando todas las lágrimas de fortuna con las que se han encontrado, sin ver la influencia de su propia forma de actuar. Ese tipo de comportamientos y estilo de atribución es algo sobradamente común. Sin embargo, en ocasiones también nosotros deberíamos llevar a cabo un pequeño ejercicio de autorreflexión.

El resentimiento es por encima de todo, la firma reticencia a ejercitar el perdón. Es permitir que una decepción o un agravio se instale de forma permanente en nosotros para actuar como el peor de los venenos. Queda claro, que tenemos pleno derecho a sentirnos enfadados e indignados: la ira tiene una parte que nos ayuda. Por ejemplo, puede darnos la energía suficiente como para defendernos en un determinado momento. Es el abuso o la mala canalización de esta emoción lo que nos hace daño.

No obstante, es un principio de salud mental el saber gestionar y manejar ese tipo de situaciones. Porque alimentar el pensamiento de que el mundo se ha confabulado en nuestra contra resta inercia a la felicidad. Porque el resentimiento corroe autoestimas, y nos aferra en ese papel de víctima perpetua que no logra ni pone de su parte para favorecer su sanación y su liberación.

“El resentimiento, la crítica, la culpa y el miedo aparecen cuando culpamos a los demás y no asumimos la responsabilidad de nuestras propias experiencias”.

-Louis Hay-

estatua oxidada pensando en el resentimiento

La anatomía del resentimiento

La mayoría de nosotros albergamos ciertas pinceladas de resentimiento. Es ese pequeño poso de incómoda amargura hacia quien nos hizo daño en algún momento. Puede que fuera una pareja afectiva, un familiar o un amigo que disparó sobre nosotros la flecha de la traición… Sea como sea, este tipo de emoción es tan común como comprensible a la vez.

No obstante, cabe señalar que el resentimiento configura una dimensión que no ha sido muy tratada por psicólogos y psiquiatras. Desde un punto de vista sociológico, sin embargo, alberga un notable interés. Desde esta perspectiva se asume, por ejemplo, que muchos dictadores de nuestra historia albergaron en su mente esta entidad emocional de forma crónica y obsesiva.

El resentimiento provoca que se lleguen a racionalizar (e incluso a justificar) ciertos aspectos que en apariencia no tienen sentido. Por ejemplo, si en el pasado una persona de un colectivo puntual me hizo algo, puedo llegar a desarrollar hacia todos ellos un sentimiento de desconfianza y odio. Como vemos, son situaciones tan adversas como peligrosas que conviene tener en cuenta.

Del resentimiento al odio hay un paso

Rebecca Sherman, doctora en psicología de la Universidad de Flinders de Australia del Sur realizó un estudio sobre el resentimiento que le reveló algo muy interesante. A través de un experimento con alumnos de la facultad pudo ver que a menudo, tras esta dimensión se esconde también el odio e incluso la sensación de placer cuando la otra persona sufre algún tipo de incidente o desgracia.

Por tanto, de esta dimensión queda descartada la envidia y se corrobora que lo que albergamos hacia quien nos hizo algo en algún instante de nuestro pasado, es rabia y sentimiento de odio.

El resentimiento es un agujero negro que todo lo atrapa

Sabemos por tanto que desde un punto de vista sociológico, el resentimiento puede estar detrás de muchas conductas de odio. Sin embargo, donde más abunda esta dimensión es a nivel familiar. Es más, se estima que donde más surge es entre las relaciones paterno-filiales.

Los hijos acostumbran a culpabilizar a sus padres de gran parte de su infelicidad. La mala crianza, los abandonos, el estilo de educación autoritario o determinadas conductas, origina que en ocasiones se vuelque en ellos todo el malestar presente.

De este modo, algo que tarde o temprano debemos comprender es que todos tenemos una firme obligación con nosotros mismos: dejar de ser víctimas de nuestro pasado y ser responsables de nuestro presente. 

chica pelirroja pensando en el resentimiento

En caso de permitir que el resentimiento nos engulla, se sucederán un sinfín de procesos psicológicos:

  • Distorsión del pensamiento.
  • Simplificación de la realidad.
  • Sesgo de confirmación…

Todos estos procesos se resumen en una misma cosa: justificar que cada cosa que nos sucede es responsabilidad absoluta de lo que nos hicieron en el pasado. Nadie puede ni merece vivir de este modo.

Cómo manejar el resentimiento

El resentimiento no debe ser nuestra vocación, nuestra forma de vida. Debemos desprendernos de este óxido corrosivo y de ese sentimiento de injusticia lo antes posible. Porque no hay recompensa alguna en este enfoque. Se apaga la autoestima, el potencial humano, la libertad personal y cómo no, la felicidad.

El mundo ya es lo bastante injusto como para acumular el peso de nuestros resentimientos no resueltos. Por tanto, sería de utilidad reflexionar en estas estrategias.

Claves para apagar el resentimiento

  • Trabajar nuestros valores y propósitos: es común que los perfiles “resentidos” olviden aquello por lo que vivir, aquello que puede y deber despertar sus ilusiones y metas personales. Situar la mirada en un propósito y clarificar valores es un primer paso.
  • Gestión y reconstrucción emocional. El rencor viraliza por completo nuestras emociones para alimentar la rabia, la decepción, la tristeza. Es necesario que purguemos esa negatividad despertando emociones más saludables y poderosas. Para ello, nada mejor que conectar con las personas de forma más respetuosa y compasiva, iniciar nuevos proyectos, nuevos planes…
  • La terapia psicológica. La persona resentida es a menudo alguien que arrastra un daño, un trauma. En estos casos es común que sean perfiles muy sensibles, reacios a iniciar cambios y que alcen feroces empalizadas a su alrededor. Es casi imposible que puedan salir por sí mismos de estas trampas y por tanto, es clave que reciban la ayuda de los profesionales especializados.

El resentimiento es ciego y cegador. Liberarnos y descalzarnos de este peso es un acto de responsabilidad personal en el que todos deberíamos invertir tiempos y esfuerzos. Dejar de culpar a los demás de la propia infelicidad es clave para tomar las riendas vitales y ganar en bienestarPensemos en ello.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/el-resentimiento-la-carcel-que-nos-impide-avanzar/

Diferencias entre el rencor y el resentimiento


Laura Ruiz Mitjana

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana.

Última actualización: 01 diciembre, 2020

¿Has sufrido alguna vez el efecto de estas dos emociones? Conoce sus diferencias, en qué consiste cada una y, sobre todo, qué podemos hacer para que no supongan un lastre.
Diferencias entre el rencor y el resentimiento

¿Son lo mismo el rencor que el resentimiento? Cuando escuchamos estas palabras, tendemos a pensar inmediatamente en el daño que nos han causado otras personas y en la reacción que ese daño nos ha producido. Sin embargo, aunque puedan parecer conceptos similares, no son exactamente lo mismo: en este artículo conoceremos las diferencias entre el rencor y el resentimiento.

Para adentrarnos un poco más en el tema, adelantar que sentimos resentimiento cuando alguien hace algo que no nos gusta, nos daña o nos ofende. Sin embargo, el rencor va más allá del resentimiento; suele esconder un deseo de venganza, y es un sentimiento más intenso y destructivo. ¿En qué más se diferencian? ¿Cómo podemos liberarnos de estos sentimientos? Lo desvelamos todo, ¡aquí!

Mujer con resentimiento

¿Qué son el rencor y el resentimiento?

Antes de adentrarnos en las diferencias entre el rencor y el resentimiento, vamos a conocer, a grandes rasgos, qué significa cada concepto. La RAE (Real Academia Española) define el rencor como un ‘resentimiento arraigado y tenaz’. En cambio, el resentimiento sería ‘la acción y efecto de resentirse’ y resentir significa ‘tener un sentimiento, un pesar o un enojo por algo’.

El rencor hace referencia a un sentimiento de hostilidad o de gran resentimiento hacia alguien, a causa de una ofensa o de un daño recibido. En el caso del resentimiento, hablamos de un sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o daño sufridos. Es decir, las causas de ambos sentimientos podrían ser las mismas, aunque los conceptos difieren ligeramente entre sí.

Diferencias entre el rencor y el resentimiento

Como vemos, se trata de conceptos un poco diferentes. Sin más dilación, vamos a conocer las diferencias entre el rencor y el resentimiento:

  • Grado de intensidad: el rencor es un sentimiento mucho más intenso que el resentimiento.
  • Duración: el rencor es un estado más duradero que el resentimiento, siendo éste último algo más puntual en el tiempo.
  • Profundidad: otra de las diferencias entre el rencor y el resentimiento es su grado de profundidad; el rencor es algo mucho más profundo que el resentimiento.
  • Causas: aunque las causas pueden ser similares, normalmente el rencor se desata por situaciones más graves que las que originan el resentimiento.
  • Consecuencias: el rencor prolongado puede tener consecuencias mucho más nocivas para nuestra salud física y mental que el resentimiento, además de producir mayor interferencia en nuestra vida.

Pongamos algunos ejemplos

Para ilustrar mejor las diferencias entre el rencor y el resentimiento, pensemos en algunos ejemplos. Imaginemos que una persona ha matado a alguien muy querido para nosotros (una situación muy grave), aparece el rencor hacia esa persona. Este sentimiento es intenso y profundo y si no se aborda o se gestiona, suele ser muy duradero en el tiempo.

En el caso del resentimiento, imaginemos que un amigo nuestro no nos invita a su fiesta de cumpleaños o a su boda. A raíz de esta situación, podríamos desarrollar resentimiento hacia esa persona. Es decir, estaríamos resentidos con “X” persona. Como vemos, la situación no es tan grave como en el caso anterior, aunque igualmente nos pueda resultar molesta o dañina. En este caso, además, el resentimiento suele ser menos intenso que el rencor y menos duradero en el tiempo.

Es difícil estar toda la vida enfadados con alguien porque no nos invitó a una fiesta, ¿verdad? En cambio, podemos odiar toda la vida a una persona que mató a un ser querido nuestro, y de eso trata el rencor.

¿Cómo superar estos sentimientos?

Aunque cada caso deberá ser analizado y abordado de forma personalizada, y teniendo en cuenta que no es lo mismo sentir resentimiento que rencor, os dejamos algunas pautas generales para abordar estos sentimientos tan negativos. Aunque no existan emociones “positivas o negativas”, porque todas ellas tienen su función, alejarnos de este tipo de sentimientos puede reportarnos una buena dosis de bienestar y liberación.

Lo primero que debemos tener claro es que identificar las emociones nos permite empezar a trabajar para comprenderlas. ¿Cómo me siento? ¿Y por qué? Es decir, detectar el rencor y el resentimiento (cómo se manifiesta en nuestro cuerpo, en nuestra mente, en nuestra manera de relacionarnos…) y analizar su causa, puede ayudarnos a liberarnos de ellos en un futuro.

Una vez detectado el sentimiento y su causa, podemos intentar encontrar una vía para expresar aquello que sentimos. Lo podemos hablar con la persona que nos causó el daño, introducirlo en nuestro diálogo interior de una manera reparadora o escribirlo en un carta, por ejemplo.

Mujer triste pensando que pensando que me siento utilizado por mi pareja

Trabajar en el perdón

Cualquiera de las estrategias mencionadas puede acercarnos al perdón, o lo que es lo mismo, a la liberación del rencor o el resentimiento. Perdonar muchas veces es el final de un trabajo en el que el paso final es la aceptación. Con el perdón nos liberamos de los sentimientos negativos asociados a aquello que nos causó tanto sufrimiento; es, en cierta manera, una forma de hacer las paces con el pasado, con el otro y con nosotros mismos.

Sin embargo, perdonar (ya sea a uno mismo o a otro) es un acto tan liberador como difícil de llevar a cabo. Por ello, muchas veces una buena opción será acudir a terapia psicológica, para poder gestionar todas estas emociones y conflictos pasados.

“El perdón es un regalo silencioso que dejamos en el umbral de la puerta de aquellos que nos han hecho daño”.

-Robert Enright-

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/diferencias-entre-el-rencor-y-el-resentimiento/

 

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